domingo, 3 de abril de 2016

LA CASA DE HOJAS Y EL JARDÍN DE CHOCOLATE

(Jessie Wilcox-Smith)

A propósito de una crítica en Internet de La Casa de Hojas (de Mark Z. Danielewsky) a mí me dio por intervenir en el debate que se entabló después, con un comentario que, más o menos, venía a decir algo como esto:

La primera palabra clave es esta: TALENTO, corresponde exhibirlo a quienes escriben.

La segunda: solidez de CRITERIO, debería acompañar a quienes leen a los escritores.

Puede escribirse una novela que sea una obra maestra y pasar desapercibida ante la crítica docta por el mero hecho de desarrollarse conforme a las premisas del clasicismo. Puede escribirse una "modernez", sin pies ni cabeza, y adquirir un prestigio bestial. Ya que cuanto más nos alejemos de los cánones, las posibilidades de hacer trampas por parte del artista van a cada a ser cada vez mayores en la medida que al lector no va a resultarle fácil pronunciarse sobre si, aquél, lo ha hecho bien o no -CARECE de unas reglas- sin recurrir, como prevención, a los dictámenes de la crítica profesional. Concurriendo que los entusiasmos críticos... acaso más que de la auténtica valía de la novela, esto es: la propia sustancia del texto... dependen de otro tipo de valoraciones más emotivas: afectividades generacionales, de grupo...-elitistas en suma- que incluso van a permitirse hallar su coartada en la personalidad del autor y la pose social adoptada por el mismo.

Al margen de que cada generación, por la cuenta que la trae, parece hallarse obligada a redescubrir la dinamita. ¿O, acaso, no van renovándose los premios Nobel año tras año?

..........

"Es la dosis la que hace al veneno" Paracelso vía Amelie Nothomb. Aplíquense esta máxima a sí mismos, los políticos, y afanénse, las criaturas, en... haciendo uso de discreción, mesura y buen juicio, en todo caso algo más de los que comúnmente acostumbran, no lleguen a terminar por resultarles deletéreos a sus contemporáneos.

(Jessie Wilcox-Smith)

Siguiendo con la política, me comentaba el otro día un amigo, que, amén de que pensaba que los que mandaban, en el fondo, no mandaban tanto, no podía dejar de tener la impresión, quizás una mera consecuencia de lo otro, de que los tíos acababan hartos: hartos de la gente, hartos de política, hartos del partido y hasta hartos de mandar. Yo le dije que sí, que estaba de acuerdo, y me referí, como evidencia de su primer parecer, a la chufa que le calzó a Rajoy un mocoso, pariente de su mujer a mayor inri, y en su ciudad de adopción para completo escarnio, que siendo, el tío, presidente del gobierno, no ha tenido más remedio que comerse con patatas. No, no mandan tanto. En cuanto a lo segundo, a su segunda apreciación, quise apuntar las ganas de salir por piernas evidenciadas por algunos presidentes de gobierno españoles -Felipe se largó ipso facto a Méjico y Aznar a Londres- al acabar sus mandatos.

..........

Y cambiando de tercio, tratando de otros asuntos de mejor provecho, pocos defectos soportan tan mal los varones, de las mujeres, como el de la falta de ternura. Les asusta, nos asusta, horrores que una mujer sea dura, inflexible... . Estamos acostumbrados a buscar el consuelo a su lado y no sabemos muy bien como reaccionar ante su carencia de empatía. Si es un hombre el que nos la juega, no le damos casi importancia, diríase que estamos inmemorialmente acostumbrados en identificarlo como rival. Pero una mujer...



12 comentarios:

  1. Vaya.
    Coincido en la aplicación de criterio y talento como requisitos para lector y escritor, en lo de lo que mandan los políticos, tengo ciertas dudas con respecto a lo de la ternura de las mujeres y los hombres, pero oigo la canción de Giorgio Tuma y se me va la cabeza de una forma inimaginable.

    Gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Soy un maula, Alberto. La canción la coloque pensando en ti y tenía pensado dedicártela, pero se me ha pasado. La próxima ;-)

      Eliminar
    2. Prefiero que la pongas y no me la dediques a que no la pongas.
      Es excepcional.
      De todas maneras, siempre nos quedará el recurso de la ternura.

      Gracias.

      Eliminar
  2. No, claro que los políticos no mandan tanto; es más, no mandan casi nada.

    Y sobre lo de cómo nos afecta la falta de ternura en las mujeres a los hombres ... Habría tanto para hablar (si los hombres supiésemos, claro).

    ResponderEliminar
  3. Miros,

    Dentro de nuestros cuestionables atractivos de "cazador vanidoso" se encuentra el del mutismo en las distancias cortas. Si no nos comportaríamos como insustanciales periodistas y ellas, eso, no lo soportarían. No nos soportarían. La naturaleza es sabia. ;-)

    ResponderEliminar
  4. Lo que dices sobre la falta de ternura en alguna mujer es en parte cierto; sólo en parte. Otra parte de culpa la tienen tantos hombres que buscan entre las mujeres sustitutas de sus mamás en lugar de compañeras. Por otro lado, la ternura varonil es desarmante y magnífica, me lo han dicho muchas, o sea, que la distribución de roles que haces incurre en el tópico y elude los matices.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Para matizar están, ya, los comentaristas. Je je je... ;-)

      Eliminar
  5. Yo creo que todos necesitamos exteriorizar equilibradamente nuestras emociones(con equilibrado quiero decir permitirnos sentir), y la ternura es una emoción secundaria muy positiva que a veces es difícil expresar porque creo que se desarrolla entendiendo y aceptando nuestra vulnerabilidad, y eso en nuestra sociedad es sinónimo de debilidad (emoción mal vista en nuestros días). Taras aparte pienso que la ternura es una emoción de lo más lógica en el ser humano y preciosa, y creo que no aflora más a menudo por miedos y prejuicios.
    Buen lunes, :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como tengo dado un aviso de comentarios, me ha llegado y lo he visto y, sin querer ser entrometido, me gustaría hacer una puntualización a Babe, sin buscar follón ni nada, que para eso ando de invitado.
      Quería decir que la debilidad no es una emoción. Sentirse débil puede serlo, pero ser débil, no. Seguro. Creo.

      Gracias.

      Eliminar
    2. Sí, es cierto Alberto. La debilidad es un sentimiento, el resultado de las emociones. Por mí no tengas reparo en puntualizar, eso me enriquece.
      Un abrazo,

      Eliminar
  6. Considero como algo básico la ternura. Y voy a auto citarme trayendo de nuevo a colación un párrafo de Borges a Go-Go, que ya apereció en su día en estos papeles, creo.

    "... he acudido a numerosos lugares de la tierra -algunos remotos y entrañables, otros cercanos y espantosos- en los que, entre las horas, en ciertas ocasiones como consecuencia de acontecer a mi lado grandes acontecimientos físicos y éticos de casi obligada influencia, y, en otras más numerosas, a partir de ciertas sensaciones fulgurantes... apenas perceptibles para los demás, he ido desprendiéndome de las sucesivas mudas emocionales con las que se cubre, se adorna y desgasta la existencia. Jirones de pergamino seco ensartados en las afiladas púas de los espinos que crecen junto a los caminos del tiempo. Tiras de dermis reseca impúdicamente expuestas, en su irremediable abandono, a la vista de los demás caminantes. Pero, eso sí, al regreso de cada uno de esos viajes, he sentido bullir dentro de mi corazón, imperecederas, inagotables, cordiales, a las amables células de la ternura. Esa ternura que tanto me ha reconfortado en muchos de los enojosos episodios en los que me he visto envuelto, casi siempre sin proponérmelo de verdad, a lo largo y ancho de mi vida.

    ResponderEliminar