martes, 6 de octubre de 2015

LO REAL


Nada de lo que a mí me carga -y son bastantes cosas- aunque yo me pusiera a despotricar aquí, sobre el asunto, llegaría a desaparecer del escenario de mi vida, ni tampoco ¡ay de mí! dejaría de cargarme. Niego rotundamente, entonces, las posibilidades ejemplarizantes de los blogs, y, en mi caso, incluso sus facultades terapéuticas para el que los alumbra. Y las niego igual, como resulta obvio, y por extensión, en cuanto a los libros, salvo que sean expresamente libros de texto, docentes. Los que necesitarían leer ensayos, ni se les ocurre acercarse a ellos porque les aburren y los que deciden leérselos tienen ya formadas (o “sin formar” ¡pero las tienen!) sus propias opiniones casi sobre cada extremo de su contenido y, difícilmente, van a aceptar cambiar su punto de vista en función del punto de vista de un tercero que se cree más listo que ellos. Si no, no le hubiera dado por dejar constancia escrita de sus elucubraciones.

Desisto, entonces, de tratar en el blog temas pretendidamente sustanciales, porque sé que carezco de la menor influencia para que mis pareceres (estrictamente personales) puedan sugerirle algo a alguien. Pienso que, por lo general, todos somos más o menos lo mismo y mantenemos una única opinión oscilante según como entendamos, en cada momento, que nos está tratando la vida. Al final, el rumbo de los pensamientos no es sino consecuencia del nivel de consecución de los deseos. Pero ya ven... estoy enrollándome... y he escrito este post justo para decir que no merece la pena, de ninguna de las maneras, enrollarse entre los hilos de lo trascendental. Menos, en los blogs. Lo trascendental, si tú tienes la suerte de llegar a vislumbrarlo, ya se encargará de atraparte a ti, con todas tus ideas, con todas tus dudas, con todas tus neuras, y, cuando lo haya hecho, dejará automáticamente de suscitarte, ya, el menor interés.

Cualquier apunte, cualquier sugerencia, capaz de contribuir a un mundo mejor -indudablemente, las más eficaces- proceden de una serie de hechos y conductas ajenas, por entero, a la pretensión de lograr, a partir del don de la palabra ¡menudo don! la transformación del mundo.

Los científicos, los investigadores, los hombres de ciencia, en suma, están a lo suyo... no pierden el tiempo en soflamas, con discursos, con sermones... ¡actúan! Son, somos, esos otros individuos a los que la inteligencia se nos pierde irremisiblemente por los decisivos caminos de la lógica matemática, los que como sucedáneo intelectual... para poder entretener nuestra mente con asuntos susceptibles de nuestra asimilación... nos dedicamos a hablar de conceptos tan etéreos como lo son el bien y la justicia, e incluso nos atrevemos a pretender convertirlos en algo tangible... ¡qué ilusos! ... porque no queremos quedarnos descolgados, pese a saber de nuestras carencias, del progreso de la humanidad... ¡qué cínicos! Cuanto ni bien podríamos dedicarnos mejor -es para lo que, al parecer, servimos- a hablar de las caderas de nuestra enamorada... de las puestas de sol en las laderas de un valle... de las hermosas arrugas que la senectud les presta a los ancianos o de las risas espontáneas de los niños pequeños... que de postular como ciertas una serie de grandilocuentes clarividencias que solo van a servir, al fin y la postre, para satisfacer el ego -eso, para empezar- a quienes en último término vayan a resultar ser sus ejecutores.

3 comentarios:

  1. Cuando era profesor aprendí que como mejor se aprende algo es enseñándolo, ordenando y poniendo los conceptos y las ideas en claro. Por esa misma razón lo hago ahora, para aprender yo. Siempre he publicado mi blog en primer lugar para mí, aunque me gusta tener lectores. Por eso creo que estás profundamente equivocado

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  2. Ah, y no sólo enseñando, escribiendo también, leyendo ensayo, se aprende, si no que la novela a veces enseña, muestra más y a menudo mejor(de una época, de unos sentimientos) que el más sesudo ensayo. Y la poesía, que si es buena es como un fulgurante hallazgo, un atajo repentino a vericuetos que llevaría mucho expresar de otra manera.

    En definitiva pienso que es muy triste esta suerte de 'agnosticismo' educativo tuyo. Creo que confundes a esos maestrillos que desde un libro o un atril hacen proclamas y lanzan consignas con los verdaeros maestros, yo me adhiero firmemente al lema de Goya: "aún aprendo" (y procuro enseñar por la misma razón: aprendo yo)

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    1. Mi opinión no viene referida a mí. O a tí. Sino a que lo que por lo común creo -y ojalá que me equivocase- que piensa la sociedad en general en este momento de la historia, y más concretamente en mi país. Y no se le pueden poner puertas al campo. En ese sentido tu blog ( y si a alguien le suena a peloteo, que se joda) es admirable ¿Cuántos jóvenes -y vamos a considerar jóvenes a lso menores de 35 años, que ya es considerar- dirías que te siguen? Pues eso, que no se le pueden poner puertas al campo. O sí. Ni siquiera de eso estoy seguro.

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