miércoles, 14 de marzo de 2018

PROUST Y EL DESCUBRIMIENTO DE LA POLVORA


“Los viejos pantalones que luciste en tiempos vuelven a estar de moda. ¡Fíjate en esos!; son... muy, muy, parecidos; pero... para quién hoy los lleva... ¡tan distintos!”.

Se puede hablar de la moda como hice yo en su día, desde los bordes del grisáceo barranco de los cuarenta, en esa manera fatalista y un tanto desencantada; casi, casi, hasta elegíaca. O se puede optar, como prefirió hacer monsieur Proust, a quien el paso del tiempo le preocupaba casi tanto como a mí por aquel entonces, y como les preocupa a casi todos cuando presienten que la juventud se halla pronta a esfumarse para siempre, por encarar la cuestión en una manera bastante menos afrentosa. Y, con este temple, cuando uno de los personajes de sus libros se interesó por la procedencia de los originales sombreros que otro de ellos acostumbraba a gastar, este segundo le respondió: "no voy a buscarlos a ninguna parte. Lo que hago es no tirar ninguno". Sabia ocurrencia.

Ustedes lo saben, como también Proust lo sabía: las modas, pasadas de moda, con el tiempo, seguramente, van a terminar por volverse a poner de moda. Lo que igual se podría enunciar aseverando que nada hay que sea realmente nuevo bajo el sol salvo los ojos y el criterio de aquellos a quienes en cada momento les corresponde admirar la pretendida primicia.

para cerrar esta recurrente parábola, deseo añadir de mi cosecha -y así lo consigno por lo que de desabrido pudiera contener el comentario- que si bien cada enésimo descubrimiento de la pólvora es un síntoma sano de sana juventud, prolongar la admiración y la sorpresa a causa del vulgar suceso a partir... pongamos por ejemplo, de los veinticinco... no va sino a representar un lastimoso síntoma de inane inmadurez. Nuestros abuelos, nuestras abuelas -aunque me resulte un poco violento proclamarlo en público- también follaban. ¿Cómo si no piensas que estás tú aquí para alucinar en colores con la primera gilipollez que se le ocurra al listillo de turno?


1 comentario:

  1. Muy bueno lo de los sombreros. Hace tiempo se volvieron a poner de moda los patinetes infantiles, todo un símbolo decadente asociado a niños de provincias con traje de marinerito y piruleta. Así que los modernos niños del siglo XX los veían con desprecio desde la atalaya de sus bicicletas de montaña... Hasta que los patinetes regresaron (y siguen) casi idénticos a antaño. Con la única actualización de cambiar como material de fabricación la pesada madera por el aluminio, más ligero y ergonómico.

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