sábado, 20 de octubre de 2018

LAS BLASFEMIAS DE LA INSTITUTRIZ

(Anne Magill)

Echándoles un vistazo, el otro día, a una serie de libros que hay por casa de mi madre, di con uno de ellos, probablemente elección de mi padre, aunque pudiere ser que no, cuyo inicio me resultó curioso, explosivo, por no decir decididamente varonil.

“Eran los tiempos en los que a los cazadotes que nunca llegaban a abatir pieza alguna, a los buscavidas que jamás encontraban nada de lo que vivir y a los jugadores de ventaja que no ganaban nunca a nadie; a los picaros, a los malandrines, a los trapaceros y a los truhanes; a los desheredados de la fortuna, en suma, que abrigaban la vana idea de pegarse la gran vida -siendo, como eran, rematadamente pobres-, les dio por emprender las rutas salvajes del Nuevo Mundo en busca de oro. Eran, aquellos, los tiempos enervantes de la fiebre del oro, y era uno de esos desgraciados, a los que me he referido, el llamado Louis de Clouard. Espadachín, fanfarrón y tahur, pero no del todo malo. Louis de Clouard: un rufián, sin cura ni enmienda, al que por aquel entonces todavía le quedaban unos pocos pellizcos de ternura en el fondo de su corazón”.

Se trata de una novela de aventuras, con tintes eróticos, escrita en mil novecientos cincuenta y dos -después de la Segunda Guerra Mundial, por tanto- cuyo sugestivo título “Las blasfemias de la institutriz”, señala bien a las claras, los derroteros por los que va a discurrir el texto anunciado.  

Aunque, en vista de lo expuesto, habría de presuponerse francés al autor del relato, este fue escrito por Teodoro Ughelli, un profesor italiano, docente de la universidad de Padúa, quién, tras esta intentona frustrada, abandonó, al parecer para siempre, la idea de embarcarse en nuevos proyectos literarios relacionados con la ficción libresca. Cariacontecido y contrito, queremos suponerlo, escribió solo ya ensayos semióticos, a la manera de Umberto Eco, a partir de aquel día.

¿Intentona frustrada? Hasta cierto punto. Porque lo cierto es que aunque la publicación en Italia de “Las blasfemias de la institutriz” debió pasar, según he deducido de lo entrevisto por la red, bastante desapercibida, es también verdad que el libro sí que llegó a editarse en España y que a mí, y supongo que igual habrá tenido que pasarles a bastantes personas más que lo hayan leído, me ha parecido magnífico. O por lo menos, tampoco conviene exagerar, me lo he pasado de maravilla leyéndolo, que evidentemente es de lo que se trata.

En cualquier caso, de pretender comprobarlo por sí mismos, deberán ustedes ocuparse de localizar el volumen en alguna librería de lance, ya que su reedición se me antoja, a día de hoy, harto improbable. Sé bien lo que me digo. O, si no, atiendan a lo que reza el subtítulo de la novela: “Un Tratado Completo Para El Sometimiento Por La Fuerza Y Por La Lógica De Atolondradas Jovencitas Libertinas”.



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