sábado, 24 de febrero de 2018

LA VIDA ETERNA

(Valerius de Saedeleer)

Hoy, un niño ha aprendido a tirarse de cabeza a la piscina. Está feliz. Se pega cada planchazo ¡qué no veas! Pero está feliz. Yo también me siento feliz de verlo a él disfrutar.

El niño lleva ahora marcado, en la piel y la carne de su pecho, de su estómago, el triunfo del mundo. La marca de todas las victorias del mundo. Fraguadas, a medias, de valor y miedo.

Luego, más adelante, con trece, catorce años, querrá saber de la vida eterna.

Pensando todo esto que le está sucediendo al niño, soy incapaz de no sentirme de repente, un poco triste. Y no debería ser así, pero…

La canción que escucho tampoco contribuye a levantarme el ánimo. Habla de una tierra que no terminará nunca, una tierra de nunca jamás, una isla tropical -como las que imaginaron Joseph Conrad o Bioy Casares cuando los acorralaba la rutina- y su melodía, aunque hay veces que es alegre, la mayor parte del tiempo no lo es.

Al final es eso. Se reduce todo a eso. A saber entenderse con el paso del tiempo.

Entonces… braceando, como el crío, entre la emoción y la conmoción, me lanzó de cabeza a la piscina y me cuelo, como él acaba de hacer, en el agua, azul y fría, que esta contiene. Tranquilo y satisfecho de poder formar parte de la vida eterna. 


6 comentarios:

  1. La eternidad es la inexistencia del tiempo, no su prolongación. Por eso la infancia es eterna, porque no existe el tiempo, la maldición de los dioses cuando crecemos, por eso nos morimos de tiempo, de su paso.

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  2. Formas (formamos) parte de la vida eterna. La putada (o no) es que no es de ninguno de nosotros, aunque nos contenga a todos.

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  3. Solo en la forma, pero estoy de acuerdo con la primera frase de Miroslav. En todos nosotros hay una parte eterna, siempre dejando claro que, como bien te aclara Lansky, "eterno" no significa "que dura una cantidad inagotable de tiempo" (el tiempo no es inagotable y con seguridad se agotará,segundo principio de la termodinámica) sino "que se halla fuera del tiempo y no sujeto a él". Todos formamos parte de esa vida eterna, porque lo más importante de nosotros está fuera del tiempo y no sujeto a él. El paso del tiempo y de las cosas que en él suceden afecta y enriquece -o deteriora- a esa nuestra parte eterna, desde luego: no podría ser de otro modo, puesto que nosotros mismos estamos sujetos al tiempo y afectados por el, y esa parte eterna que no lo está no sería verdaderamente nuestra si no compartiera de algún modo los efectos de nuestra temporalidad. Experiencias felices, "fundantes", como la de tu chaval que ha conquistado el salto de cabeza, se incorporan de algún modo a nuestra parte eterna y son, por eso también eternas; lo creo firmemente. Los hombres, la vida humana -al contrario que Miroslav yo creo que cada vida de cada uno de nosotros- es una maravillosa fábrica de eternidad.

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    1. Eso es mismo, que tu razonas, es justo lo que yo mantengo. El párrafo final de la historia concluye:

      "Tranquilo y satisfecho de formar parte de la vida eterna".

      ;-)

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    2. Sí, ya intuía que el post iba por ahí.

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