miércoles, 19 de octubre de 2016

BOODLE'S (Agatha Christie y P. G. Wodehouse toman juntos el té)


-"Estábamos allí reunidos, Hastings, sólo seis personas: Lady Mature, Damian Sinclaire, la bella Sarah Cracknell, Etienne de Châteaumeillant, el denostado Lord Mature y un servidor. Todas las luces de la habitación se apagaron de repente. El sonido de un disparo fracturó la oscuridad. Cuando la luz regresó de nuevo a la estancia, los otros cinco comensales pudimos ver el tronco del mezquino aristócrata vencido sobre los restos del excelente carré de cordero que ensuciaban su plato. Los demás invitados se miraron entre ellos con estupor y desconfianza. En aquella mesa se hallaba sentado un criminal. Se pusieron todos muy nerviosos. Yo no. Yo sabía quien había sido el autor de aquella muerte y tenía la certidumbre de que mi vida no iba a llegar a correr el más leve peligro. Lady Mature..."

-"Lady Mature no podía ser la autora del crimen. Visto el terrible Parkinson que padece, no contaba con ninguna posibilidad de manejar con éxito una pistola" razonó Hastings.

-"¿Entonces...? ¿Acaso podría haberlo hecho Mr. Sinclaire?".

-"No. Según creo recordar, Lord Mature era el mejor cliente de su exclusiva galería de arte y no tiene ningún sentido que el anticuario deseara eliminarlo, carece de móvil razonable para ello".

-"¿Sarah Cracknall?".

-"Sarah era la más interesada de todos en que milord se mantuviera con vida para poder seguir disfrutando de sus fabulosos regalos".

-"Perfecto, Hastings; veo que poco a poco va asimilando la esencia del método deductivo... El detalle me llena de satisfacción".

-"De lo que habrá de concluirse que el autor del crimen fue el Barón de Chateaumeillant".

-"Piénselo bien antes, mi querido amigo; no vaya a ser que confunda su juicio".

-"¡Por Dios! es verdad, el francés tampoco pudo ser el criminal, estaba a punto de cerrar con Mature el gran negocio de su vida. ¿Entonces...?".

(La verdadera Sarah Cracknell)

-"Verá, Hastings, sus argumentos gozan de una cierta lógica, pero todos ellos cuentan, a su vez, con algún aspecto por el que poder ser rebatidos. Veamos: atendida la distancia a la que estaba sentada de su esposo, a Lady Mature le era perfectamente posible dispararlo a quemarropa y no errar el tiro; en cuanto a Sinclaire, Reginald Mature había amenazado con llevarle a los Tribunales por la venta de unos Whistler falsos. También Sarah Cracknell poseía motivos fundados para desear la desaparición del magnate, en el último testamento que otorgó, éste legaba en su favor la tercera parte de su fortuna; otro tanto habré de decir respecto a Etienne de Chateaumillant, hasta esa misma noche le debía al malogrado Lord más de dos mil guineas: el precio de un pedido de unos cientos de botellas de Romanée-Conti que este le había satisfecho por adelantado".

-"¡Pero usted ha dicho que ninguno de los cuatro asesinó a Sir Reginald!".

-"Lo he dicho y lo reitero, mi buen Hastings. Todos pudieron hacerlo, en efecto; todos ellos contaban con razones de peso más que suficientes para retirar al viejo, definitivamente, de la circulación. Acabo de exponérselas. Pero no, ninguno lo hizo. El que se encargó de pasaportar a ese fantoche al otro barrio, fui yo. Yo mismo. El otro día me lo encontré casualmente en Boodle's y él tuvo la desfachatez de hacerse el loco para no tener que saludarme. ¡Ces’t la vie!".



4 comentarios:

  1. Te echaba en falta.
    Workshy, me encantan.

    Gracias.

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  2. Hombre, para una historia como esa, rebosante de charme, tenía que poner a unos intérpretes que no le andasen a la zaga. Saint Etienne son más poppies y me gustan menos.

    He andado muy líado. En su día leí "Esa incierta edad" y tome notas, cuando tenga un momento te las mando.

    Gracias a ti. Por supuesto. ;-)

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  3. No conocía a Worskhy. Sí a Saint Etienne (me gustan, canciones sueltas, hace mucho que no los oigo). Así que tu elección me permitió ampliar escuchas.

    Para notas siempre sobre "Esa incierta edad" tengo tiempo siempre. Te estaría muy agradecido, ya sabes.

    ¿Tienes mi correo?

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  4. Muy bueno, Julian. Por momentos parece un relato de Agatha Christie reescrito por Borges. Y recuerda, claro, a la famosa novela de Mrs. Christie cuyo título no vamos a citar, para no joderles el final a los que aún no la hayan leído.

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