martes, 16 de junio de 2015

CANDELABROS (Tratando de enamorar a la tristeza)


Para que vamos a andarnos con rodeos, jugar al despiste, a mí... lo que de verdad me interesa... es estar triste. Eso justo es lo que me importa, encontrarme insondablemente triste, dulcemente triste, fatalmente triste. Triste si el sol brilla y triste si arrecia la lluvia, aunque si he de apurar los pareceres, diría que me vuelve aun más triste ese tiempo asustadizo y escolar de nubes y claros, como lo calificaría un metereólogo, con el que no llegas a ponerte el impermeable. Triste sin motivo, triste como un tonto triste, triste como un escritor sin éxito que ama a las mujeres tristes y a los perros sin dueño. Triste si oigo bossa y triste si oigo jazz. Y si mi amor se acerca, y me besa en los labios, me pondré aun un poco más triste y ella me sonreirá, porque sabe que encontrarme triste me hace bien y me vuelvo entonces, como por arte de magia ¡chas!, un poquito menos cascarrabias.

Aunque todos ustedes me vieran por lo general alegre, bastante alegre (y aun, incluso, muy alegre) si dispusiesen de la ocasión de conocerme; luego, en la intimidad de mi hogar, con mis notas y mis músicas, y mis amigos escritores, tan plácidamente relajados a su aire dentro de sus libros, lo que ambiciono es estar triste. Triste porque sí. Con spleen, con laxitud, con levedad. Sin el menor salero.

Ya triste, pero que bien triste, saben mejor el whisky y los habanos, Jobim se vuelve amigo tuyo y paga la siguiente ronda. Y hasta os termina pareciendo a ti y a Antonio Carlos que pintan mejor, de ser eso posible, Degas y Camille Pissarro, cuando os entretenéis a echarles un vistazo a las reproducciones de los libros.

Y no. No leeré la prensa, no escucharé la radio ¡mucho menos prenderé la tele! esta tarde, porque todo lo que hoy me ofrece este mundo que bulle alrededor mío, sin yo pedírselo, es un derroche de ambición y avaricia, un acicate infalible para enervarme. Mal asunto. Una verdadera puta mierda. Hoy por hoy, mi ira es todavía incapaz de claudicar ante la necedad y yo, tal y como les vengo repitiendo, lo que necesito es estar triste, muy triste. Conseguir, como una pundonorosa calavera sonriente moradora del osario de una cripta, disfrutar del compás sedicioso del silencio entre los reflejos... pálidos... de las vidrieras emplomadas.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Igual va a ser eso. Jajajaja!!!

      Por cierto, Lansky, con la mierda, esa, del whatsapp parezco tolai. Que si jejeje. Que si jajaja. En lugar de hablar, hago el mamón. Vamos de cabeza, si alguien no lo remedia, a una civilización de culo, polla y monigotes. En fin...

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