jueves, 7 de mayo de 2015

¡NOVELISTA! (Parte II)

(Paulabstruse)

La editorial radica bastante cerca de donde trabajo y decido llevarles en mano a sus responsables, escaqueo por medio, el manuscrito y la carta de presentación. Pienso que, de entrada, es bueno para casi todo en la vida que te "pongan" cara. Luego, cuando ya te la han visto unas cuantas veces, lo normal es que deje de serlo. En este supuesto, en el caso de las editoriales, de sus responsables, tal vez pueda suponer una especie de apuro tirar a la papelera un borrador de un tío que les ha reído las gracias cada vez que le han metido caña. No sé.

El edificio es una vieja casa del Ensanche. El nombre que voy buscando figura escrito a boli, en un pegatina enana, sobre uno de los botones del portero automático. Aprovecho que entra al portal una estudiante y me cuelo detrás. Subo por las escaleras, me cruzo con más estudiantes, sé que son estudiantes porque llevan carpetas de estudiante y además las llevan cruzadas sobre el pecho como acostumbran a hacer las estudiantes, y les pregunto por la editorial. Ninguna de ellas sabe nada y una... que va sola... más o menos hace amago de salir huyendo cuando le hablo. Llego por fin a la puerta correspondiente a la vivienda de la pegatina y... ¡no tiene timbre!.

"Mal empezamos" no me queda sino reconocer. Y me da por pensar en esa conocida práctica, tan antigua, que impele a los terroristas a no intimar en demasía con sus víctimas, que no aconseja que los verdugos conozcan al reo antes del día señalado para su ejecución. He dejado de mostrarme tan optimista.

Pero como en la vida no todo puede ser malo porque si no sería una mierda... y la vida, ninguna vida, ni aun la más miserable entre todas, es una mierda, por mucho que el imbécil de Lubitz esto no lo tuviera claro... de vuelta apresurada al trabajo, localizo, por pura chiripa, una tienda donde venden sirope de fruta para mezclar con el agua. Y que esta no sepa a agua, por supuesto. Y me pongo tan contento. Porque si no bebo alcohol, eso es habitualmente lo que acostumbro a beber: agua con sabor a frutas. Un puntazo. Ya veremos lo que sucede más adelante con el libro... cuando a los señores editores les parezca bien abrirme la puerta.

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