martes, 1 de mayo de 2018

RESURRECCION

(Grant Wood)

Jacinto Melcón, del que algunos que lo conocen bien opinan que está medio loco, se jacta de ser capaz, si tiene suerte y concurren determinadas circunstancias muy concretas, de devolverles la vida a los muertos.

Ninguno de los allí reunidos había presenciado, hasta entonces, una resurrección. Ese es el motivo por el que cuando el cadáver alza su tronco del féretro y se pone a observarlos con atención, diríamos que obsesivamente, como acostumbran a hacer los seres humanos cuando resucitan, a casi todos ellos les resulte muy difícil reaccionar de manera airosa.

Se escuchan algunos gritos y hay dos personas entre los presentes -una mujer y un hombre- que incluso se caen al suelo, y hacen ruido, por culpa de haber perdido la consciencia.

El les pide por señas, moviendo hacia abajo las palmas de las manos, que se tranquilicen. Lo siguiente que les pide es una copa de vino, porque -les dice- quiere hablarles de una serie de cosas, cosas importantes y... -añade- ... necesita sentirse relajado para poder hacerlo sin incurrir en errores ni malos rollos.

Al muerto le traen una botella de vino y él se sirve un vaso. Se lo bebe de un trago.

"Ahora seguro que va y pide un cigarrillo" le dice a uno, en susurros, la propia mujer del difunto.

-"No creo. Acuérdate de qué ha muerto...".

-"Por eso, por eso. Siempre ha alardeado de hacer su santa voluntad".

En lugar de decidirse a hablar, el muerto va y se sirve otra copa. También esta se la bebe, igual que la primera, en un santiamén.

(Grant Wood)

-"Hay que ver lo que, a Paco, le ha gustado siempre empinar el codo". Quien esta vez le habla a la viuda es su hermana Irene.

El hijo pequeño de Irene le comenta a su madre:

-"¿Qué hay, hoy, de comer? ¿Por qué no vamos a la pizzería?".

Con la tercera copa, un whisky a palo seco, al muerto empiezan a quitársele las ganas de soltarles a sus parientes el "rollo" que les iba a largar para acojonarlos. Eso sí, no le sale de las pelotas bajarse del ataúd. Hasta el whisky está tomándoselo dentro de la caja.

Sin previo aviso, se acerca a abrazarlo Manolo Martinez, uno de sus mejores amigos. Paco no responde al abrazo con excesiva efusividad y el otro se queda un poco chafado.

Martinez, el pobre, se retira de la caja balbuciendo disculpas y con una indudable sensación de malestar, incluso físico, ya que su gesto le ha permitido comprobar que su compadre está más frío que un cubito de hielo.

El resucitado los ve allí a todos de pie, alrededor suyo, sin saber ni hacer ni que decir y siente un poco de pena, ya no le parecen tan idiotas como hace un rato, recién despierto.

Conmovido, eleva su whisky en alto y proclama con una sentimentalidad quizás innecesaria:

-"¡Sois la polla!".

Pero la voz que brota de la garganta de Paco, para decepción de los allí reunidos, es una voz débil, de ultratumba, que asusta un poco, que duda cabe, y entre sus familiares más cercanos los hay que empiezan ya a cuestionarse si de verdad ha merecido la pena avisar al primo Jacintín a que compareciese al velatorio.  


5 comentarios:

  1. Buena historia, muy profunda en su simplicidad. Siempre me pareció absurdo eso de “no somos nada” que se dice en los funerales refiriéndose a la caducidad humana. Justamente por lo que insinúa tu relato: porque los hay que tampoco son “nada” estando vivos. Sean o no sean “alguien” socialmente.

    Quizá ese whisky que se toma el personaje simboliza lo más humano de todo: el autoengaño para seguir tirando, con el que algunos se “emborrachan” llenando su vació, beban alcohol o no.

    Más que “muertos en vida”, están vivos (por los pelos) en el estrecho espacio de una caja.

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  2. Muy bueno, Julian. Lo de "no somos nadie" me recuerda a algo que contaba el gran Grillo: en un velatorio un señor le dice a otro la frase, y el otro le responde: "no, y usted menos".
    El relato me ha hecho pensar en el clásico del folk "Finnegan's Wake".

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  4. PS
    https://www.youtube.com/watch?v=qstUxos2cBs
    (En realidad es una canción tópica de borrachos irlandeses, prefiero la de Orange Juice.)

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  5. Con el relato he tratado de rendir un modesto homenaje a las disparatadas historias de Carlos Berlanga. Inequívocamente españolas y a la vez internacionales. Casticismo sin caspa. Así como la Baroja más disparatado, el de Silvestre Paradox. Y sí, Bonifacio, que sería de la vida sin nuestros "güisquis particulares". Antonio, gracias por tus palabras. ¿Verdad que a "What presence" podría definírsela como una canción "quedona"? (como por aquella época solía decirse).

    ¡Un abrazo para los dos!

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