martes, 6 de marzo de 2018

UN HOMBRE CABAL

(Mark Edwards)

Un hombre de pocas palabras. Cuando a su alrededor se desbocaba la locuacidad, acostumbraba a guardar silencio y a sonreirle a quien en cada momento se encontrara haciendo uso del verbo. Intentaba no perder jamás la compostura aunque le importase bien poco lo que estuviera tratándose por los demás. Realmente no los prestaba demasiada atención. Creía que con decir que sí con la cabeza, moviéndola así... lentamente hacia abajo... de vez en cuando, era ya suficiente. Por grandes que fuesen las banalidades que escuchara decir, se abstenía de intentar rebatirlas. Le daba lo mismo en esa época de su vida, eso que se ha dado en llamar el resplandor de la verdad. Lo mismo.

¿Qué verdad? Algunas personas, muy pocas, sustentaban su propia verdad. A una gran mayoría, sin embargo, le bastaba con avenirse a aceptar unas verdades ajenas legitimadas a su juicio -aunque ellos, esto, no lo percibieran de esta manera tan nítida- por el eco que su difusión habría alcanzado. ¿Lo que él pensaba, era verdad?.

Evidentemente que lo era. Para su corazón, lo era. Y si algo tenía claro Ricardo en aquellos extraños momentos en los que su vida... luego de haber permanecido largo tiempo paseando junto al borde del precipicio, se hallaba, al fin, presta a despeñarse barranco abajo, era que su corazón no quería compartirlo con nadie. Si acaso... con el gallardo silencio del vacío.


2 comentarios:

  1. En tus textos, de vez en cuando (con mayor frecuencia que en otros), me topo con emparejamientos de adjetivos y sustantivos que me sorprenden y, consiguientemente, me obligan a pensar un ratito. Por ejemplo, en este caso, el "gallardo silencio".

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  2. Le mot juste. Escribir como sucedáneo de componer música. No olvides, amigo, que tan solo soy un músico frustrado. ;-)

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