viernes, 13 de noviembre de 2015

V.2 "LAS CARICIAS DE LA FASCINACIÓN" continúa así


Juan se llevó el vaso a la boca. Aunque se afanaba en el intento, aguzando al máximo el oído, aunque amenazaba temporal, y progresaba por momentos la fuerza del oleaje, no conseguía escuchar el sonido del mar. Estaba ahí, sí; y podía ver sus aguas chocando contra las rocas e incluso -ya transformadas en espuma- llegar a distinguirlas diseminándose precipitadamente entre los aires, pero no podía oirlo. Como si aquellas imágenes que plasmaban sus ojos perteneciesen a una película tristona con pocos diálogos, una película de esas, bastante aburridas, alemanas, que no cuentan con apenas argumento. Se pasó las yemas de los dedos por encima de los labios para quitarles los restos de espuma y recapacitó sobre las diferencias existentes entre los distintos estados de la materia, sobre la facilidad de la que disponían algunas sustancias para poder saltar de uno a otro. Pensaba, por ejemplo: “¿no debería haber alguno, más, aparte del sólido, el líquido y el gaseoso?. El barro ¿dónde incluirlo? ¿y... al alquitrán? Conjeturaba igual: ¿a cual de los tres estados pertenecería la espuma de la cerveza?”. Miró el reloj y comprobó que eran las siete y cuarto, una hora prudente para regresar al hotel. Eso fue lo que hizo.


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