jueves, 25 de junio de 2015

EN UN TREN (Parte I)


Viajaba en un tren. No recuerdo de donde a donde. Sí; que era por motivos de trabajo. Alguno de esos estúpidos trabajos que mis jefes me encomendaban acometer fuera de Madrid de vez en cuando. Sabía que lo que hacía no contaba apenas para nada pero, por aquel entonces, yo era todavía tan ingenuo como para no darme cuenta de que, además de todo eso, no pasaba de ser una patraña. Trabajar con las palabras es lo que tiene. Tratar de convencerles a los demás de tus buenas intenciones... a través de lo que les dices, te lleva, casi invariablemente, a tener que engañarlos.

Supongo que iría leyendo un libro. O tal vez observara el paisaje por la ventanilla. El vagón iba medio vacío y no tenía a mi alrededor a ninguna mujer agradable a la que poder echarle un ojo para vencer el tedio. El cansancio, al fín, me permitió dejar la mente en blanco.

El tren frenó al llegar a cierta ciudad. Aparecieron por el pasillo nuevos pasajeros. Como la mayoría iba sin equipaje supuse que se trataría, también en su caso, de gente a la que habían enviado eventualmente aquí y allá, desde la capital, para que les endilgasen algún rollo macabeo a los clientes de las empresas para las que trabajaban. Y que estos otros, obvio es decirlo, aflojaran más pasta. Estas personas fueron acomodándose en una serie de asientos vacíos, y yo constaté, con satisfacción, que el que figuraba a mi lado iba a permanecer estándolo. A esas alturas de mi experiencia ferroviaria ya era consciente de que la posibilidad de tener a un bombón como compañera de viaje no superaba, ni por asomo, el cinco por ciento.

Pasó de nuevo una de las azafatas de servicio para facilitarles auriculares a los recién incorporados. Igual me los ofreció a mí. Los acepté esta vez. Lo más probable es que... a esas horas... yo estuviese ya hasta el culo de tren.

La película era un rollo. De Jim Carrey o Robin Williams o cualquiera de esos, tal vez Eddie Murphy. En cualquier caso, una verdadero pestiño. No entendía que a alguien... un adulto en sus cabales... pudiese gustarle una película como esa. Volví a hacerme con el discman y a escuchar a “Ether”. “Roadworks” una de las canciones del final, sonaba muy, muy, parecida a las de Costello. (continuará)

2 comentarios:

  1. ¡Me encanta la ilustración que acompaña tu "en un tren"...espero la parte II.

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    Respuestas
    1. Babe

      N. Rockwell es asombroso. Casi, casi un milagro. Su obra es de una solidez granítica. Te recomiendo su monográfico de TASCHEN, por Karal Ann Marlig. Yo lo tengo en tapa blanda y tamaño pequeño. Supongo que habrá ediciones mejores. Un abrazo!

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