jueves, 8 de febrero de 2018

LA REVOLUCION SEXUAL

(Alma Tadema)

Primero vi aparecer la noticia en Internet, en un medio digital. Era justo una de esas informaciones que surgen asiduamente en la red y de las que no se sabe a ciencia cierta si responden a hechos reales o inventados. Luego, al cabo de solo unos pocos días, volví a encontrármela en otro periódico, bastante más conocido, y ya dentro de la sección de ciencia y tecnología. Debía de ser verdad.

Se hablaba de cierto avance científico que iba a revolucionar el campo de la sexualidad y las relaciones de pareja. "La monotonía consustancial a una relación sentimental prolongada hace que la pareja con el paso del tiempo vaya perdiendo interés por mantener relaciones íntimas". El artículo se refería a algo de lo que todo el mundo tiene cumplida noticia pero bien está que los científicos se ocupen de airearlo para que no nos sintamos unos degenerados. "Y este nuevo compuesto, recién descubierto..." -el doctor o el periódico evitaban hacer uso de la palabra droga- "... va a permitir a quienes lo utilicen, recuperar, de manera casi automática y plenamente satisfactoria, ese interés". A mí aquellas declaraciones me parecían más propias del responsable de marketing de los laboratorios que del jefe del equipo de investigadores que había sido capaz de descubrir aquella panacea. Y es que tal vez en efecto provinieran de aquél y no de alguno de estos otros, y yo, al recordarlas ahora, me esté armando un taco.

El entrevistado proseguía despachándose en estos términos: "hasta ahora se han venido empleando una serie de remedios mediante los que se ha deseado espolear la líbido en "destino", como si dijéramos, actuando fundamentalmente sobre la zona genital del varón y la mujer, está nueva terapia está, por el contrario, encaminada a actuar en "origen" estimulando el verdadero punto neurálgico del que surge el deseo: el cerebro".

(Alma Tadema)

Al final, en la interviú, aquel curioso personaje explicaba que la ingesta de las pastillas... puestas ya en circulación en el estado de Vermont y en el área de Kansai, en Japón, justamente en la prefectura de Kyoto, con unos resultados que cabría calificar de verdaderamente alentadores... te llevaba -mejor, te impelía- a ver a tu pareja durante un determinado lapso de tiempo, no precisamente breve, con el rostro de un personaje famoso comúnmente celebrado por su atractivo sexual, por su sex appeal". Preguntado al respecto por la entrevistadora, el científico precisaba que, de momento, habían salido ya las pastillas para transformar a la mujer, su rostro, en los de Mariah Carey, Jennifer López, Scarlett Johansson, Milley Cirus (los hay a los que les gustan "muy jovencitas") e, incluso, la difunta Marilyn Monroe, pero que estaba avanzándose... -"estamos en el camino correcto" sentenció- ... "para obtener en los principales países de Europa distintos preparados específicos que van a permitir la reproducción facial de, por lo menos, dos o tres de las más afamadas celebridades locales". Así es. Es bien sabido que, por mucho que proclamemos lo contrario, en el fondo nos turba más la posibilidad de hacer el amor con la vecina del cuarto "B" que con una ucraniana de uno setenta y nueve.

Entonces... te tomabas una de aquellas pastillas con un trago de agua, unos diez minutos antes de que comenzara el jaleo, y en tu percepción iba poco a poco transformándose el rostro de tu pareja hasta quedar convertido en el de una de aquellas hermosuras. Dependía de la cápsula que hubieses elegido.

Respecto de ellas, las chicas, el remedio se me antojaba más útil aun, e incluso más sofisticado, ya que además de disponer de las píldoras que reconvertían las facciones de su amante en las de George Clooney, Richard Gere, Michael Bubble, Bradley Cooper e ¡incluso Donald Trump! (para aquellas proclives a entusiasmarse con el poder), también podían ocasionalmente, si así lo deseaban, ingerir una de las destinadas a priori a los varones, que, tras una pequeña alteración en la composición en su fórmula para adecuar sus efectos a la cadena cromosómica femenina, las iba a permitir verse, a sí mismas, con los rasgos faciales de Mariah Carey, Jennifer López, Scarlett Johansson, Milley Cirus o Marilyn Monroe entre tanto permanecieran entregadas a la apremiante justa del amor.

(Continuará...)



2 comentarios:

  1. Bueno, eso de los rostros bellos en el sexo... en las distancias cortas todo es nariz, en realidad. Y si no que se lo digan a Marco Antonio, el de Cleopatra.

    Tendría gracia que la droga esa fallase, y en mitad del asunto te hiciese ver a tu pareja con el rostro de tu suegra (o de tu madre, que es peor).

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  2. Bonifacio. Es precisamente la nariz la que le otorga al rostro su peculiaridad. Y, por tanto, el rasgo más determinante a la hora de elucidar (¡menudo palabro!) si una persona es "guapa" o "fea". Hoy podrás saber como termina el cuento. ¡Un abrazo!

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