viernes, 10 de octubre de 2014

INGENUIDAD CULPABLE


Me llena de asombro -y quizás, a estas alturas de mi vida, sea justo está una de las poquísimas cosas capaces de asombrarme- la forma en que mentes bienpensantes, suponemos que bienintencionadas, cuyas opiniones han conseguido gozar de cierto barniz de raciocinio en esta sociedad multinformativa que nos habita, son capaces de llamarse a andanas y rasgarse la vestiduras (y no vayan a olvidar que Borges aconsejaba el uso apropiado de las frases hechas para humanizar el discurso) por el hecho de que determinados conciudadanos suyos hayan metido la mano en la caja pese a su proclamada adscripción ideológica. Como si la afiliación a un determinado partido político u opción sindical, un acto caprichoso dependiente de la sola voluntad de los individuos que la ejercen, dispusiese de la virtualidad magnánima -y hasta mágica habríamos de remachar- de convertirles a los susodichos individuos en buenas personas. Un descojono.

Miren, cualquier tío, cualquier mujer, que opta por afiliarse a un partido político, a un sindicato, lo que en el fondo está pretendiendo -¡y en la forma! para que nos vamos a engañar- es imponerles a los demás sus ideas… y las consecuencias económicas derivadas de la mismas… incluso bajo presión si fuera menester; en tanto constituir la raíz de todo asociacionismo el afán de dominación. Ya conocen el dicho de que “la unión hace la fuerza”, seguro que no es la primera vez que oyen hablar de él. En resumen, que lo que toda organización política y económica persigue, en último término, es el sometimiento de los desafectos a sus propios intereses.

Una persona, moralmente sana, que de verdad estima a la gente, la respeta, se siente solidario con ella, que sabe que no es mejor que los demás sino a lo sumo esencialmente distinto, no va a tener jamás la menor intención de adherirse a “castas” gremiales -asumo lo manido del término pero su utilización es perfecta- sean estas del tipo que sean. Aunque está persona vaya a salir perdiendo: económica, laboral y hasta socialmente, no lo hará. Valora, por encima de todo, su libertad. La de permanecer siendo un hombre bueno.

Vamos a ver. La afiliación a cualquier asociación, por más filantrópica que esta se proclame, se zanja con una presentación, una firma y el pago de una cuota (a veces ni eso) y entre los que optan por apuntarse, a unas y otras, a diestra y siniestra, al círculo de empresarios o al sindicato de trabajadores, se encuentran sin duda: los/las que puteaban sin la menor clemencia a los/las pardillos/as de la clase, los que le sueltan una hostia en la jeta a sus hijos pequeños a las primeras de cambio, los que no se hablan con algunos familiares porque no se lo merecen, los que copiaban desvergonzadamente en los exámenes, los que disfrutan humillando a su pareja, los que son capaces de pisotear a un colega de trabajo para birlarle el puesto. And so on. Y a mí no se me ocurriría pensar ¡a santo de qué! que fulanos de esta ralea van a dejar de hacer todo eso porque a partir de determinado momento dispongan de un cartoncito con su foto, un logotipo y una serie numérica. Tan ingenuo no puede uno evidenciarse sin incurrir en culpa.

Tener un carnet asociativo, de un tipo u otro, no libera a cualquier hijoputa de continuar siéndolo, más propiamente le facilita una especie de coartada para cometer con una mayor impunidad sus fechorías. Ser aun peor. Porque de acuerdo con este estado de cosas que he intentado abocetar por lo conciso, y ya termino, los que llegan a la cúspide, los que tienen el carnet más lustroso -los de la tarjeta bancaria opaca, los que reciben “ad hominem” la subvención a repartir, los que fijan la comisión clandestina, los que se tiran a tu yugular cuando los desenmascaras- son… sí, en efecto, lo son… los más hijos de puta de todos.

6 comentarios:

  1. Borges, menudo, aconsejaba el uso de coletillas y frases hechas para humanizar la expresión, pero... él no al susaba prácticamente nunca. Un caso más de no me digas qué hacer, sino que ya mme ocupo yo de ver qué haces tú.

    Y como sugieres, la impunidad es el tema clave, la falta de consecuencias a sus hijaputeces, porque corrupción siempre habrá y más en las cúspides de los privilegiados. Nos vemos aquí o en mi blog, chaval

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  2. En mi opinión, siento decirlo, alguien que se afilia a una de esas maquinarias cuyo propósito confesado es llegar a ser quienes manejen el cotarro, y dentro de las cuales solo sobrevive y medra el que más capacidades tenga para pisar hacia abajo, dar codazos hacia los lados y chupar culos hacia arriba (Lansky dixit) está demostrando, solo con ello, que no es un tipo de fiar. No ya la caja de las pesetas, ni la de los caramelos dejaría yo a su alcance.

    (La otra posibilidad es que sea tonto, simplemente. Pero es que los tontos me molestan más aún, y de ellos me fío menos todavía).

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  4. Tal y como están las cosas, lo asombroso es que quienes pertenecen a un partido o a un sindicato, sean del signo que sean, no metan la mato en la caja.
    (Me encanta la canción de los Cars que ilustra la entrada, y sobre todo la versión en directo que tocaron en el Live Aid, aquella tomadura del pelo típicamente ochentera que hizo millonario al fulano de los Boomtown Rats.)

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  5. Lansky

    No va haber consecuencias. Todos los jueces y magistrados infiltrados en su momento en la carrera judical por los políticos (a dedo) a través de los, llamados, "tercer" y "cuarto" turno, ocupan ya, hoy en día, puestos de máxima relevancia en la jerraquía de los tribunales.

    Vanbrugh

    Hablando de lo mismo. La mayoria de los que se afilían a esas maquinarias persiguen preservar unos privilegios irregularmente adquiridos. Veáse el caso de los interinos en el sector público.

    Antonio.

    De asombro nada. La meten. O, alternativamente, se dejan sobornar por los que la meten.

    En resumen, que les aprovechados serán los que nos dictarán clases de decencia. ¡Cojones, qué había hasta un Subsecretario de Hacienda entre los que tiraban de tarjeta negra! Resumen: Que así es está puta mierda de país.

    Coda: Como abogado para su defensa, y en confirmación de lo apuntado, los chorizos han contratado a Bacigalupo, ex magistrado del Tribunal Supremo ("cuarto turno" of course) y uno de los portavoces, muchos años, de la Asociación "Jueces para la Democracia". Ahí la tienes ¡baílala!.

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  6. https://www.youtube.com/watch?v=EbZ6Lnuadzw

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