jueves, 23 de octubre de 2014

EL CARTERO NUNCA LLAMA TRES VECES (Parte III)


Esperando con avidez el aviso teléfonico, reanudé, esta vez con la decidida intención de desperezarme por completo, los estiramientos musculares.

Noté, de repente, como las puntas de los dedos de mi pie derecho, o a lo mejor era el izquierdo, golpeban con algo. Era duro, aspero. Sí, era el izquierdo. Ni corta ni perezosa solté una patada y sentí venírseme encima, y aplastarme la pierna, una masa amorfa y pesada. Me sobresalté. Abrí los ojos. Se encontraba todo casi a oscuras, únicamente unas débiles líneas de luz propagadas por el alumbrado público aclaraban la oscuridad tras colarse por las lamas de la persiana. Le eché un vistazo a la pantalla del móvil, reposaba encima de la mesilla, justo donde debía. Eran casi las cinco de la madrugada. Empujé con firmeza, pero con suavidad el cuerpo de Ignacio, procurando que no se despertara. Fui incapaz de resistirme a examinar el buzón de entrada. El último mensaje provenía de mi madre y databa de hacía un par de días. Permanecí unos cuantos minutos estupefacta, con los ojos abiertos en la oscuridad, calibrando lo difícil que a veces resulta distinguir la verdad de los sueños, la realidad del deseo.

No estaba dispuesta a darme por vencida así como así. Me dije a mi misma que tenía que volver dormirme cuanto antes, recuperar como fuese la historia que había dejado a medias y llegar a enterarme, por fin, de la identidad del autor de la misiva. Y ya que se trata de un sueño -consideré- no pienso reprimirme lo más mínimo  ... si, realmente, se trata de Javier... a la hora de tener con él una aventura. Estoy dispuesta a llegar hasta el final.

El sonido del despertador acarrea consigo el puñetero trabajo en el ministerio, en mi boca percibo cierto amargor no por conocido menos desagradable. Lo mismo sucede con mi mente. Estoy casi convencida de que cuando el timbre se ha encargado de espabilarme me hallaba sentada a la mesa de una cafetería junto a la madre de Ignacio, la bruja de mi suegra. La muy cabrona estaba diciéndome que no entendía como era capaz de ponerme una falda tan corta con esas piernas. Intenté agudizar mi memoria. Nada. De Javier, lamentablemente... ni rastro. Nada.

3 comentarios:

  1. La segunda para dejarte el aviso de que tienes que ir a correos a recoger el apremio administrativo... Perra vida! ;-)

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  2. ¿Habrá una Cuarta Parte...( voz de Gurruchaga)?

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