jueves, 19 de noviembre de 2015

VII.2 "LA ATRACCIÓN DEL VACÍO" continúa así


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Lo primero que hizo cuando salió de casa, a la mañana siguiente, fue acudir a una comisaría para denunciar la desaparición de la mujer. El agente que le tomó declaración, tras escuchar varias veces las palabras grabadas en el celular, le indicó que tendrían que quedarse con el aparato. Antes de que él abandonase la comisaría, estuvieron los dos hablando durante unos pocos minutos de infidelidades, de accidentes y de secuestros. También de secuestros. El prefirió omitir hacer cualquier comentario sobre las depresiones de ella.

Esa misma noche, alrededor de las nueve, telefonearon a su casa desde las dependencias policiales. Era el comisario de guardia. Quería recomendarle que anduviese tranquilo ya que... en el mensaje que su mujer había dejado en el contestador... se escuchaba mucho bullicio de fondo: música, lo que probablemente fuera un televisor encendido y, lo más tranquilizador de todo, también se oían sonar, muy próximas, algunas carcajadas femeninas. Por otra parte, la llamada había sido hecha, además, desde la zona de La Latina, de sobra conocida por su animación, y eso también era una buena noticia. El puso cara de alivio.

No se acostó. Esperó a que dieran las dos para bajar hasta el garaje y enfiló con su coche carretera de Burgos hacia adelante. Paró a echar gasolina a la altura de Aguilar de Campoo y no volvió a detenerse hasta llegar a Isla. Ya una vez se hizo presente en los contornos de esta última población, tomó un camino forestal de tierra comprimida, muy húmeda, que iba a desembocar junto a unos racimos dispersos de acantilados. Amanecía. Bajó hasta el tope la ventanilla de su puerta para así poder percibir con más fuerza la presencia del mar. El camino se hallaba próximo a su término. Levantó el pie del acelerador y dejó en punto muerto la palanca de cambios. Frenó. El vehículo se detuvo por completo. Apagó el contacto. Salió afuera.

Las ráfagas de viento golpeaban contra su rostro y le esparcían el pelo del flequillo por detrás de la frente. Con unas cuantas zancadas alcanzó el lugar donde se quebraban las rocas. En ese instante, todo aquello le pareció inmenso. Casi infinito. Pese a todo, intentó descifrarlo, durante unos segundos, antes de que su mirada resultase absorbida por la avidez del horizonte. Lo deslumbró un pedazo del sol. Hizo visera con su mano diestra, pestañeó, miró hacia la luz, volvió a pestañear, entrecerró los ojos y, en un tris de claudicar y dejarse caer a plomo en el pozo del sueño, lanzó con todas sus fuerzas el móvil de Claudia en dirección a la gigantesca fosa de agua salada que fibrilaba, acuciante, bajo sus... ".
  
En esos precisos instantes sonó el teléfono. Era Eduardo Alocén. Lo llamaba porque necesitaba otra vez su ayuda.


2 comentarios:

  1. Estas mujeres modernas que desaparecen...Isla, Aguilar de Campoo, La Latina, me encanta.

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  2. Babe

    Porque te lo mereces y porque soy un hombre escandalosamente sucumbible al halago, vamos a pegar un cachito más de "La Atracción del Vacío" ;-)

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