jueves, 11 de septiembre de 2014

SECTOR Z. Luces de hospital


III Parte. Luces de Hospital

... ególatra terrible. Justo lo que andamos buscando”. O algo muy parecido.

Continúo perdido, mirando hacía un lado y otro de manera alternativa, sin el menor criterio, preguntándome como poder llegar a dar con la enfermera Tobias. Les he preguntado a dos compañeras suyas y no me han sabido dar la menor explicación; la última, hasta ha puesto una cara un poco rara al contestarme. Empiezo a mirar hacia el techo. Hacia las luces del techo. Son blancas. Jodidamente blancas. Rematadamente blancas. Deprimentes. Luces de hospital. Me doy cuenta de que unas luces, como esas, son capaces entristecerme con facilidad y sé que eso es algo que ahora mismo no me conviene en absoluto. Dejo de mirarlas.

A mi espalda, siento unos dedos golpearme en un hombro. No me asustó, una voz de mujer: melodiosa, un poco ronca, los acompasa.

-“¿Puedo ayudarle en algo?”.

Me doy la vuelta ligeramentemente sorprendido y me doy de bruces con ella. Es Ana.

-“¿Ana...?”.

Se me queda mirando, los ojos abiertos de par en par, hasta terminar por hacer afluir a su rostro -todo él- una luminosa sonrisa. Del tipo de las que yo prefiero. Los ojos se le achinan y hasta se le forman dos hoyuelos junto a las comisuras de los labios.

-“¡Dios mío, Jorge, estás igual que antes, no has cambiado nada!”.

Me rio. “No me tomes el pelo”.

Ana Hernández había sido mi gran amor. Una novieta de la época del instituto. Jamás pensé que podría volver a encontrármela. Alguien me dijo que se había ido a trabajar a Canarias, o por ahí, y, cuando lo supe, me imaginé que estaría casada con algún canario o algún extranjero. Ahora la tenía a mi lado. Me seguía resultando guapísima.

-“No te tomo el pelo. Estás igual, de verdad; no tienes barriga, conservas todo el pelo... ¿sigues escribiendo?”.

Pongo cara de póker. No me imaginaba tan mezquino, como para, siendo tan joven, habérmelas dado de escritor con Ana.

-“Sí. Bueno. A veces. Ya no escribo tanto como me gustaría”.

-“El trabajo, la familia... me imagino”.

-“Publique un libro. Un fracaso rotundo je, je...”. Me decido ahora a hacerle a ella partícipe; sin poder, ni querer, privar de cierto matiz de orgullo a mis palabras.

-“Seguro que estarás exagerando. A mí me encantaban las cosas que escribías. Eran... ¡tan diferentes!”.

-“Ya no las recuerdo, la verdad”.

-“¿No te acuerdas del cuento aquel del chico y la chica, vecinos de bloque, que se quedan, los dos, encerrados en el garaje y terminan enamorándose y haciendo el amor en la sala de contadores?”.

-“¿Yo escribía ese tipo de cosas....?”. Le digo a Ana poniendo voz de tonto, denotando una forzada perplejidad, pese a que de inmediato haya aparecido por mi memoria aquel cuento. Nosotros dos éramos los protagonistas. "Y tú ¿qué tal, cómo te va?".

-“Ya me ves. Soy enfermera ¡Ja, ja...! Ando por aquí más o menos bien. Las guardías, las urgencias. Fracturas abiertas, analgésicos... ¡todo un poco rollo!. Pero no me puedo quejar, los hay que están bastante peor. ¿Te has casado...?”.

-“No, no. Ni de coña”. Respondo esta vez, lleno de azoramiento.

Tras permanecer los dos hablando durante unos minutos en un recoveco del pasillo, junto al botiquín de planta, bromeando y sin parar apenas de reirnos, ella termina proponiéndome:

-“Mira, a las nueve en punto termino el turno, faltan menos de dos horas ¿Por que no me esperas abajo, en el hall, cuando concluyas tu visita, y nos vamos los dos por ahí a cenar o picar algo? ¿No te apetece que recordemos los viejos tiempos?”.

Le contesto a Ana:

-“De acuerdo, Ana. Hecho. Claro que me apetece. Pero, antes, tengo que pedirte un favor".

-"Tú dirás".

-"Tienes que presentarme a la señorita Tobias”.

Me mira, mi amor, directamente a los ojos con una mueca, huidiza, de incredulidad y de duda.

-“Yo soy la señorita Tobias”.

¿Fin?

2 comentarios:

  1. Vaya coincidencia y ¿le dejan salir del sector Z así como así?, y ¿si le da una reacción alérgica?, nada de 24 horas en observación, una temeridad.
    :)

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  2. La literatura, más concretamente la novela, está repleta de "coincidencias". La "mala" siempre. Pero hay ocasiones en las que, al igual, también acaecen en la buena.

    En cuanto a lo del sector Z. Jorge todavía no ha entrado. Los lectores desconocemos si le van a dejar salir o no. Incluso si va a llegar a entrar. Tampoco sabemos porque a Ana Hernández de la conoce en la clínica como la "señorita Tobias" ni si ella conoce en todo su alcance la naturaleza de los experimentos en los que desempeña el papel de hostesse ¡Cómo son los libros, los jodíos!.

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