jueves, 17 de marzo de 2016

UNA UNICA ENTRADA DE UN UNICO DIARIO. Demasiados libros para un hombre solo

(Francesc Catalá)

Mi mujer se ha largado a Madrid, a ver a su madre, dejándome a solas en Barcelona. Es sábado por la tarde y me apetece salir por ahí a dar una vuelta. A ver libros. Empiezo por la FNAC, en L'Ila, cerca de casa. Reviso, por encima, las estanterías de novedades y nada de lo que veo termina de convencerme. Al lado, donde las ediciones de bolsillo, me ocurre igual. Dudo si coger alguno de los ensayos de Borges y abrirlo. Una pose un poco trasnochada lo de ponerse a hojear a Borges en la FNAC. En el fondo, no pasa de ser una pedantería de carroza pasado de vueltas.

De camino a La Central -otra librería que hay en la calle Mallorca- entro al Corte Inglés. Aún no son las cinco y está casi vacío. Extraña verlos, así, a los grandes almacenes: con las vendedoras desconcertadas y aburridas, sin saber muy bien que hacer: si ponerse a hablar entre ellas o permanecer calladas mirando a las musarañas y acordándose de cuando eran más jóvenes o cosas por el estilo. Los libros son poco más o menos los mismos de la Fnac. Les echo un vistazo a algunos. A sus primeras líneas. En general, un churro. Parece como si nada más abrir la boca, el autor ya intentase hacer alarde de lo cojonudo que es. Y, claro, para que eso funcione, tienes que ser de verdad cojonudo, cuando ya en el párrafo siguiente queda expuesto bien a las claras que no es este el caso. Novelas con las que no tengo absolutamente nada que ver: lo que cuentan no me interesa y los modos empleados para expresarlo no me convencen.

Ya estoy en La Central, y en La Central, en cambio, hay bastante gente. Gente con pinta de leer: barbas, piercings, un amplio surtido de gafas de montura negra. Las suelas de goma... pisan un suelo de madera que cruje. Más o menos así es como es la librería. Bastante soportable.

Aparece por la puerta, Azúa, con un bolso de piel colgado en bandolera. De entrada, me entran ganas de saludarlo. Enseguida recapacito y pienso que no sé que cojones iba a decirle. "¿Qué hay Félix, cómo te va? He leído algunos artículos tuyos y están muy bien". ¡Menuda patochada! ¿Y la posibilidad de hacerme el interesante y hablarle, al tío, de un libro de él que hay, por ahí, por casa: "Un encuentro en Jena" o algo parecido?. Tongo. Tongo del malo. Porque lo cierto es que el libro, ese, no pude terminármelo de ninguna de las maneras. Retorno a la calle ligeramente contrariado por no haberme decidido, al final, a dirigirle la palabra al escritor. Tampoco me iba a arruinar la vida que el tipo me hubiera atizado un corte ¿no? La verdad es que a nadie le gusta que lo aborden de improviso sin venir a que ni a cuento -menos un extraño- y lo larguen un rollo aunque sea cortito: quienes se dedican a eso suelen ser gente con la autoestima un poco baja que al final... lo que pretende... es que tú la pidas perdón.

Afuera, al lado de la librería, hay un bar. Es sábado y entro a tomarme un whisky. No es de garrafa y el precio que pago por él me parece justo.

Tras dejar el bar, encamino mis pasos hacia una librería de segunda mano que hay en una bocacalle al inicio de Vía Augusta. A punto de llegar al final del Paseo de Gracia, justo antes de que el bulevar comience a estrecharse y se convierta en calle, me fijo en otra librería: "Llibreria Roquer". Y en el trámite -repetido hoy ya por cuarta vez- de ponerme a curiosear los volúmenes expuestos a la venta, abro uno, en el que no había reparado todavía hasta ese momento. El libro comienza diciendo: "En Roma, por la noche, parece que se oigan leones". Lo cojo, voy hasta la caja y lo compro, deseando saber muchas más cosas de una historia que se abre al mundo con una frase tan buena como esa: "en Roma, por la noche, parece que se oigan leones".

(Francesc Catalá)

Es sábado. Paso junto a otro bar y entro a tomarme otro whisky. Con los rugidos nocturnos de los leones romanos guardados dentro de una bolsa de plástico. El dueño del bar es un marsellés hijo de españoles, sus padres eran murcianos según me cuenta, y nos ponemos a hablar de Barcelona y de Marsella. Estamos los dos solos, en el bar, hasta que aparece otro tío. Un sujeto gordo, conectado a unos auriculares, de más o menos mis años. Es moreno de piel y tiene los ojos verdes. Suda. Le pregunto que es lo que escucha y él me pasa -tras despojarlos de la telilla de gomaespuma que los recubre- los pitorros de plástico. "¿Qué te parece?" me inquiere, cordial, sobre la música. Lo que escucho suena a new age. Soy diplomático y le digo que me parece bien. Me comenta: "Sí, no sé, últimamente prefiero escuchar a James Taylor; Crosby, Still, Nash and Young y ese otro tipo de cosas". Le hablo, entonces, de Ben Taylor, el hijo de James Taylor y Carly Simon. "Quiere sonarme...". El tipo se llama Gustavo y, cuando habla, te mira fijamente a los ojos. Asusta un poco cuando acabas de conocerle.

