martes, 30 de enero de 2018

LA CUESTION CATALANA (La Política es la Coca del Pueblo)

(Ramón Casas)

Triste es la vida del cronista que, a la hora de emprender la redacción de su diario, en lugar de explayarse sobre los sucedidos de su vida, se tiene que conformar con prestarle su opinión a unos hechos -los otrora calificados como “de palpitante actualidad”- que no le son propios. Pero como uno… -precisamente el descorazonado cronista- … piensa, y sabe, que a la mayoría de la gente le gusta más saber de lo que conoce, que conocer de las intimidades de un tipo al que lo cierto es que no conoce ni su padre, va a dedicar esta nota a dar su opinión, por mucho que le conste la completa inutilidad de la empresa de cara a poder salir de las encrucijadas presentes en su presente, sobre la… llamémosla… “cuestión catalana”. “¡Qué original!” sé que estarán pensando. No tengo el menor empacho en responderles: “pues… ¡sí!”.

La cuestión clave: el idioma. La cuestión clave a la que, no sé si por conveniencia o desconocimiento, nadie parece querer aludir, cuando se analiza el asunto, es el idioma. Cuando los hombres no pueden comunicarse entre ellos, se convierten cuanto menos, los unos a ojos de los otros, en extraños, y si surgen las disputas, lo que sucede habitualmente, incluso en adversarios. Estamos hablando de la lengua como elemento aglutinador de voluntades y componedor de controversias. A partir de aquí, en el mismo momento en el que en un único territorio coexisten dos lenguas distintas, se van a defender sí o sí, por algunos o por muchos de sus pobladores, dos proyectos identitarios diferenciados. Y en este aspecto se hace obvio que los independentistas catalanes les han comido el terreno, de manera rotunda, a los máximos responsables de aplicar, en Cataluña, una política de estado con una vocación fehacientemente aglutinadora. Al punto de pasar a formar parte habitual del show estelado, acerca de este asunto, el hacer pedacitos las desamparadas sentencias del Tribunal Constitucional ante las cámaras de la televisión. 

(Ramón Casas)

Una segunda cuestión a tener en cuenta: el ánimo de venganza. Se habla de la existencia de cierto supremacismo por parte de los catalanes y propiamente no lo es tal, a mi juicio, ya que en la medida en la que una persona de cualquier otro lugar abrace su particular credo, esta no va a tener problema alguno en ser acogida -alborozada o resignadamente, según- por la causa independentista. Subyacen más bien, en la susodicha ideología, encorajinados ánimos de avaricia y revancha. Y, así, los catalanes de pura cepa, los de siempre, consideran que el resto de españoles, vía fiscal, se está aprovechando económicamente de ellos. Mientras que respecto de los catalanes de nuevo cuño -los nietos y los hijos de la emigración- que se muestran adeptos al independentismo, concurre además que, al acogerse a esta ideología, renegando del territorio del que sus mayores optaron por marcharse, ofician una especie de ajuste de cuentas, nunca mejor dicho, con aquellos que bien por su por su posición económica, “los señoritos”, o su cortedad mental, “los tontos”, permanecieron viviendo en él. Egoístas, los unos y los otros, creen que todo lo obtenido socialmente en Cataluña es único fruto de los solos merecimientos de sus gentes y que… por esa misma razón… el resto de comarcas españolas posee, en cada caso, justo aquello a lo que sus habitantes se han hecho acreedores. A este respecto, señalar que los catalanes independentistas, de hoy, únicamente caerán en la cuenta de que no son más listos, ni más trabajadores, ni más creativos, ni más honrados, que el resto de sus compatriotas españoles, en la medida de que todo el sustrato industrial y turístico desarrollado en esta conflictiva área geográfica -una convulsión creada de manera casi exclusiva, no lo debemos olvidar, por sus propios gobernantes- vaya trasladándose hacia otras partes del estado. En esas parece que estamos.

No se me ocurren… así, a vuela pluma… otras cosas de más peso que las ya dichas, sobre la cuestión catalana, sin desentenderme de los tópicos. Yo ya me he aburrido lo suficiente exponiéndoles las que les he contado. Ojala a ustedes no llegué a pasarles lo mismo, leyéndolas. Eso espero. En cuanto que hoy por hoy, en España, la política es la coca del pueblo.



