jueves, 15 de marzo de 2018

EL ALBERCHE

(Paul Delvaux)

La gravilla crujía bajo los pies de los camareros. Pese al calor, aquellos tipos conservaban el buen humor y se chistaban entre ellos, cuando se cruzaban entre las mesas con las bandejas llenas, para cederse el paso. 

Se notaba que no estaban en Madrid.

Las risotadas de la gente, los gritos de los críos, no les dejaban oír sonar el Alberche pese a correr solo a unos pocos metros de donde permanecían sentados. Mientras bebía de un vaso de vino malo, y frío, se acordó de "El Jarama", de la novela de Ferlosio, y sintió una especie de vértigo erótico por dentro, que, en aquellas circunstancias, no se puede decir que viniera demasiado a cuento.

Una polillas gordas revoloteaban junto a las bombillas del tendido de cables que corría entre lo alto de los pinos y los mosquitos... -estaba seguro- ...habrían de hallarse ocultos en la oscuridad acechando las piernas desnudas de las mujeres jóvenes.

Habían pedido torreznos, chorizo frito y toda una serie de cosas que sabía que le iban a hacer pasar las de Caín cuando se acostase esa noche. A lo lejos empezó a sonar una orquesta de pueblo. Se trataba de música grabada proveniente de otro merendero abierto en la ribera opuesta del río.

Pidió disculpas a sus acompañantes, se levantó y se acercó hasta la corriente. Merodeo junto al cauce hasta que quedó todo a oscuras. Casi a oscuras. Continuó caminando, trastabillándose por culpa del vino y la sangría, hasta llegar a un sitio donde no se escuchaba ya casi nada. Tan solo una especie de gorjeo.

Se dobló en dos y vomitó. Tenía los párpados húmedos cuando terminó de hacerlo. Miró hacia arriba, hacia las estrellas, buscando la silueta del ave. No la encontró. Sin demorarse apenas, echó a andar y, en lugar de ir secándosele, los ojos se le inundaron de lágrimas.

Hacía la tira de años que no lloraba. ¿Cuántos...? ¿diez, quince...?. No tenía ni idea.

Presa de la congoja, fue perfectamente consciente de que ni su padre ni su madre iban a poder encontrarse, esta vez, a su lado para reconfortarlo. Esta vez se tendría que conformar, para consolarse, con oír sonar el agua del río. Escuchar sus murmullos.


2 comentarios:

  1. En el alberche por los años 60/70 se podía coger agua del río para cocinar. En su ribera follé por primera vez en la zona llamada «playa de Madrid». Lo he llegado a conocer cuatro veces desbordado... ¡Qué tiempos!

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  2. Pero del polvo, bien que te acuerdas.Yo he ido bastante a Piedralaves y recuerdo la zona con mucha animación nocturna. �� jbluff

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