"Sí, sí, mi abuelito se fue para Méjico con una mano delante y otra detrás y lo ayudó uno de los Arango, los de los VIPS, que también habían llegado pobres de Asturias unos años antes, a montar un negocio de panificadoras. Llegó a ganar mucha, mucha, plata". "Hugo Sánchez es un pinche de mierda, lo vi un día en Madrid, en el Suntory. Yo iba con un grupo de amigos y uno que era muy madridista, un tío muy tímido, me pidió que le pidiera un autógrafo, se lo dije al maitre si lo molestaría al señor Sánchez que nos firmara un autógrafo, y cuando él acudió a preguntárselo, el futbolista puso una cara muy desagradable y lo despachó de malos modos". "Acá estuve viviendo en La Coruña, en Gijón, en Madrid... en Madrid vivía, lo recuerdo perfectamente en la calle Maldonado, ganaba mucha pasta con un rollo de multipropiedad que monté con un italiano, y otro mejicano, pero al final se fue todo al carajo y me quedé sin un chavo". "En Joy Eslava tenía botella y salía todas, toditas las noches, a ligar y divertirme ¡qué tiempos!". "Me casé con una chica de acá, de Badalona, y luego me divorcié, tengo una niña de ocho años....". "Mi familia es vasca y nos reuníamos todos, cada verano, en casa del abuelo en Acapulco. Cuando el abuelo o la abuelita hablaban, todas las nueras a cerrar la boca. Todas, chitón, más calladas que arañas". "Trabajo mucho. Al quedarme sin nada me hice cocinero. Trabajo en el Fórum. Demasiadas horas. Hay almuerzos en los que servimos más de mil cubiertos. Lo mejor es comer, sí... comer es lo mejor de todo, mejor que chingar, tal vez...". Van cayendo los whiskies con Gustavo, otros dos. Pago la cuenta. El dueño del bar, y camarero del bar, todo en uno, se empeña en invitarnos a una ronda. ¡Vaa! Permito que me ponga sólo un dedo. No ando bien.

En la calle, de regreso a casa, me demoro un poco para pasarme a cenar algo en un sitio que Gustavo me acaba, justo, de decir. Byblos. Es de un libanés. Según parece, el dueño sacrifica el mismo a los corderos. De entre todo lo que el cocinero me ha dicho es lo que más me cuesta creerme. De camino a casa, voy comiéndome el bocadillo por la calle. Me lo termino antes de llegar a la Diagonal.

Ya en mi cuarto, tumbado en la cama, en lucha contra un sueño pegajoso y tropezando entre un renglón, y el que le sigue, a causa de los cuatro whiskies, doy inicio a la lectura:

"En Roma, por la noche, parece que se oigan leones. Entre sus cúpulas negras y sus colinas lejanas, en la sombra aquí y allá centelleante, un murmurio indistinto en la respiración de la ciudad y a ratos un sonido ronco de sirenas, como si el mar estuviera cerca y del puerto partiesen naves hacia saber qué horizontes, y, además, ese sonido, vago y salvaje, cruel, pero no carente de una extraña dulzura -el rugido de los leones- en el desierto nocturno de las casas"

Y aunque trato de aferrarme al párrafo a la desesperada, con los dedos puestos tiesos sobre la página y la cabeza dándome vueltas poco a poco, como a un murciélago joven enfermo de vértigo, caigo profundamente dormido. 



4 comentarios:

  1. Lo de no aclarar de qué libro se trata, ¿es para aumentar el interés?

    Gracias.

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    1. Todo es real. Sólo escribí esa página del diario. Debe ser del 2.008 o así. El libro, no tiene ningún misterio, es "El Reloj", de Carlo Levi,hazte con él.

      No sé si conocías a "The Sinceros". El disco donde aparece "Barcelona", el segundo, está bien, muy bien. Pero el primero "The Sound of Sunbathing" ¡es ya la repanocha!. Hazte con él como sea, Alberto. Me lo agradecerás toda tu vida ;-)

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    2. He buscado y encontrado "My Little Letter" y "Quick, Quick Slow". Bien, me gustan. Tengo un amigo al que le gusta el power pop y que seguro que le gustarán.
      Tomo nota para El reloj.

      Gracias JB

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    3. El puñetero facebook destrozará mi capacidad de redacción.

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