12 comentarios:

  1. ”Se habla de la existencia de cierto supremacismo por parte de los catalanes y propiamente no lo es tal, a mi juicio, ya que en la medida en la que una persona de cualquier otro lugar abrace su particular credo, esta no va a tener problema alguno en ser acogida -alborozada o resignadamente, según- por la causa independentista.”

    Claro, claro. Y si análogamente a los judíos les hubieran permitido alistarse en las SS o al menos en el partido nazi, seguro que no habrían tenido ningún problema…

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No se lo permitían.

      Al margen de lo anterior, no defiendo en modo alguno el pruses, quede claro. La ruptura de un estado democrático por los "ricos" en detrimento de los "pobres" me parece una rotunda aberración. Es obvio.

      Un abrazo. Por cierto, acabo de ver una encina que reventaba de rojo al caer de la tarde. Ja, ja, ja... ;-)

      Eliminar
    2. A mí la ruptura de un estado democrático me parece siempre una aberración, la haga quien la haga y en detrimento de quien la haga. No me parecería mejor si la hicieran los pobres en detrimento de los ricos.

      Eliminar
    3. Despe un punto de vista empírico, tienes razón. Desde un punto de vista emotivo, no sé... Probablemente también la tengas, por que pasados los momentos iniciales de euforia, los líderes de los "pobres" pasarían a comportarse de manera muy parecida a como habrían venido haciéndolo los líderes de los "ricos". ;-)

      Eliminar
    4. Puede que los líderes de los pobres pasaran a comportarse igual que sus enemigos vencidos, no sé si es inevitable. Históricamente, desde luego, siempre ha sido así. Pero no es tampoco por eso por lo que digo que la ruptura de un estado democrático me parece siempre una aberración. Si la consecuencia de esa ruptura fuera un estado de cosas estupendo y justísimo -insisto en que nunca se ha dado el caso y en que no creo que puedadarse- seguiría pareciéndome una aberración. No me lo parece por sus consecuencias, ni por sus causas, me lo parece en sí misma. Me parece, en sí un mal medio, y creo que los malos medios no pueden nunca ser justificados por sus fines. Ni por ninguna otra cosa.

      Eliminar
    5. No te pongas tan drástico, Vanbrugh, que así pierdes parte de tu enorme poder de convicción. Tu inveterada sagacidad se espesa con el dogmatismo. ;-)

      Eliminar
    6. Dejar claro lo que uno piensa, desde las motivos por los que lo piensa hasta las consecuencias de pensarlo- es decir, lo que implica pensar eso, lo que también se piensa como consecuencia de pensar eso- no es ponerse drástico. O sí lo es, si consideramos que "drástico" es, de acuerdo con el DRAE, sinónimo entre otras cosas de "riguroso". Es sencillamente, eso, ser riguroso, pensar con rigor.

      En una cosa tienes razón, y es en que el pensamiento riguroso tiene cada vez menos poder de convicción. La gente tiende a dejarse convencer por las afirmaciones ambiguas, que parecen contentar a todo el mundo porque no acaban de dejar claro nada, permiten hacer como que se está de acuerdo en una especie de superficie mal definida, bajo la cual no se sabe muy bien lo que hay, de modo que cada cual puede meter a bulto lo que más le convenga en cada momento. Las afirmaciones drásticas, es decir, rigurosas, las que dejan claro de dónde vienen y hasta dónde llegan, qué contienen y qué implican -y qué no-, resultan, efectivamente, más incómodas y cada vez convencen menos. Suelen ser rechazadas con un amable "no te pongas drástico", que permite a quien lo usa mantenerse en el cómodo limbo en que pueden afirmarse dos cosas incompatibles a la vez.

      A mí no me parece útil pensar, ni expresarme, más que siendo drástico, evitando la ambigüedad y las formulaciones nebulosas en las que todo el mundo puede coincidir porque nada dicen. Si de ese modo convenzo menos, qué quieres que te diga, no es asunto que me preocupe. Prefiero convencer a menos de algo sólido que convenir con más en no se sabe exactamente qué.

      Y todo ello no tiene nada en absoluto que ver con el dogmatismo, ni espesa de ningún modo la "sagacidad" de quien así argumenta. Al contrario, la afila.

