miércoles, 22 de octubre de 2014

EL CARTERO NUNCA LLAMA TRES VECES (Parte II)


Ahora las espadas estaban en todo lo alto y toda la responsabilidad recaía sobre mis hombros... como suele decirse ¿Qué hacía...? ¿... le llamaba?. Eso podría suponer complicarme la vida a lo tonto, pero también podría suponer facilitarle una válvula de escape a esa vida susceptible de verse involucrada en todo tipo de tribulaciones. Iba venciéndole al sueño ¡cómo para no hacerlo en una situación como esa! Empecé a pensar en los desplantes que Ignacio me había hecho últimamente o bueno, bien, tampoco hay que exagerar, en la poca atención que él venía dispensándome desde su ascenso hacía un par de años; me convencí, luego, de que los críos campeaban ya prácticamente a su aire y cada vez que me apetecía abrazarme a ellos y darles un achuchón salían, los dos, despavoridos. ¿Y...? Decidí contestar. Sin demasiada originalidad, lo sé.

"¿Quién eres?"

Mande el sms y permanecí unos minutos expectante. Continué pensando. Tuve que reconocer, reconocerme a mi misma, que estaba deseando que el autor de la misiva hubiese sido Javier. Javier, un tío al que conocía de toda la vida, hermano mayor de una amiga íntima, con el que, cuando éramos jovencillos, me había llevado siempre de cine. Estaba convencida de que los dos nos gustábamos a rabiar, aunque ninguno, por mor de esa amistad existente entre nosotras, las chicas, hubiese dado el paso y se hubiese atrevido a reconocerlo. Ahí había quedado la cosa. Paula, mi amiga, se casó con un inglés, vivía en Newcastle, creo, y ya apenas nos tratabámos -solo para felicitarnos las navidades y los cumpleaños- y siempre por medio del teléfono. Justo, tal y como acabo de decirles, ahí había quedado la cosa... por lo menos hasta ese preciso momento. Tensión sexual no resuelta. (continuará...). 

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