martes, 31 de mayo de 2016

ENGAÑABOBOS

(Claire Harvey)

Me imagino que en otros países también pasará lo mismo, aunque también me imagino que en Francia, en Inglaterra, en Australia... en naciones con un nivel cultural alto en comparación con el nuestro, el fraude no acontecerá en unas proporciones tan desorbitadas. ¿De qué les estoy hablando? Del engaño. Del engaño sistemático y programado como forma de vida.

A la gente, en concreto a los españoles, le gusta que les engañen. Tal cual ¡les encanta! Siendo la de la altivez, venga o no cuento, una de las señas de identidad de nuestro pueblo -y no se trata tan solo de una apreciación mía porque el conjunto de nuestros vecinos coincide... a la hora de poner de relieve nuestro mayor defecto... por juzgarnos así: arrogantes o, incluso, soberbios- y concurriendo que el provecho de la sapiencia requiere, lo primero de todo, de la humildad del cavilante, llegaremos a la conclusión que esta es tierra abonada para los parlanchines, los dorapíldoras y los vendedores de humo.

El español, siempre en guardia para que no se rían de él, para no hacer el rídiculo, termina convirtiéndose con su actitud recelosa, y un tanto esquiva, pero llena de candor dogmático, en presa gustosísima para los vividores. No es algo nuevo, desde antiguo ha venido sucediendo así, la pena es que el arco de la curva de tendencia no decline. El truco, es obvio, consiste en implicar al engañado en el embuste, la treta más común entre los filibusteros. Esto se traduce, hoy por hoy, en conseguir que este pague una pasta por ser engañado, que la mentira le cueste dinero, ya que, en este caso, muy pocos se avendrán a reconocer que los han tomado el pelo arriesgándose a pasar por tontos ante los demás. Cuanto más pagues por la trola, más se afanará tu menoscabado orgullo en transformarla en certeza y más feliz terminarás por considerarte a la culminación del truque.

 (Kay Althoff)

Les sugiero entonces a los políticos, a todos, si quieren terminar con las críticas acerbas hacia sus personas, con las querellas, las denuncias, y demás cosas por el estilo que tan desagradables tienen que resultarles a los pobres hombres, que le cobren a la ciudadanía -a imagen de lo que hacen otras élites profesionales de indudable renombre: abogados, cocineros, economistas, sociólogos... a la hora de prestar sus servicios- un estipendio por votar, pongamos que doscientos (200) euros para las "legislativas" y cien (100) en lo que respecta a las "autonómicas" y las "municipales" (las"europeas" irían de "free bonus" con el combo completo al no ser objeto, su resultado, de demasiadas desafecciones), y van a ver como así, la gente dejaría de dar el coñazo, de increparles, y se conformaría con lo que les toque. Incluso con una sonrisa profidén instalada en el rostro.

Los jerifaltes del mercado no son ni especialmente inteligentes ni especialmente perversos ni especialmente metódicos. Ni sus estrategias de marketing se diseñan con unas complejísimas variables cuya comprensión sólo alcanza a unas pocas mentes privilegiadas reunidas en conciliábulo, ni sus estudios de campo se basan en unos conocimientos exhaustivos de los hábitos de los consumidores urbanos llevados a cabo por eminentes eruditos. Son única y exclusivamente unos vivos, unos jetas, unos tunantes, que han asimilado sin el menor problema ¡al punto de aceptarlo como justo! la paradoja consistente en que a la gente le gusta que le engañen, y que... a más, a más... cuando ha tenido que pagar, por ello, una hipotética sospecha de fraude va a tornarse casi siempre en complacencia de favor.


6 comentarios:

  1. Ja, ja, ja... Como además de llevárselo en crudo y de darnos el coñazo los políticos nos cvobrasen por ir a votar es seguro que se iban a quedar más solos que la una.

    Un abrazo

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  2. Interesante planteamiento.
    Deberé pensar sobre ello, porque, pensar sigue siendo gratis ¿verdad?

    Gracias.

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  3. Juan Carlos,

    Pero seguro que los que votasen -hay gente pa' tó- se convertirían en incondicionales de su candidato.

    Alberto,

    "¿Pensar sigue siendo gratis?" preguntas.

    Pensar sin más, sí. Pero si quieres llegar a pensar genialidades, propias de un genio, aquí te dejo mi número de cuenta: ES72 1234 8998 0093 4603 7720. Mi ingresas mil euritos y vas a ver lo satisfecho que empiezas a sentirte de todo lo que se te ocurra a partir de ese momento. No vas a haber sido tan bobo como para desperdiciar mil euros dándoselos a un pinta.

    ¡Un abrazo para los dos!

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  4. ¿A los españoles les gusta que les engañen y todo eso? Bueno, yo debo se nigeriano o así

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    Respuestas
    1. Lansky, es sólo una opinión. Mía. Nada más lejos, entonces, que un criterio fundado proveniente de aquellos que fundan los criterios. Nada más opuesto, por tanto, porque es mía, y mi fe no llega ni a la del carbonero, a un dogma de fe. El espontáneo parecer de un "pobre diablo" como me he preocupado de dejar patente, desde el primer minuto, en mi presentación a los lectores.

      Pero... SÍ, rotundamente, mi experiencia me dicta que a los españoles les gusta que les engañen. Cada vez más. Que otro piense por ellos. Y como el que piensa suele ser gilipollas, sus pensamientos acostumbran a ser una engañifa. ;-)

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    2. Casi todo es opinable menos la teoría de la gravedad, el segundo principio de la termodinámica y pocas cosas más, esa salvedad está de más, pero si generalizas (y de hecho te ratificas en tu respuesta a mi comentario) es porque tienes o deberías tener algún fundamento, encuesta, muestreo, etc. a esa opinión, pero creo que sólo tienes una vaga impresión. Yo tengo la contraria, si me tomo de ejemplo, o la tuya si despreció a la mayoría de mis conciudadanos porque supongo que no son tan “guais” como yo y les gusta que les engañen.

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