domingo, 1 de abril de 2018

TOM Y JERRY


"Al final, no superé los dos envites. Después del segundo me quedé dormido como un bendito. Me desperté pasadas las seis y comprobé que Valeria no se hallaba en la cama. Oí los ruidos de la tele provenientes del salón. Me pareció que correspondían a alguna serie de dibujos animados. No me la imaginaba a ella viendo los dibujos, aquello era más bien cosa de niños, o de hombres; no un asunto de mujeres. Di dos o tres vueltas entre las sábanas intentando desperezarme y la llamé. Entró en el cuarto con el albornoz puesto -acababa de ducharse- pero enseguida se lo desató y se deslizó de nuevo, en el lecho, completamente desnuda. La acaricié la piel del cuello, la tenía húmeda y fría, muy suave. Ella me lamió las orejas y me susurró mi nombre al oído. Empezamos a mordisquearnos con dulzura -pausadamente- los labios, y el pecho, y terminamos haciendo el amor otra vez. Desde el salón, llegaban a la alcoba los haces de luz coloreada correspondientes a los cambios de secuencia, los ruidos de los mamporros que se propinaban, entre ellos, los personajes de la serie. Supuse que podrían ser Tom y Jerry porque Tom y Jerry nunca se cansaban de atizarse. Los dos se peleaban a base de bien y, pese a todo, permanecían unidos. Tal vez nosotros, ella y yo, nos pareciéramos un poco a ellos. Ojalá".



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