martes, 21 de octubre de 2014

EL CARTERO NUNCA LLAMA TRES VECES (Parte I)

I Parte

Estoy medio adormilada. Francamente cansada. Tumbada en la cama, encima de la colcha. Estiro las piernas tan lejos como me es posible. Los dedos de los pies los curvo hacia dentro y luego los expando al máximo, para que se separen entre ellos. Igual que si fuesen los pies de un monigote.

Deseo dormir, que me invada el sopor, distanciarme de la realidad durante algunos minutos. Si pudiera ser, hasta horas. Aun faltan un par para que los chicos vuelvan del colegio. Recapacito. No, no quiero recapacitar. No quiero pensar en nada. Estoy agotada, jodida, y lo único que me apetece es dormir.


Suena el móvil, el teléfono. No, no suena. Ha sonado. Ha debido tratarse de un mensaje. Vaya, resulta que, sin darme cuenta, debo haberme quedado traspuesta y ahora mismo me da una inmensa pereza, y miren que resulta fácil hacerlo, voltear el cuerpo hacia la derecha, estirar el brazo hasta la mesilla y hacerme con él. El sueño se impone y no sé si voy a poder lograrlo. Pero, enseguida, me pongo a pensar, como me sucede siempre, que les ha podido pasar algo a mis padres, a Ignacio o a los niños, sobre todo a los chicos, y, sobreponiéndome a la pereza, resuelvo hacerme con el celular.

¡Vaya! No está. No lo encuentro. Y eso es porque acabo de caer en la cuenta de que donde en realidad me hallo tumbada es en el sofá del salón, y el lugar que le corresponde al teléfono en este otro cuarto, figura justo al lado opuesto, a mi izquierda, y un poco más lejos. No basta con estirar el brazo. Cuando estoy aquí, acostumbro a dejarlo sobre la mesa auxiliar, junto al otro teléfono, el fijo, y para poder llegar a hacerme con él, tengo que levantarme un poco, incorporar el tronco.

Manipulo torpemente los botones para ver el mensaje. He desestimado prender la luz. Los avisos del teléfono ya figuran iluminados.

"Me ha costado, pero, al final, te he podido localizar. Aunque llevo un montón de tiempo intentándolo, me resulta imposible olvidarme de tí. Tenemos que vernos. Espero tu contestación ¿Te acuerdas...?".

Un vuelco de corazón. Ni idea de quien pueda ser. Llevo dieciséis años casada con Ignacio. Si a estos les sumamos los cinco de novios, hacen un total de veintiuno: una eternidad, una juventud entera, una campaña bélica de singular envergadura, y en todo ese tiempo no he tenido el mínimo desliz, de casada... por lo menos, la más mínima aventura con nadie. Lo máximo, alguien que te ha hecho gracia, y tú has notado que le has hecho gracia a él, pero sin que a ninguno de los dos se os haya pasado por la cabeza intentar una cita galante ni nada por el estilo. A los otros hombres anteriores, con los que había salido antes de conocer a Ignacio, en general los había perdido la pista, y de los que sí que me sonaba saber algo a través de conocidos comunes, el facebook y todo eso, me atrevería a asegurar que estaban todos ellos emparejados, no sé si felizmente, pero emparejados. De algún contumaz admirador de la juventud, de esos a los que no te ha quedado más remedio que dar calabazas, no creo que proviniera el mensaje. En modo alguno eran, aquellas, las palabras de un hombre despechado.

2 comentarios:

  1. O es un timo telefónico o la cosa se pone interesante. Esperaremos a la Parte II.
    Good morning Mr. Bluff :)

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  2. Esta tarde me llaman por teléfono para decirme que van a hacerme una encuesta para saber mi opinión sobre las Cajas de Ahorro. Lo juro. ¿Aquí qué pasa? ¿Nos hemos vuelto todos locos en este país? ¿O qué?.

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