martes, 15 de diciembre de 2015

VIII.3 El segundo capítulo de "EL DUEÑO DEL FUTURO" continúa así de atorrante

(Herb Caen)

Pero, como les digo, no es el caso, ni muero por unos ni por otros. Lo que de verdad cuenta con todas mis simpatías, y reconocimientos, son las ideas, las obras... e incluso quienes son sus responsables... de otros personajes bastante más desconocidos que, con el paso del tiempo, he ido descubriendo, examinando, valorando, disfrutando a mi aire. Mis prescriptores no han sido casi nunca otros periodistas, reputados colegas de la profesión, sino, más bien, personas anónimas de espíritu inquieto. Mujeres y hombres poco menos que imposibles de adocenar. Heterodoxos. Bichos raros. Golosos sibaritas con los que... ahora, gracias a internet, resulta bastante sencillo poder entrar en contacto. En resumen, que entre Estopa y Love of Lesbian me quedo con Los Valendas.

Entonces cabría que ustedes se preguntaran que narices pinto yo trabajando para la prensa. Les respondo. A día de hoy, perdónenme que se lo diga, algo parecido a tocar las pelotas. Lo cierto es que mis jefes, los de arriba del todo, no saben donde colocarme para tenerme conforme y sin estorbar en demasía. Son conscientes, tienen pruebas de peso, de que puedo liarla en cualquier momento. Porque sí, justo, es algo que parece triste, y triste es, pero formo parte integrante de la redacción de un periódico. Soy una especie de nota disonante, hasta de excrecencia me atrevería a calificar, en un periódico de gran tirada ¿existen hoy en día? de sobra conocido por casi todo el mundo. En realidad no debería estar tan quejoso, porque donde se centran mis esfuerzos -desde hace un montón de años, por cierto- es en cosas importantísimas, básicas, las más esenciales entre todas... a mi juicio. Asuntos trascendentales a los que casi nadie, entre mis compañeros, parece conceder, sin embargo, demasiado mérito. Se prefieren en el ambiente de los medios, es cosa sabida, la política y los cotilleos. Las dos caras de una misma moneda. Gentes. Res communes omnium. Y el fútbol que ya es que es la polla. ¡El sacrosanto fútbol!


Veamos... tampoco viene demasiado a cuento tanto misterio, la verdad... desde tiempo inmemorial, no me digan que no soy exagerado, este que les habla, ha venido ocupándose, dentro de la redacción de "El Futuro", de dos asuntos tan dispares... y a la vez tan sutilmente complementarios... como la crítica gastronómica y la música clásica. Y el caso estriba en que a no mucho tardar, me temo, voy a dejar de hacerlo. Y no sin mi consentimiento, por cierto. En cuanto a lo primero -podrán imaginárselo a partir de lo dicho por mí mismo unas líneas atrás, al empezar este capítulo- lo cierto es que no me apetece continuar adelante con el fregado de las comidas, al hallarme en franco desacuerdo... por no decir, frontal enfrentamiento... con lo que hoy en día, en la actualidad, viene a considerarse comer "bien". Y en cuanto a lo segundo, porque en los tiempos que corren la música clásica a la gente le da igual. Vamos, que pasan de ella. Y si bien la ópera sí que parece disfrutar todavía de cierto predicamento entre determinado núcleo de personas, básicamente como distintivo social, a mí, cada vez, lo del “bel canto” me interesa un poco menos. Será que me estoy haciendo mayor (continuará).


No hay comentarios:

Publicar un comentario