jueves, 4 de febrero de 2016

UNA PEQUEÑA ALBUFERA (Parte II)

(Tamara de Lempicka)

Ensimismado con las peripecias de las gotas de agua agrupándose y resbalando en hilera por el cristal ¡la de veces que los escritores malos habrán recurrido en sus novelas a describir el proceso! pondero mi actual hartazgo de laicismo. Me parece que obro bien, realmente siempre me han escamado un poco los propósitos de los intelectuales. La catedral de Evreux ha formado, desde que tengo uso de razón, parte del escenario de mi vida y a estas alturas de la trama me cabe ya sólo decantarme por la reconciliación o por el olvido.

Cyrille va calzado con unas botas altas, de caucho, que componen un curioso contraste con el impermeable. Indudablemente, ha tenido que sentirme llegar.

-“Pareces una avispa, Cyrille”, le digo. Las botas de Cyrille son de color negro.

-“¿Cómo por aquí, profesor? ¿No le preocupa que se le encharquen las ideas? ¡je, je...!”.

-“Ni lo más mínimo” le contestó al chantre, y me río porque sé, y me consta, que mis ideas permanecen encharcadas desde hace mucho tiempo. Desde que remonté los cuarenta o así. Como si todas ellas, juntas, diesen forma a una pequeña albufera de perplejidades derramada por alguien, sin demasiado ímpetu, entre los cuatro lóbulos de mi cerebro.


2 comentarios:

  1. Eres un escritor muy prolífico Mr. Bluff, ¡madre mía!

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  2. Edta novela no existe. Es la única que es de mentira. Un inocente pasatiempo con el embaucar a mujeres románticas. 😉

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