miércoles, 16 de marzo de 2016

ASTENIA INTELECTUAL (Los diarios de Iñaki Uriarte)

(Alexander Rothaug)

No se me ocurre nada. Se me ocurre que podría ponerme a escuchar una serie de canciones, canciones tristes, escogidas al azar de una carpeta que tengo abierta en el ordenador, bajo el título “Saddy”, y escribir lo que me va sugiriendo cada una de ellas. Pero... últimamente ponerme a pensar me provoca pereza, y lo dejo. Pienso, no obstante, que la idea no era tan mala al fin y al cabo, y que, acaso, cualquier día me decida a ponerla en práctica, aunque solo sea para permitir a la gente descubrir unas canciones bastante bonitas que, casi con total seguridad, nunca habrán tenido oportunidad de oír.

Estoy leyendo los diarios de Iñaki Uriarte, el tomo primero... me imagino, que me están gustando un montón. Están muy bien estas crónicas vitales de gente a la que no le suceden demasiadas cosas y tiene que ocuparse de que las pocas que le suceden terminen por resultarles atractivas a los que los escuchan. Suelen recurrir a emplear citas de otros, a exponer sus impresiones personales sobre ciertos detalles privados, a comentar por encima el libro que en esos momentos están leyendo -como yo mismo estoy haciendo aquí-, a evocar con indisimulada nostalgia breves episodios de su infancia o de su juventud... Y hay ocasiones en las que el resultado de toda esa mezcolanza de recuerdos, y de opiniones, acaba siendo bastante convincente.

Un especie de fraseo, como el propio Uriarte referiría, centrado en la exhibición -en su caso de manera precisa y sencilla- de la normalidad... de lo cotidiano, que no desestima hacer recapitulación de sentimientos propios y pequeñas anécdotas y que va a conseguir, a lo último, transformar todas esas experiencias singulares, sin importancia apenas, en una historia novelesca, de ficción. Una ficción no demasiado aparatosa pero verosímil. Igual me vienen a la cabeza, en este sentido, los diarios de Mario Levrero o de José Carlos Llop. Un truco elemental, carente de complicaciones... este de sublimar la cotidianeidad... al estilo del maestro Eric Rohmer... en orden a brindarles a los lectores la ocasión de apreciar una serie de matices interesantes presentes en sus propias vidas, que, sin esas narraciones... esas películas, probablemente podrían haberles pasado desapercibidos.

(Grigori M. Brobovsky)

A veces yo he estado tentado de hacer algo similar en este blog, pero el pudor ha terminado por imponerse. De lanzarme al ruedo, me iba a resultar poco menos que imposible omitir datos concretos sobre personas concretas, pareceres críticos sobre situaciones reales y lo último que me apetece es meterme en líos con la gente: la tranquilidad es el estado de ánimo idóneo en la madurez. No garantiza la felicidad pero te libra del rencor y la desazón, que, con el paso del tiempo, parece como si fuesen volviéndose más y más implacables contra uno mismo.

Lo de Pla y Baroja, sus memorias, “El Cuaderno Gris” y “Desde la Vuelta del Camino”, supone ya otra cosa. Ellos dos no son anodinos, en absoluto son gente anodina, y la época que les tocó en suerte vivir, la convulsa (y apasionante) primera mitad del siglo XX, aun lo fue menos. Pero... que quieren que les diga... para ser uno mismo el protagonista de una cronología me parece más reconfortante conformarse con exhibir en público citas escogidas de gente con talento, o las sensaciones que el sabor de una magdalena ha dejado en tu paladar, o en tu cerebro, que los detalles de una ejecución sumaria o los pormenores de una violenta algarada callejera, de las que has tenido la mala fortuna de ser testigo presencial.

Se lo repito, a estas alturas de mi vida busco, casi por encima de todo, la tranquilidad. Incluso en lo que leo. Y no me cabe duda de que los “Diarios” del reflexivo e inteligente Uriarte, a los que he tenido acceso doctor Tongoy por medio, componen un libro tranquilo. Colmadamente tranquilo. Alentadoramente tranquilo. ¡No vayan a perdérselos! 



5 comentarios:

  1. He mirado en la Biblioteca que frecuento y tienen los dos primeros.
    Pinta estupendo.

    Gracias.

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  2. Los otros diarios a los que hago alusión en el artículo, y que, supongo, que conoces ya, son, todos ellos, imprescindibles. Gracias a ti, Alberto. Ya comentarás en "Común Sinsentido" lo que te ha parecido lo del amigo Uriarte. ¡Abrazos!

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  3. El cuaderno gris es una obra maestra y uno de mis diarios favoritos. Desde la vuelta del camino son unas memorias muy mentirosas, y por ello graciosas, pero menores. En mi opinión claro. Lo de Uriarte no me interesa demasiado.

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    1. Lansky Pero... ¡¿cómo va a ser menor algo de don Pío?! ¡Ja ja ja!. Además todo era verdad en la cabeza de Baroja, él no mentía a propósito simplemente asimilaba la realidad a partir de su sensibilidad. Justo lo que hacemos todos aquellos que tenemos la bendita manía de intentar razonar por nosotros mismos ¡Un abrazo!

      (P.D Aunque no comente mucho en "Periquitos", te leo siempre. Si no se ocurre, a bote pronto, nada que aportar pues ¡me callo!. Me parece lo más prudente).

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  4. Terminado el segundo tomo de los Diarios, debo emplazar a mi Biblio para que localice el tercero. He disfrutado mucho, másxime teniendo en cuanta que nunca había leído unos diarios o unas memorias o, ni siquiera, una biografía. No incluyo las páginas que, por obligación, me tuve que tragar de Ana Frank.

    No dejaré comentario en mi blog (no al menos hasta no haber acabado la trilogía). Pero he tomado un montón de apuntes para mi casa de citas, algunas de las que Uriarte recoge de otros; la mayoría del propio Uriarte.

    Una obra así (sin un plan definido, escrita sin la intención de ser pública, dependiente del carácter errático del autor) es irregular. Quizá sea esa su mayor virtud. Y un tono (lo que él señala que busca) muy intemporal, muy clásico, muy influido por Montaigne. Sabiendo que escribió reseñas de libros para El Correo, he de suponer que habrá animado a muchos a buscar material de lectura, porque es el efecto que, al menos, ha provocado en mí.

    Gracias Bluff por el empujón.
    Te debo una.

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