domingo, 28 de agosto de 2016

LA VIDA ETERNA


Hoy, un niño ha aprendido a tirarse de cabeza a la piscina. Está feliz. Se pega cada planchazo ¡qué no veas! Pero está feliz. Yo también me siento feliz de ver al niño tirarse de cabeza.

El niño lleva, hoy, en la piel y la carne de su pecho, de su estómago, el triunfo del mundo. La marca de todas las victorias del mundo. Fraguadas a medias a base de valor y miedo.

Luego, más adelante, con trece, catorce años, querrá inventar la vida eterna.

Pensando todo esto que le está sucediendo al niño, soy incapaz de no sentirme un poco triste. Y no debería ser así, pero…

La canción que escucho habla de una tierra que no terminará nunca, una tierra de nunca jamás, una isla tropical -como las que imaginaron Joseph Conrad o Bioy Casares cuando los avasallaba la rutina- y este detalle tampoco contribuye a disipar mi pena porque su melodía, siendo a veces un poco alegre, otras, en cambio, no lo es.

Al final se reduce todo al paso del tiempo. A que le prestemos la atención debida a lo rápido que transcurre y volvamos nuestras miradas hacia el pasado. De hacerlo… una inmensa mayoría de nosotros vamos a poder emocionarnos sin demasiada dificultad.

Por el contrario, si miramos hacia delante, sabemos cual va a ser nuestro destino. Siempre. Justo ese que ya se están imaginando. Algo no excesivamente emocionante.

Entonces, braceando entre la emoción y la conmoción, vivamos mejor el presente y alegrémonos, con ese niño que ha aprendido hoy a tirarse de cabeza a la piscina, de poder colarnos en el agua azul, y fría, rápidos y entregados como los delfines. Sin detenernos a pensar en mucho más. No es el momento. Nunca es un buen momento para recordar lo que hicimos mal, para aceptar que nos equivocamos, que no debimos rendirnos.

Sin triunfalismos excesivos, cenar en el lavadero, en soledad… -observando a los últimos turistas del hotel de enfrente tender sus toallas- … un bocata de nocilla y un plátano. Un poco moscas por tener, todavía, la tripa dolorida. A estas alturas de nuestras vidas ¡quién nos lo iba a decir!


(Nota.- La canción a la que alude el post es "Foreverland" y figura en el albúm homónimo de The Divine Comedy,  en el que igual se halla incluida la canción del video)

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. No conocía a esta gente y parecen interesantes (me refiero a The Divine Comedy, claro).

    En cuanto al post, pues sí, qué quieres que te diga. Me has evocado la sensación de triunfo que yo también sentí cuando, tendría ocho años creo, aprendí a tirarme de cabeza, en la piscina de un club cercano a mi casa. Pero también me has dado un poquito de asco con tu bocadillo de nocilla. En cuanto al paso del tiempo, sí claro, la hostia de rápido, mejor no pensar mucho en ello.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. MIROS

    La combinación chocolate/plátano (a ser posible mejor con almendras trituradas que con avellanas como la nocilla) es sencillamente perfecta.

    Si, además, el plátano lo flambeas con cognac, azúcar, mantequilla y zumos limón/naranja (como las crepes suzette) el resultado se torna fastuoso. Que las almendras estén garrapiñadas es un plus.

    Viviendo en Tenerife tienes que estar hecho un tritón. Yo pasé unas vacaciones allí, en Rada Azul, en casa dela hermana de una novia que tenía. Pero... lo dicho... no hay que ponerse nostálgico, salvo que uno quiera. Y, ahora mismo, no es el momento... Gracias.

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