sábado, 13 de junio de 2015

LA CANCION MAS TRISTE DEL MUNDO


Podemos leer en wikipedia acerca de Will Owsley, cuando la reseña biográfica alude a su vida personal:

"Owsley sentía una gran pasión por contar chistes. Era sobradamente conocido por su enorme sentido del humor, se le daba además, de maravilla, imitar a la gente. También era fan de los trucos de cartas y monedas y trabajó durante años para perfeccionar sus habilidades como ilusionista. Cada vez que estaba en Los Angeles acostumbraba a ir a Hollywood, a visitar "El Castillo Mágico".

Estamos refiriéndonos a un músico y compositor norteamericano, perfectamente desconocido en nuestro país ¡y hasta en el suyo! dotado de unas excelentes aptitudes para la melodía, que... a finales del siglo veinte, más o menos tuvo que ser en mil novecientos noventa y ocho... compuso una canción: "El Payaso de la Clase", cuya letra venía a decir todo esto que sigue. Ni más ni menos.

"El amor es mi amigo y me dice que no pierda la cabeza cuando todos lo hagan mi alrededor. Me conoces bien, voy a mi aire. Quería cambiar y convertir mi casa en un hogar donde el rey y la reina habitarían por siempre jamás. Era lo que se esperaba de mí pero el reloj de arena esta ahora sin un grano. Dime que sabes como me siento por ser el payaso de la clase.

Cuando era muchacho era capaz de sobrellevarlo y cada vez que caía, me volvía a levantar. El tiempo ha pasado volando como un ruiseñor, como las alas abiertas de los ángeles.

Aunque te sientes enfurruñado y abatido todavía eres capaz de correrte una buena juerga. Les despiertas a los muertos para que se acuesten a tu lado. Sabes de un sitio a donde ir cuando todo esté perdido, en el que nadie va a  poder encontrarte.

Boqueando contra las cuerdas, en el último asalto, justo así es como se siente el payaso de la clase. ¿Desaparecerá esta vez para siempre?".

Debemos estar hablando de un tío realmente simpático. Alguien que se afanaba por ser agradable y al que, los demás, debían reconocer su buen rollo. ¿Si no, a santo de qué iba a figurar un detalle de ese cariz en su biografía? Un hombre, un artista, al que, sin embargo, tal y como lo atestigua la letra de la canción que da vida a esta entrada, esa misma simpatía, ese reconocerse... a sí mismo... como el payaso de la clase, debía estar inundándole el corazón de pena.

El treinta de abril del año dos mil diez, en la ciudad de Franklin, estado de Tennese, después de habernos legado a los aficionados a la música un par de discos inolvidables, Will Owsley se suicidó. Era padre de dos niños varones, de doce y nueve años. Ya se lo había advertido, noventa años antes, Thomas S. Elliot, el poeta: "abril es el mes más cruel".

La última canción que Owsley compuso se llamó: "Amenázame con el Paraíso". Fue interpretada en su funeral. 

8 comentarios:

  1. La canción más triste del mundo es la percusión de la carcoma comiéndose la madera de la caja de pino donde uno está enterrado

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    1. ¡Jajaja! Eso no es una canción, hombre ¿Dónde está la melodía?. Espero que mi alma (o como le queramos llamar a la energía mental intelctiva) sea capaz de escuchar ese ronroneo desde una dimesión paralela ¡Ojalá! Un abrazo!.

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  2. Lo que ha escrito Lansky sería un buen microrelato si el género no estuviera tan denostado (un microrelato como aquél de Conan Doyle, el del perro y la chimenea, no como las genialidades que se escriben y se recopilan en libro hoy).
    La historia de Owsley provoca una mezcla de comprensión, melancolía y una cierta admiración por el ángel caído; es la misma que se puede sentir por un Hank Williams, un Brian Wilson o un Antonio Vega, y en el fondo es una admiración falsa y conformista, ya que el admirador escucha cómodamente la obra del admirado, pero fue éste quien sufrió y, en los casos de Williams, Owsley y Vega, terminó palmando por culpa de esos demonios personales que tanto parecen fascinar a muchos de sus admiradores.

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  3. La diferencia, Antonio, es que todos esos que citas han tenido un cierto reconocimiento histórico y a Will Owsley no lo ha llegado a conocer ni su papá. Ese, no otro, ha sido mi propósito al escribir esta entrada: dar a conocer a Will Owsley. Obviamente yo hubiese preferido que continuara entre nosotros in pectore ¡Un abrazo!

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  4. Por cierto, Brian Wilson, afortunadamente, goza de una magnífica salud. 😉

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  5. Lo entiendo, Julian, y me ha gustado mucho lo que has escrito sobre él, aparte de que al leerlo me he interesado por su música.
    Brian Wilson tocó aquí hace un par de años, había un cartel enorme en el metro que cogía al ir a trabajar, era como saludar cada día a un viejo amigo.

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  6. Somos luces y sombras en equilibrio o en desequilibrio. No conocía a Will Owsley, gracias Mr Bluff.

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  7. Sí Babe, somos luces y sombras, y el equilibrio o el desequilibrio es justo su misma razón de existir. Luces y sombras moviéndose al arbitrio del sol. ¡Un abrazo!.

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