domingo, 28 de enero de 2018

CONVENCER A SOCRATES (La Convivencia Afortunada)


Siendo difícil convencer a un sabio, por todo lo que tiene escuchado y las decepciones que a veces ha sufrido por avenirse a unas razones que no le eran propias, más lo es aun hacerlo con un necio, al que la certeza de las cosas le nace por la abundancia y aparato con las que se proclaman e, incluso, por la idiosincrasia de la que alardean sus propios proclamadores. Y como todos tenemos algo de lo primero y aun bastante más de lo segundo, igual de complejo habrá de resultar ser el convencimiento de cualquiera. Por eso, con los años, he querido desistir de obtener aquiescencias -esas que, en el fondo, todos los ególatras deseamos de nuestros seres queridos- complicidades -las que pretendemos de los conocidos- e, incluso, esa mínima sensatez que a todo ser pensante debería asistir -y no asiste- y he terminado por pedir sólo respeto. Por ser, en el fondo, la convivencia afortunada una mera cuestión de educación. Ya lo ven. Como en tantas cosas, en esta de ahora mismo, también tenían razón nuestros abuelos.

Que, al fin y a la postre, los seres humanos vivimos la vida, ante todo, dentro de nuestros propios cerebros, y lo que nuestros semejantes piensen o dejen de pensar no va ser, entonces, sino algo completamente ajeno a nuestra vida. ¡Qué piensen, todos, lo que quieran, qué vayan a su aire y... te dejen ir al tuyo!

Las grandes verdades son jodidas. ¿Existe el empirismo? Hoy en día la ciencia abjura de otras "ciencias" pasadas y, rendida a la verdad del "Carbono 14", nos aclara que el primer homínido no surgió en Alcobendas ochocientos mil quinientos ocho años antes de Cristo, sino en Beluchistán, sesenta y cinco mil seiscientos treinta años después de los que predijo esa otra estimación desacertada. ¿Pero qué dirán de nuestros vaticinios, qué opinarán del "Carbono 14", los sabios dentro, únicamente, de cien años? Es sólo una pregunta.

Tal vez la raza humana para crecer necesite creer en certezas, da igual que las avalen una bata blanca que un hábito negro, y, como el hombre es polémico en esencia, el avance del progreso necesite de un mito previo al que poder desmontar.

Entonces... como creer parece ser un asunto verdaderamente complicado... mejor entablar todas las polémicas que vayan planteándosenos, en el día a día, tan solo con nosotros mismos. Se me antoja la única forma de ser los únicos responsables de nuestras decepciones y, así, poder seguirle amando al prójimo con una cierta sinceridad. Algo decididamente bueno para ambos, para el prójimo y para ti.



11 comentarios:

  1. Bueno, bueno, esta´s de lo más 'quevedesco' (o quevediano, como sediga)

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    1. Eso sí que es estar hecho un puto carroza y lo demás, tonterías ¡hasta el caletre tengo infestado de arcaismos!. Y la culpa la tiene la mesura (less drunk/less fuck)hija del calendario. Pero, vaya, nada que lo haya pasado ya antes a un montón de gente. Me alegro un güevo de escucgarte ;-)

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  2. Pa mí que estás mezclando "creer" con otras cosas. Se cree en Dios, en la buena fe de los amigos... en cosas así. Lo del Carbono 14 y cientifismos similares, las cosas que pueden ser demostradas, vaya, no son objeto de creencia. O eso creo. (¿Ves?)

    Al contrario que tú, creo que los sabios son bastante fáciles de convencer. Eso sí, no de cualquier cosa, para algo son sabios. Pero si logras presentar algo cercano a la evidencia ante alguien, y no la acepta como tal, puedes estar seguro de que no es un sabio. De hecho, se me ocurre que una buena definición por vía negativa de la sabiduría es esta: no es sabio quien es imposible de convencer.

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    1. Pueden ser demostradas con los medios de demostración de los que se dispone. En el futuro los medio de verificación serán, a salvo de que suceda alguna catástrofe mucho más sofisticados, y, sin duda, se demostrara que muchos de los postulados científicos que hoy se tienen por incuestionables, no lo son en modo alguno.

      De lo de los sabios no sabría que decirte. probablemente lleves razón. ;-) ¡Ja, ja!

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    2. Los medios de demostración de que disponemos actualmente son exactamente los mismos que los que teníamos hace mil quinientos años, y quince mil, y que los que tendremos dentro de otros mil quinientos: nuestras pequeñas células grises. Las "demostraciones" son asunto eminentemente teórico y emplean solo el raciocinio y nuestros conocimientos. Nuestra capacidad de raciocinio es bastante constante. Lo que sí varía, claro, son nuestros conocimientos, pero esta variación no tiene por efecto que las demostraciones de ayer queden invalidadas por las de hoy, ni las de hoy por las de mañana. Su efecto es, solo, que, a medida que aumentan los conocimientos, aumente también el número de los postulados demostrables y demostrados -y también, claro, y mucho más deprisa, el de los nuevos postulados por demostrar-. Pero lo demostrado una vez, demostrado queda para siempre; si así no fuera, no sería una demostración. El concepto de "demostrar" es, por su propia naturaleza, irreversible e irrevocable.

