martes, 2 de febrero de 2016

NUEVOS VIAJES A MARTE (Parte III)


Te colmaré de bellas palabras en nuestra cama de amor, acariciaré tu vientre en la aurora y te traeré agua fresca de la nevera siempre que me lo pidas. Seré incapaz, seguro, de hacerte tan feliz como te mereces. Tampoco podré, supongo, llegar a saber interpretar tus silencios. Te incomodaré con mis dudas. Y me encontraré con que algún día, en plena noche, iré a abrazarte y tú no estarás ya a mi lado.

Discúlpate -di: “lo siento”- si me ves cabizbajo. Porque todo lo que me pase deberá ser de tu incumbencia y tú habrás de ser la única persona que, de verdad, me ayude a soportar las malas rachas.

Cierro la novela y apago la luz. Desconecto el móvil. Con los ojos entreabiertos para disfrutar, así, de la oscuridad, el dulce abrazo del silencio me libra de enredarme en cualquiera de los penosos argumentos que me permitirían argüir unas causas discretas gracias a las que poder justificar mi decepción. Tal vez, no lo fueran tanto.


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