jueves, 31 de diciembre de 2015

LA GRAN CLARIDAD

(Jenny Armitage)

Este es un post sin destino; cuando arranca, este post, carece de destino. 

En una novela que tengo a medio leer, uno de los personajes, refiriéndose a un artículo que acaba de escribir para una revista de escasa tirada, le dice a cierto amigo: “el título es buenísimo, ¿no te parece? Dejará a la gente atónita, eso seguro. ¡Si no les dejas atónitos, no leerán nada, los malditos!

El artículo se llamaba “La Gran Oscuridad”.

Hoy, tras el transcurso de, exactamente, ciento ocho años; hoy, gracias a Internet, con todas las glorias y miserias del mundo expuestas alrededor nuestro y transformadas en un inmenso retablo de maravillas y estropicios, en un ingente muestrario de banalidades, en un alambicado gabinete de curiosidades, de provocaciones pueriles, de gratas sorpresas, de despedidas suicidas y confesiones adúlteras, hoy, ya digo, dejar atónitos a aquellos que van a acercarse hasta tus páginas… en la web… continúa siendo tarea harto complicada. Y lo jodido del caso… o lo divertido del caso, según se mire… es como conseguir que esos lectores que de vez en cuando, o con cierta asiduidad, se pasan por blogs como este: levemente megalomaníacos y rotundamente humanistas, tengan ocasión de leer algo que les deje atónitos. Porque si no, se largan.

Y uno, en su inmodestia, a duras penas, lleno de dudas… y sumido, cada vez que se sienta delante del teclado, en esa dispersión estilística que le es propia… aun continúa conservando la ilusión, después de algunos años, de poder depararles a todos esos entrañables capullos, los lectores de “Arquetipo’s”, ese texto maravilloso y único que, en efecto, les deje tocados, emocionalmente afectados, meditativos y satisfechos.

(Mark Bischel)

Miren… últimamente, como si fuese una de las chicas de esos telediarios ucranianos, me parece que son, que, para ganar audiencia, dicen las noticias en pelotas, les he hablado, aquí, hasta de política. ¡Que manda narices! Como si este asunto tuviese la menor cabida en el mundo que a mí me preocupa. El privado. El mundo privado de los seres humanos. Y, más concretamente, el mío. En el que voy a ser igual de feliz o infeliz al margen de quien sea o deje de ser el presidente del gobierno. Pero en el que voy a poder sentirme un verdadero maharaja, o un puto desgraciado, tal cual, según cual sean la música que escuche o los libros que me de por leer.

Y en esto va a consistir esta vez mi salida para tratar de dejarles perplejos a todos ustedes. En recomendarles que en este dos mil dieciséis que se avecina, se atrincheren en sus hogares, y pertrechados de la literatura y la música que ustedes elijan, al margen de cualquier sugerencia proveniente del sanedrín intelectual, disfruten como chanchos. Con la advertencia de que las puertas de ese pequeño walhalla solo habrán de merecer ser abiertas para: los amigos divertidos, las amigas generosas y el chico de reparto del super con las botellas de Pesquera. Y… tal vez, tal vez… incluso la suegra, los cuñados y los amigos de los hijos, no vaya a ser verdad, aunque mira que lo dudo, que, como vienen aseverando casi todos los monoteísmos de los que tengo noticia, al verdadero paraíso únicamente sea factible acceder a través de la mortificación en vida.

En cualquier caso, por si al final no nos decidimos a sacrificarnos lo suficiente, conformémonos de momento, aquí abajo, con este otro refugio, más modesto, cuyas puertas acabo de señalarles, y desentendámonos, como unos auténticos pepes, de toda la caca a presión con la que los creadores de opinión profesionales -y recalco lo de “profesionales”- van a pretender hacer que nos sintamos felices. Y, por su parte, pagar las letras del adosado.

Lo dicho, mis cuates, procuren disfrutar de la vida privada. Porque, como en su día dijo Monsieur Proust, mi maestro: “Los años pueden ser perfectamente iguales para un almanaque, pero no lo son para un hombre”.

Y este ha sido, al final, el destino de este post. Un destino -creo- más que razonable para un texto escrito un día treinta y uno de diciembre. Deshinbido y entusiasta. Ahora que… ¿ha dado tanto de sí cómo para dejarles atónitos? Pues me imagino que no. No obstante, no se me vayan. Que alguna que otra vez con otras entradas anteriores, y esto otro también tendrán que reconocérmelo, casi, casi, he estado a punto conseguirlo. En un tris.




3 comentarios:

  1. Bonito. Estoy de acuerdo, sobre todo en desdeñar a tanto opinador, pero sabiendo que la vida tambuén es lo de ahí afuera por mucho que nos amurallemos de privacidad. Un abrazo, amigo, y feliz año nuevo, qué disfrutes como chancho en barrizal.

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  2. Música y libros, ¿quién quiere más?

    Fantástico tema. Ando enganchado.

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