viernes, 1 de abril de 2016

LA PLUIE SANS PARAPLUIE


Lluvia. Lluvia inmortal. Por fin llueve en Barcelona. Anoche, en la cama, le decía a mi mujer si no le importaría que, en tanto nos dormíamos, permaneciese sonando cierto mp3 que reproduce el sonido de la lluvia. Echo en falta oír llover. Bien acurrucado bajo el edredón, ese murmurar constante y muelle, propio de la lluvia, me resulta sedante. Ella, a lo práctico, para algo es mi mujer, me sugirió que... mejor... me pusiese a contar ovejitas y enseguida acabaría quedándome sopa. No sé si llegué a iniciar el recuento, la verdad, pero lo cierto es que al poco rato, no más de dos o tres minutos, estaba ya dormido como un tronco.

Y hoy, justo hoy, al levantarme: el milagro ¡la lluvia!. Por fin llueve en Barcelona.

Lluvias de la primera infancia, con la carretera general, de adoquines, atravesando el barrio junto a la ventana del cuarto de estar, y los automóviles salpicando de cascarrias, a su paso, las medias de las mujeres y los bajos de los pantalones de los hombres, a los que, de tarde en tarde, veíamos apresurarse por la acera. Con mamá y las tías jugando al cinquillo, reconfortadas por el brasero y la copita de anís, y las moscas zumbando, a lo tonto, solo por tocar los cojones, junto a una hornacina de madera que contenía dentro una virgen pálida. Aunque yo hacía lo posible por pillarlas desprevenidas, a las moscas quiero decir, y cazarlas con la mano; ellas, las cabronas, más expertas, casi nunca se dejaban coger.

Lluvias del colegio, la vista clavada en el cristal de la ventana, y rotulando sobre el vaho, con el dedo índice, la palabra “amor” o la palabra “puta”, tanto da, las dos encerraban para mí, por aquel entonces, un completo enigma. Luego, por la tarde, en el patio, en clase de gimnasia, nos mandaban que entrásemos en una nave, con varias colchonetas extendidas en el suelo y unas cuantas sogas colgando desde lo alto, para que nos revolcásemos como osos, por encima de las colchonetas, y trepásemos por la cuerdas, como monos, hasta conseguir tocar el garfio de hierro del que aquellas pendían del techo.

Lluvias de juventud, con tu brazo enlazado al de tu enamorada mientras los dos avanzabáis a trompicones hacia el futuro, entre risas, sorteando los charcos, con las mejillas dulces, y frías, y el vaho de vuestros alientos esfumándose por el aire, como un espíritu juguetón y lacial, más allá de la guarda del paraguas.


Lluvias de Francia, de Irlanda, de Inglaterra ¡lluvias del Japón! que formáis parte propia del paisaje que os habéis ocupado de fecundar, desde el inicio de los tiempos, y le dáis forma a los sentimientos ancestrales de los hijos nacidos en esas gozosas tierras.

Lluvia de películas, lluvia de novelas, lluvia de canciones... Grabadas, gota a gota, en los archivos de la memoría para enardecerte, emocionarte o entristecerte recordándolas, según lo que, en cada momento, pueda complacerles más a tu sensibilidad y a tu sentido.

Hoy ha llovido, ya está lloviendo, y me siento feliz. Miro hacia a la ventana desde el lugar donde estoy sentado y afuera veo: tejados húmedos, nubes grises, árboles sin apenas hojas, bloques de ladrillo rojo con casi todas las persianas bajadas, sin luz. Si me incorporo de la silla, erguido de pie junto a esa misma ventana, casi tocando a ras el cristal con la punta de las narices, puedo observar, además de todo lo descrito, el velador cubierto de una cafetería y, en la acera de enfrente, algunos cuantos coches aparcados en hilera, de colores mustios. Todo, como ven, bastante insulso, hasta un poco tristón acaso, pero yo soy feliz. ¡Qué quieren que les diga!


4 comentarios:

  1. Lo comparto. Yo también echo de menos la lluvia cuando tarda en llegar

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  2. La lluvia se marca en nuestras vidas y acompaña nuestros recuerdos.
    Acabo de estar en Londres y llovía; no podía ser de otra manera. Yo no querría que hubiera sido de otra manera.

    Gracias.

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  3. A mí me gusta que llueva hasta en Cabo de Gata. Le ha faltado lluvia a mi vida. A lo vivido. Lo sé.

    Gracias a los dos por pasaros y contribuir a la permanencia del blog.

    A ambos os preguntaría cuales son actualmente los pubs de Londres que de ninguna de las maneras, a vuestro juicio, habría que perderse. Cuando... hará de esto como unos diez años... vi que muchos de los más fabulosos los habían travestido en wine bars de disseny yo estuve a punto de transmutar en el conocido monigote de Munch. ;-)

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    Respuestas
    1. Vivo en Oviedo. Tenemos lluvia para aburrir. Vente cuando te apetezca. Es una invitación.

      Londres: era mi segunda visita, con mujer e hijos (NO pubs). En la anterior sólo estuve 24 horas, para una extraña conexión entre Malta y Valencia y ver al Fantasma (de la Ópera) (NO pubs).

      Que conteste Lansky que tiene pinta de estar más viajado.

      Gracias.

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