jueves, 25 de febrero de 2016

REGRESION

(Sir Francis Cyril-Rose)

Masca chicle y sonríe. No sabe que hora es, no le interesa, no le importa. Se zambulle en una discusión mental donde él es su propio antagonista. Abre la nevera, coge una lata, cierra la nevera. Regresa al ordenador, compara títulos y elige uno “Regresión”. Recuerda lo que le dijo un amigo sobre la felicidad: “nadie es feliz si no desea serlo”. A veces la echa de menos. Algunas veces. Otras... no tanto. Así va pasando la vida. Una vida que no es como una película de amor de los "cincuenta" que discurre en París, pero tampoco es un folleto publicitario de edredones repleto de simplezas y engaños. Lo cierto es que esta tarde, aunque sabe que por la noche no va a dormir bien, le ha dado por beber coca cola.

Es difícil estar siempre esperando, esperando -esperando... ¿qué?- y no sentir ansiedad. El no sabe si siente o no ansiedad. Si eso que siente es verdadera ansiedad. Sentado ante la pantalla del ordenador, mirando Internet, deja que avance el tiempo. Tal vez mereciera la pena redifinir lo que es la soledad en estos comienzos del nuevo siglo. ¿Comienzos? Tal vez las personas -o, mejor, su contacto físico- no contasen, ahora, demasiado -o, por lo menos, no tanto como antes- para no sentirse uno solo.

Quiere escribir algo. Dejar constancia en la red de su presencia en el mundo. Saber que los otros saben que existe. Recomendar un disco, una novela, incluso, si me apuran, hasta un restaurante en el que poder disfrutar de un buen almuerzo. Mas... duda. Sabe que a muchos de los que lo leyeran les iba a parecer un arrogante, un "listo". Y él no es un "listo". Más bien es un tonto. Un tonto desengañado que ha perdido a la novia por culpa de su pragmatismo. ¡Cuando lo más pragmático del mundo es centrar tus mejores esfuerzos en conseguir hacer perdurar el amor!

Desconoce lo que va a ser de su vida. La querría mejor. Sin embargo no sabe si, en realidad, le gustaría que las cosas cambiaran. ¡Uhfff! Lo natural es que, estas, tiendan a ir fallando con el paso del tiempo y tenga que conformarse con lo que venga.

Últimamente viene padeciendo pesadillas: caídas al vacío, encuentros imprevistos con seres malignos con los que le tocó vérselas cara a cara en el pasado, coches sin frenos en puertos de montaña, bisturís amenazantes, trances dignos de sonrojo, sangre... y curvas, muchas curvas. Eso le parece creer que sueña.

Sí, cuando se despierta, todo eso es lo que se imagina que ha estado soñando, pero tampoco lo podría asegurar. La luz del sol fulmina todos esos desagradables recuerdos. Toma el café con leche de pie en la cocina. Mientras está vistiéndose para ir a trabajar vuelve a pensar en ella, en su rostro. En realidad no sabe si la desearía volver a ver. No, no lo sabe. En su mente irrumpe, de nuevo, un coche rojo a punto de salirse en una curva. Desconoce si es mera cuestión de potra o, bien, la habilidad de su subconsciente a la hora de hacer girar el volante "in extremis", pero, lo cierto, es que consigue salvar el pellejo una vez más. Adelante. Toca, ahora, acudir a la oficina, fichar, chismorrear con los compañeros, discutir con el jefe, comer el menú del día en el bar de abajo...


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