      Eliminar
    7. ¿Solemne sería, quizás, una palabra más adecuada? No sé. Lo que antes he pretendido decir, y a lo mejor no me he expresado con claridad, es que la "democracia por la democracia" (las urnas, los mítines, las "manis"...) hoy por hoy, ha terminado por convertirse en uno de esos magmas occidentales admirables, que tan poco parecen complacerte, y que valen lo mismo para intervenir militarmente en Siria, y que mueran un cojón de personas, que para reivindicar, en plena Europa del siglo XXI, la disgregación de cierto territorio de una nación milenaria, poniendo en riesgo el bienestar (y vamos a quedarnos ahí, para no incurrir en demagogias) de miles de personas. La democracia constituye precisamente ese "cómodo limbo",del que hablas, en el que, a sus ejecutores, individualmente considerados, se les consiente... -y esta hipocresía es uno de los pilares fundamentales del rito- ... no solo decir una cosa y su opuesta, sino, incluso, decir una cosa y hacer justo la contraria. ¡Un abrazo!

      Eliminar
  2. No te líes. Eras tú quien hablaba de "la ruptura de un estado democrático", refiriéndote al mismo proceso que ahora describes como "la disgregación de cierto territorio de una nación milenaria que pone en riesgo el bienestar de miles de personas". Si en tu primer comentario ese proceso era un ataque a la democracia y por eso te parecía mal -"no lo defiendo"- no puede ser en este segundo una de las cosas que integran ese "magma occidental admirable" en el que de repente afirmas que la democracia se ha convertido. Evidentemente, sí, hay gente para todo, y habrá quien considere que ese fenómeno, por ejemplo, es una manifestación de la democracia, como los hay que consideramos que, muy al contrario, es su negación. Pero de lo que se trata es de saber qué consideras tú que es democracia y qué no, y que sea de ese concepto, el tuyo, del que hables todo el rato con rigor. A ese género de mezclas, en la que no se sabe si la democracia te parece algo bueno cuya rupturas deploras -especialmente, al parecer, si la producen los ricos en detrimento de los pobres, pero no tanto si es al revés; y ahí ya detectamos una primera ambigüedad contradictoria- o si, por el contrario, te parece un magma sin significado específico, un cómodo limbo hipócrita, cuya ruptura, entonces, no tendrías por qué juzgar mal, es a lo que me refiero como pensamiento confuso y poco riguroso -que, por lo mismo, sirve, sí, para dar la impresión de que convences a mucha gente, porque cada uno puede entender en él lo que quiere-.

    Es decir, mi querido Julián, aclárate. Sé un poco más drástico o, si prefieres, más solemne e intenta usar la misma palabra siempre con el mismo significado, el que tú decidas darle, y no alternativamente con uno o con otro, incompatibles entre sí, según te convenga para redondear la frase. Precisamente porque el mundo es confuso y ambiguo es por lo que tenemos que hacer nosotros el esfuerzo de ser rigurosos, enérgicos, radicales, draconianos. Drásticos, vaya.

    ResponderEliminar
  3. Nobleza obliga. Tienes razón, me he hecho un lío. Primero he pretendido ser políticamente correcto y luego, incorrecto. Supongo que lo aconsejaría el contexto de la argumentación.
    Es probable que vinculara la "calidad" de los Estados a una suerte de marchamo democrático, pero, en en efecto, esto no tiene porque ser así, vease la desmembración de Yugoeslavia que resultó ser una tragedia.

    Pero... vaya... tienes toda la razón, no son los tiempos que corren para andarse con medias verdades o respuestas a la carta, que es, justo, de lo que yo me acusaria, en este asunto. Mis disculpas, por tanto. julian bluff

    ResponderEliminar
  4. Puuuuuf. Me estoy poniendo al día con tu blog pero sobre este post, la verdad, no me apetece comentar mucho (y mira que le he dedicado posts al proces). Tan sólo decirte que no comparto en absoluto ninguna de tus dos cuestiones. Pero me da mucha pereza argumentarlo.

    ResponderEliminar
  5. ¡Hombre, Miros...! Yo te digo que de en el centro de la diana con mis suposiciones, pero algo de eso, aunque solo sea por sentido común, yo creo que tiene que haber ¿no?. Aunque... ¿cabe hablarse en la "cuestión catalana de sentido común? ;-)

    ResponderEliminar