lunes, 14 de diciembre de 2015

VIII.2 El segundo capítulo de "EL DUEÑO DEL FUTURO" tiene este comienzo


CAPITULO II . "Un tipo extraño"

Bueno, les comentaba -o quizás no lo haya hecho todavía, no les sabría decir- les iba a comentar, repito, que, en líneas generales, a mí los demás han venido considerándome un tipo raro. A lo mejor desde siempre no, pero sí, seguro, a partir de la época de la universidad.

Pienso que se equivocan. Yo creo que, de crío, sí que podría ser algo rarito, enfermizo y tal, pero como era un niño no se atrevían a decirlo, o... si lo decían... yo no me daba cuenta. Luego, de muchacho, muy al contrario de lo que algunos pudiesen opinar sobre mí, dejé de serlo. ¿Y... hoy... hoy en día...? La pregunta se hace inevitable. ¿Ahora mismo merecería el calificativo este, tan comprometedor, de ser un tipo raro? Pienso que no. Aunque soy alguien, sí, bastante poco parecido al común de sus semejantes. Esto también lo tengo que reconocer.

¿Soy verde? ¿Tengo cuernos? No, no soy verde, nunca me he puesto verde... que yo sepa; ni aun cuando, por razones estrictamente forenses, he tenido que meter la cuchara o pinchar el tenedor en un plato muy malo, tal y como ocurre con cada vez mayor frecuencia, la coloración de mi tez ha desbarrado hasta llegar a unos extremos como esos. Y... los cuernos... bueno... pues siento desengañarlos... no los tengo; menos todavía a día de hoy, en el que carezco de pareja. Sólo que... poseo mi propia personalidad y esa personalidad ni es coincidente con la de la mayoría silenciosa ni ¡ay! -y bien podría ser este el aspecto de mi idiosincrasia en el que probablemente vayan a fundamentar su parecer los que me califican de ser un poco extraño- con la de la minoría jactanciosa.


Es notorio que los gustos y los pareceres de las minorías selectas, las llamadas elites -y la "intelectual" acaso sería, entre todas ellas, la más significativa- vienen también imbuidos, sugeridos e, incluso, prescritos por el sistema y que aquellos que no se sienten parte de la masa y ambicionan formar parte del establishment que controla a esta, se adhieren -en parte por motivos de conveniencia pero quizás con mayor probabilidad por verdadera convicción- a las tendencias sugeridas por quienes son sus portavoces. Se sienten satisfechos de su decisión porque saben que eso... que ellos aprecian... es mejor que lo de los otros. Hasta ahí bien; luego, mal. Una vez han encontrado acomodo justo donde conviene, pierden todo interés en encontrar nuevas alternativas capaces de reportarles una satisfacción aun mayor. Esto ha sido así siempre y va seguir siéndolo, la revolución por su misma esencia, por el poso que el transcurso del tiempo va sedimentando en el espíritu de los revolucionarios, termina invariablemente convertida en involución. ¡Imagínense, ahora mismo, en que las revoluciones son verdaderamente matizadas!

Uno, modesta y orgullosamente, ha ido por libre, siempre por libre, y ni le han convencido las aclamaciones de la mayoría ni, tampoco, las adhesiones más ingenuas, más fundamentadas, y más egoístas, todo hay que decirlo, de las élites. Tal vez, y puede que esto lo diga ahora para que algunos se fastidien, siquiera una pizca, en un caso aciago de disyuntiva fatal -elige esto o lo otro o mataremos a un gatito- vaya a inclinarme por la primera opción. Más a favor, definitivamente, de Estopa que de los Love of Lesbian (continuará...)




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