domingo, 29 de noviembre de 2015

El capitulo II de "LA ATRACCION DEL VACÍO" tiene este comienzo

(Shaka)

Habían pasado nada menos que treinta años desde el episodio de las lombrices. Era verano otra vez. Agosto de nuevo. Santiago se hallaba en Santander asistiendo a un congreso de juristas. Versaba sobre una reciente reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que los conferenciantes tratarían de analizar doctrinalmente, concienzudamente, hasta conseguir embarullar aún más, con sus peroratas, esa enjundiosa ceremonia de equívocos que casi siempre supone la aplicación de la ley sobre los intereses de los hombres.

Las ponencias programadas para ese día, el último del seminario, justo acababan de concluir y muchos de los asistentes, al abandonar el Palacio de la Magdalena, iban formando pequeños corros desorganizados a fin de protocolizar -y sentimentalizar- las despedidas. Mientras fundía su diestra con la de una tal Lourdes, una joven colega de León, Santiago trataba de localizar con la mirada a Silvia Martín. Esa misma mañana había reservado una mesa para dos en un restaurante típico, al final de El Sardinero, como si dijéramos al pie del montículo que conduce hasta el faro, que le había recomendado alguien. Ella, Silvia, era una abogada de Tenerife, divorciada como él, de más o menos su misma edad, a la que sólo veía de congreso en congreso y con la que se llevaba lo suficientemente bien para que a los dos les apeteciera salir a comer o tomar una copa las veces que coincidían en situaciones como la descrita. Nunca había surgido entre ellos nada parecido al sexo, ni al amor, y a lo mejor el secreto de su complicidad residía justamente en este detalle. Los días previos a que tuviese lugar el evento del que venimos hablando, acerca de la reforma legal de la prisión preventiva, los dos habían estado cruzando entre sí una serie de e-mails, y, al final, la mujer había terminado por convencer a su amigo para que se quedase a pasar el fin de semana en Cantabria antes de regresar a su tierra. En el mismo hotel que ella pero en habitaciones separadas. Ese era el truco.


(Jason Ratliff)

Hacía apenas unos minutos que habían podido escabullirse de los últimos colegas empeñados en decirles adiós y ahora estaban los dos solos -"¡por fin solos!" había exclamado Silvia cuando se sentaron a la mesa, con ese sentido del humor un poco ramplón que la convertía en una persona tan cercana- en la terraza de "Casa Benja" tomándose unas navajas a la plancha con unas copas de vino de Rueda bien frío. Hablaban de sus vidas. Fue Silvia la que primero hizo alusión a la rapidez con la que pasaba el tiempo: "Alda ha cumplido ya quince años, así, sin más, como él que no quiere la cosa. Dentro de nada... abuela, verás tú...". "¿Con quién los has dejado?" se interesó Santiago. "Con mi madre ¿con quién los voy a dejar...? Si se los dejo a mi ex-marido es capaz de apostarlos". "¡Vaya...!" se lamentó él, antes de que ella prosiguiese, quejosa: "sí; no creo que vaya a ser capaz de parar. Si no lo ha hecho por sus hijos, me dirás tú...". "No entiendo el rollo ese, del juego, me supera... francamente; me parece que ni siquiera me apetecería ganar" deseó, Santiago, dejar patente el desconcierto que le producían los ludópatas.

"Tú eres un buenazo". Tras haberse referido a su interlocutor en unos términos morales, tan genéricos como esos, Silvia volvió a reconducir el rumbo de la charla a los terrenos que había comenzado a trillar unos instantes antes: "¿no te arrepientes de no haber tenido hijos?". "Procuro no pensar en ello" fue la respuesta de Santiago. "Luego lo del niño... me da un poco de miedo el niño..." especuló Silvia. Aunque Santiago no sabía exactamente a que era a lo que la mujer estaba refiriéndose, no pudo evitar sonreír; no pensaba que su hijo... ¿qué tendría?  ¿once... doce años? de verdad pudiera llegar a asustarla, a ella le gustaba exagerar las cosas. "No. No te rías. Desde que ha cumplido los trece, se ha metido en el rollo punky ese, de los Ramones, Metallica y todos esos cojudos y anda todo el día por ahí, incordiando, con la música a todo volumen y el pelo hecho un asco; podía haberle dado al angelito por el fútbol, digo yo, y a lo mejor lo terminan fichando a la criatura el Madrid, o el Barça, y su madre puede darse de baja en el puto turno de oficio ¿No te parece?". "Los Metallica no son punkies, Silvia". "¡Ah! ¿no...? Ya no me acordaba que tú entiendes de eso... ¿Qué carajo son, entonces, esos pelones?". "Justo lo que acabas de decir: meten ruido, arman jaleo, ponen cara de malos, cosas típicas de críos".

Una pareja se aproximó hasta una mesa cercana... (continuará).


1 comentario:

  1. Jajajaja...como decía Barón Rojo, "los roqueros no son buenos..."
    https://www.youtube.com/watch?v=DFE3S3_nLFI
    Me dejas muerta con tus giros gramaticales, es tu marca.
    Un abrazo, :)

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