domingo, 13 de marzo de 2016

¡FELICES LOS FELICES! (de los diarios de "El Clavadista Solitario")

(Olga Suvorova)

Un amor que aletea segundo a segundo, sin jamás detenerse, al que los vaivenes del viento mueven, como a los pétalos de una diminuta flor alpina, por las morrenas sentimentales que la vida ha ido trazando en mi corazón. Un amor que asoma medio cuerpo por la borda de la intimidad para ver el declinar del sol y poder esmaltarse con los brillos acuosos y distantes de las estrellas.

Cuando ya el peregrino cuestionaba la veracidad del alma y sus labios y sus párpados comenzaban a arder de pura soledad, cuando para buscar el nómada su acomodo entre las horas le quedaba sólo el recurso de recrearse en los agridulces del que, hasta entonces, había sido su destino, apareciste tú.

Cuando ya el soñador dudaba de haber estado de verdad alguna vez realmente enamorado y su virgen vestal era tan solo, en esos días amargos, un cuarto de varón, baldío, lleno de libros y tristeza, apareciste tú.

Y contigo vino, vino contigo ese amor que contagiaban tus labios y tus rubores cuando sonreías, ese mismo amor que trasladaban hasta mi piel tus manos dulces, y sudorosas, al acariciarme.

El bendito me sedujo, me apaciguó y se apoderó de mí para siempre. Me conoció, me aceptó y se apoderó de mí para siempre.

Y -tu cuerpo a mi lado- veo como se encienden las farolas desde la terraza de nuestra casa a oscuras. Y los juegos de los chavales en la acera de enfrente clarean y dinamizan, mientras plasmo tu talle con mi palma diestra, nuestra felicidad. ¿O no pertenece, en justicia, el amor a los niños?

Camino... y el viento me refresca como nunca, porque avanzas cogida de mi brazo. Bebo vino y su sabor es nuevo, poderoso, porque eres tú la que lo escancia. Las torres de las catedrales son ahora más altas que cuando se hicieron y las filigranas de piedra, perfectas, porque eres quien se encuentra a mi lado. ¿Y el tiempo?. El tiempo discurre como una sonatina romántica deslizándose entre tus cabellos, acunado por tus palabras. Pasa lentamente, susurrándonos, acariciándonos, contándonos lo mucho que nos quiere y como nos conducirá con él hasta el futuro. Pasa con pereza, displicente, comiendo uvas tiernas, e higos verdes, y tarareando bajito su historia. Una historia vulgar para los ignorantes, los crueles y los turbios. Una historia de amor para los enamorados. Como la que yo comparto contigo desde que nos conocimos. ¡Felices los felices!.



No hay comentarios:

Publicar un comentario