martes, 26 de mayo de 2015

SUMISION. Michel Houllebecq c'est moi


Siempre me han resultado bastante desagradables -y lo que sin duda es más frustrante, un aburrimiento- las escenas de sexo explícito en las novelas. Por mucho que el autor (o la autora) traten de lucirse, intentar practicar pornografía con éxito -esto es: poniéndoles cachondos a los lectores- a base de juntar rayitas y puntitos de tinta, sobre un papel, resulta ser poco menos que una entelequia. Al final, el asunto no va mucho más allá de hacer uso de toda una ristra de sinónimos de la vulva, o de los testículos, y entremezclarlos con los correspondientes al verbo copular. Algo que para el lector resulta ser un "coñazo" en lugar de una experiencia "acojonante". Da igual que el asunto se tome en serio o que se intente bromear sobre él, al final... todo termina reduciéndose a una polla dentro de algo.

Digo esto a propósito de la lectura de "Sumisión", de Houllebecq, donde la descripción de las escenas de sexo, por pueril, se me antoja perfectamente prescindible. Supongo que a Michel le gusta animarse por su cuenta. Que consigue enardecerse, en una palabra... escribiéndolas. Solo ahí puedo encontrar la explicación: en que él fantaseé, en la soledad de su despacho, con unas potenciales lectoras de buen ver excitándose con sus guarrerías y esto vaya a permitirle a él mismo, ponerse a tono mientras las está escribiendo. Otra respuesta ni la encuentro ni creo que exista. A sus años no estimo que, el hombre, vaya a pensar que esté innovando nada y al burgués solo puede epatársele ya, a estas alturas del show, hablándole de vía crucis, cilicios y de Santa Rita de Casio. No, la susodicha dama no tiene nada que ver con los relojes; ni siquiera era japonesa.

Esta sería una segunda crítica que poder hacerle a "Sumisión", la adhesión por esta vez... del gran provocador... al bando de lo políticamente correcto. Lo que Houllebecq cuenta en su novela: la conversión "política" de la laica Francia a un islam moderado ¿puede ocurrir?. Pues claro que puede ocurrir y, tan es así, que no creo que la tesis del libro, la pastueña asimilación por el humanismo ateo de los postulados islamistas, en un futuro año dos mil veintidós, vaya a escandalizar ni sorprender, hoy por hoy, a ninguno de nuestros convecinos. Pero también podría suceder en ese dos mil veintidós -especular es gratis- un retorno de los franceses a un integrismo de raíz cristiana, que, de haber sido el eje de la novela, sí que habría podido convertir a esta en un artefacto verdaderamente cabrón. En Europa occidental, más en concreto en Francia, es más fácil, a día de la fecha, imaginarse a un intelectual haciendo los cinco rezos diarios de cara a La Meca, que entregado a la oración del rosario nocturno en la vigilia de María Inmaculada.

Por lo demás: bien. Estilo tranquilo, relajado. Descreimiento y sabiduría. Lo importante que, para el equilibrio emocional, resultan ser el sexo -ya lo sabíamos- y la gastronomía -algo incuestionable-. La ventaja que supone, al llegar a cierta edad, que no haya nadie tocándote los cojones -en sentido figurado- y que sí que exista una persona concreta ¡una! dispuesta depararte esa merced, en el otro sentido. El protagonista del libro, un intelectual crítico con el sistema, decide, a lo último, que no importa demasiado donde se posicione, política y socialmente, si con ello va a poder permitirse el lujo de la supervivencia. A veces, incluso, ha pensado en matarse. Se refleja en el libro, la flagrante ineptitud de este personaje para lo trascendente y su contumaz apego a lo tangible. El retrato robot, en suma, de un varón occidental del siglo veinte, con veleidades intelectuales, encarando -con su mejor voluntad y un asumido cinismo autoreferencial- el devenir, más prosaico, menos turbulento, del siglo veintiuno. Un gilipollón, ni más ni menos. Justo como quien les habla.

6 comentarios:

  1. va por delante que no lo he leído; y que me asquea un poco su mezquina actitud de provocador sin causa... sí he leído alguna crítica y por lo visto, como dices, pinta con normalidad esa Francia islamizada futurible... ¿con qué objeto? (cualquier novela de anticipación, tradicionalmente, tiene un contenido moral; nos advierte de algo: ¿de qué nos está advirtiendo Houellloquesea?... ¿¿de que si nos encantamos seremos "colonizados" por los islamistas??)

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    1. Sí. Definitívamente, sí.

      Pero no se pronuncia sobre si eso es bueno malo. Da enteneder que tendría sus cosas buenas y sus cosas malas. Y que adaptándote puedes estar más o menos a gusto bajo cualquier régimen porque el hehco de que tu vida sea feliz depende en último término -y no me digas que el asunto no tiene su aquél- de tu capacidad de adaptación al medio. Algo que, como los camaleones, hace, en el fondo, todo hijo de vecino, aunque, para aparentar, le guste proclamar que es la polla limonera.

      Como Houllebecq no es tonto, ni malo, su novela no puede ser una novela de tesis. Como seguro que no lo son las tuyas (Ni, tampoco, las mías). Abrazos!

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  2. No lo he leído pero me lo apunto. Discrepo totalmente en lo del sexo explícito, todo radica en si encaja o no en la novela, o en la escena, ese sexo explícito. Y no creo para nada que el sexo explícito sea igual a pornografía, además necesariamente el escritor no tiene porque recrearse, o sí, según cual sea su intención. Yo leo muchos libros de romántica adulta y novela erótica, y no me sobra el sexo explícito en ninguno de ellos si la historia es verosímil y coherente. De hecho muchos libros se caen cuando llegan estas escenas y el autor empieza a hablar de barcos, mástiles y espumas de mar.
    Buen viernes...

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  3. Creo que no es un tema de "discrepancia" sino un tema de "ponencia". A ti te "pone" el polno notarial y a mí, no. Y obvio es que en el género de literatura erótica tienen que aparecer, de todas todas, rajas y rabos, si no apañados íbamos, pero yo no estaba hablando de literatura de género erótico sino de novelas "en general". En cuanto a lo de los mástiles y la espuma de mar, aunque sea una cursilada lo mires por donde lo mires, dependiendo de quien te imagines que son unos y otra, también podrían llegar a dar su juego. En resumen, que el erotismo, la erotización, mas que de la canción que se interprete depende de lo que llegue a gustarte quien la canta ¡Un abrazo!

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    1. Jajajaja, yo también hablo de novelas en general y no se trata de un tema de ponencia, no estoy nada, nada de acuerdo contigo. En muchísimos libros hay sexo y puede que no pegue o que quede estupendamente integrado en la historia y sea incluso necesario. Y coincido con Lansky en cuanto a la dificultad del escritor del registro erótico festivo. Buen lunes :)

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  4. Con Houllebecq me pasa lo mismo que en su día con Celine: me parece un excelente escritor y una persona mezquina (como su feo aspecto) y en conjunto no me agrada su modo de estar instalado en el mundo, creo que folla poco y mal.

    El género erótico -o por mejor decir "el registro erótico"- es en mi opinión de los más difíciles en literatura; si eres muy explícito caes en la banalidad; si metafórico, en la cursilería, solo lo dominan los que saben de que hablan, como Henry Miller

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