domingo, 13 de noviembre de 2016

CAPITAN OJOS DE AJO

(Eric Fischl)

Su primer pitillo se lo fumó en un patio con escombros entre vuelos rasantes de vencejos y alambres retorcidos cubiertos de óxido. El día que probó el DYC, se bebió media botella y empezó a jugar al fútbol con un transistor encendido. Su principal tesoro eran tres tablas ensambladas y cuatro rodamientos sobre las que puesto de rodillas bajaba por las cuestas más rápido que el diablo, otro, unas revistas viejas que escondía dentro de un cuadro de fusibles en las que unas tías teñidas de rubio enseñaban el coño. Volcaba los futbolines siempre que el jefe se daba la vuelta y, si no conseguía partida, les pegaba a las máquinas unos puntapiés asesinos.

En clase siempre estaba aburrido, sin saber que hacer, fuera de sitio y al llegar los recreos se iba a un rincón del patio a fumar, y escupir, junto con Cardoso y otros dos repetidores.

No le trató bien el tiempo: granos en la cara, ojos saltones, pelo grasiento. Todas... cosas que joden.

Por las noches cruzaba con los colegas al otro lado del río a fumarse unos porros y a hacerse un Blaukpunt (o dos). Un día de mucho pedo a un hijoputa se le ocurrió llamarle ojos de ajo.

Las semanas transcurrían entre resacas, broncas con la vieja y Vespinos medio rotas que se quedaban sin sopa a las primeras de cambio.

(Eric Fischl)

En la mili se pegó de hostias un par de veces y estuvo de putas en Montera con un "primero" al que le encantaba hablar de guarradas. Allí, el asunto no pintaba tan mal: comida caliente, sábanas limpias y la misma tralla para todos. Y aunque se siguiera llamando ojos de ajo, él ya no se sentía como un puta mierda.

Le gustaban las pistolas, los motores y las baladas de Leño, también, de vez en cuando -¡un descojono!- esconderle la turuta al turuta. Por fin, unas pocas cosas en las que creer.

Durante unas maniobras cargó a cuestas más de kilómetro y medio con uno de Zamora al que se la había dislocado un tobillo. Lo felicitaron. Fue abuelo, bisa.. y cuando llegó a patriarca, una tarde que estaba de guardia le dijo al teniente que quería seguir en el cuartel. Pasó el tiempo, se hizo cabo; luego... sargento. Se casó y tuvo dos niñas. Ya ascendido a brigada, una bomba le arrebató la vida en el amanecer de un barrio obrero del País Vasco.

Sus hijas se despertaron con el estruendo.


5 comentarios:

  1. ¿Vencejos sobre vertederos de basura? Lo dudo, sería tan anómalo como gamos en la Castellana. Serían gaviotas, verdaderas carroñeras, basureras, o cigüeñas, que tampoco tienen reparos, o algunos córvidos poco exigentes. te documentas mal a menudo y creo que eliges los nombres de algunos bichos por su eufonía.

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  2. Puede ser. Lo de la eufonia. Pero es probable que el error, no sean los vencejos -que los había- si no lo del vertedero de basuras. Me estoy refiriendo a un patio, de Usera, donde los vecinos sacaban a veces escombros de obra, y cosas de ese tenor, tablones,cajas rotas... de manera provisional.

    Venga, te hago caso. Un abrazo!

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