martes, 19 de abril de 2016

LA NOCHE DE LOS OSCARS

(Alex Katz)

Es una reunión de gente confundida. Una fiesta en una azotea con tíos y tías pasados de años. Tías y tíos que saben que ya no van a poder volver a ser jóvenes por mucho que lo deseen. Una comedia tristona donde, de vez en cuando, sueltan un conejo ciego o una paloma con el ala quebrada. ¡Cázalos...!. Los disparos carecen de furia ¡pim! ¡pam, pam...! Las balas se pierden en el vacío sin haber hecho blanco.

La música es mala, los sandwiches son malos. Los sentimientos no son nunca tan sinceros como lo es el buen rollo de la gente al saludarte. Los nombres van repitiéndose uno tras otro: Cristina, Pablo, Amalia, Jaime, Cristina/Pablo.

Es una fiesta aburrida para gente perdida. Gente -soltera o separada o divorciada- que está a punto de cumplir los cuarenta y les da bastante apuro pararse a pensar en el pasar del tiempo. Pensar, saber al pensarlo, que el tiempo pasa. Se ríen ¡válgame Dios! todos ellos aparentan reír de buena gana... aunque sospechan que esa película que les ha tocado en suerte protagonizar... continuará un año más sin ganar ningún oscar.

Tal vez sea una de las últimas fiestas en las que reparen, al menos de pasada, en el final de la juventud. Tal vez más adelante echen de menos sentir, de nuevo, esa desazón tan lógica. Lo cierto es que sí: se ríen. Vayan si lo hacen. Todos controlan, ya, de algo serio, lo normal, que los da de comer, todos tienen sus manías y sus marcas favoritas, y ahora que están ahí juntos... mientras el tiempo transcurre... charlando, bebiendo, alientan la esperanza de encontrar, en la fiesta, a la persona idónea de la que enamorarse. 

(Alfred Leslie)

No está mal la fiesta. ¿Acaso va a atreverse alguien a negar que las fiestas entre amigos suponen una ocasión magnífica para tomar una copa y pasar un rato agradable?. Algunos, incluso aguantarán riendo y bebiendo hasta que sea bien tarde y poder así ver, en compañía, la ceremonia de entrega de los oscars. ¡Oscar al mejor papel protagonista femenino! ¡Oscar al mejor actor de reparto masculino! ¡Oscar al mejor director! ¡Oscar a la mejor película! Seguro que tampoco, este año, Marta va a tener la fortuna de conseguir ningún premio. Tal y como le sucede siempre, invariablemente, en todas esas fiestas tan estupendas a las que le invitan.

¿Qué nos decimos al vernos?. Pues eso... "te veo igual". "¿Si...? ¡Qué bien lo pasamos la última vez!". "No creo que este año me quede hasta el final. Me duele un poco la cabeza". "Yo creo que estás, incluso, un poco más delgada".

Las fiestas... de momento... continúan, porque alguien, una vez, le dijo, a la anfitriona, haber estado hablando en la cocina con un chico increíble. Un chico que no ha vuelto a aparecer, ya, nunca más. Un chico que irradiaba luz.

Marta respira hondo y se sirve una copa en un vaso vacío. Pone poco ron. Si se marchara a su casa, pasaría de encender la tele. Posa sus labios en el plástico. Ha habido alguien que ha bebido, antes, otro cuba libre en ese mismo vaso. Pero ya se ha ido. Se trata de alguien que ya se ha ido.


4 comentarios:

  1. A veces echo en falta las fiestas.
    Luego recuerdo lo que pasa en ellas y me echo a dormir.

    Gracias.

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  2. Joder, hay que huir de esas fiestas tanto como de las de las parejas unidas por la hipoteca que no paran de hablar de bebés, educación Morrosori o política. El amor ante todo es dignidad, merecerse lo mejor, nada de deshechos de tienta. Y mala música...eso sí que no.

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  3. Desechos, no deshechos.
    Un abrazo,

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  4. Babybabe

    A mí... las fiestas me han gustado hasta las malas ¡hasta las peores! ¡Ja ja...! En general, a todas las encontraba algo. Pero ya es sabida, por los lectores habituales del blog, mi acendrada proclividad al drinkin'. Era el típico tío de estar en la cocina, soltando gilipolleces a troche y moche. Y, luego, ya medio torrija, si la fiesta era al aire libre, uno de esos de los que se escabullen, solos, a dar una vuelta y recargar baterías. ¡Pero volvía a la fiesta, anda que no!. ¡Buenos viejos tiempos, aquellos! como dicen los anglosajones.

    Alberto

    Lo que tú dices me pasa, sobre todo, en Nochevieja. Que me da marchón estar en el sobre, acurrucao, a las doce y media, y saber que no ando haciendo el canelo por ahí, en la puta calle, como media España.

    ¡Un abrazo a ambos!. ;-)

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