      Temo que, como mucha gente, confundas "demostrar" con "comprobar" -lo que tú llamas "verificar"-. Las comprobaciones empíricas, o verificaciones, tienen mucho prestigio y dan mucha satisfacción, pero no demuestran nada. Confirman que un caso particular, o miles de ellos, se atienen a lo que en ese momento se postula como regla, pero en ningún caso demuestran, al hacerlo, la validez de esa regla. La demostración, insisto, es asunto muy distinto, que se mueve estrictamente en el terreno del raciocinio teórico y que no depende de la mayor o menor sofisticación que los cacharritos técnicos -los "medios", que dices tú- hayan alcanzado en cada momento.

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    3. De acuerdo. Mi propósito, al respecto de lo que hablas, era sacar a la palestra la osadía que evidencian buena parte de los investigadores contemporáneos al tener "por demostrados" algunos postulados muy novedosos, que, cuanto tal, van a poder, casi con toda probabilidad, susceptibles de ser matizados, rectificados, e incluso ridiculizados, por el propio avance de la ciencia. Ellos, que son los primeros en saber de la eventualidad de muchos postulados científicos, en el terreno de la práctica se desenvuelven como si desconociesen este dato. Pero vaya, a lo mejor, esto es solo un parecer mío, a partir del tratamiento que se le da al asunto en los medios de comunicación. Podría ser.

      ¡Un abrazo!

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  3. Interesante reflexión…

    Lo de que futuros nuevos medios cambiarán el paradigma, entra en el principio de falsabilidad de Popper, y es consustancial a la ciencia: dos pasos adelante y uno atrás... y cada cierto tiempo un terremoto (en forma de hallazgo excepcional) que lo lleva todo (casi) al principio.

    Lo de entablar las polémicas con uno mismo es una postura sabia, sin duda (yo a veces lo hago, incluso por escrito). Sobre todo las que son estériles, y también aquellas en las que uno no se juega la subsistencia o la vida.

    Para lo de la sabiduría tengo un aforismo (escribo algunos):

    “De nada se puede aprender más que de los prejuicios de un sabio, si los consigues ver. Y no porque contradigan su sabiduría (que no siempre lo hacen), sino porque indican hasta dónde su sabiduría llega, para poder indagar tú a partir de ahí. Y, de hecho, el conocimiento avanza de esa forma exactamente”.

    En cualquier caso, el problema de la racionalidad (o el racionalismo) es que es igual que un clavo ardiendo: si lo sueltas, te rompes fijo la cabeza. Pero antes de agarrarlo hay que dejarlo enfriar un poco. Y para rubricar eso, otro aforismo:

    “La verdad es como un recién nacido. Cuando nace grita mucho, pero también está algo sucia”

    Saludos.

    (Te dejo un enlace a mi blog, por si un día graniza y te pilla a la intemperie):

    https://paraguascongoteras.blogspot.com.es/

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  4. Apreciado Bonifacio, bienvenido a esta, tu casa.

    Sobre lo que dices, me parece todo sensato, menos lo de la suciedad de los recien nacidos: los fluidos de sus madres son más propiamente, voy a ponerme poético, el dulce elixir del amor eterno. ¡Un abrazo juerte! ;-)

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    1. Gracias por la bienvenida. Lo de los recién nacidos es una metáfora. En todo caso dije "algo" sucios, ese es el matiz.

      Me refiero a que cuando surge alguna evidencia supuestamente revolucionaria o esclarecedora en algún campo, en principio parece (y muchas veces pretende) ser una especie de panacea, hasta que se termina relativizando y restringiendo a un uso concreto. Pasó con todos los grandes hitos intelectuales y científicos, como el darvinismo, el psicoanálisis, la teoría de la relatividad, el marxismo… e incluso la presente revolución digital.

      Es como la espuma, que se pone como ejemplo siempre, pero mal: no es que algo “suba como la espuma” y desaparezca luego por completo (aunque a veces pasa eso). Lo que ocurre con la espuma (y con las evidencias racionales), es que sube primero hasta desbordar el vaso casi, y luego baja para quedarse reducida a un pequeño volumen, pero por encima de la planicie que había antes, eso sí. O sea: sí hay un cambio (llamémoslo mejora) perceptible cuando menos.

      Lo dicho: dos pasos adelante y uno atrás (o así lo veo).

      Sobre las madres acabo de escribir algo irónico (y crítico) en mi blog, que es tu casa también.

      Un abrazo.

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. "Que, al fin y a la postre, los seres humanos vivimos la vida, ante todo, dentro de nuestros propios cerebros, y lo que nuestros semejantes piensen o dejen de pensar no va ser, entonces, sino algo completamente ajeno a nuestra vida. ¡Qué piensen, todos, lo que quieran, qué vayan a su aire y... te dejen ir al tuyo!"

    Consejo muy sabio, desde luego. Sin embargo, me temo que los seres humanos también vivimos mucho tiempo pensando en lo que piensan, especialmente sobre nosotros, los otros. O sea, en el interior de los cerebros ajenos (aunque no no sepamos en realidad cómo son).

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