miércoles, 24 de septiembre de 2014

REYES SIN CORONA

Lotte Hilmer-Wegel

La noche ha caído. Muchos están cenando; otros, desnudándose a oscuras en sus dormitorios. En la televisión, como siempre, como cada día... inefables: crónicas de parricidios, futbolistas con sueldos delirantes, caricatos sin gracia ni posibilidades de tenerla, concursos, absurdos cotilleos... series rancias. Todo está en orden. Todo bien revuelto en un pegote bulboso de mediocridad que amenaza con acabar “de una vez por todas” con la cultura. Algo que no ha llegado a conseguir ni el mismísimo Woody Allen.

En la radio, algunos -unos cuantos “expertos”- opinan. Opinan de todo, opinan a destajo. Increpan, desmienten, ponen los puntos sobre las ies. Vituperando a los políticos azuzan el rencor de sus oyentes. Cuando el programa termine, cogerán sus coches y volverán a sus chalets víctimas de los mismos complejos que antes. Complejos eternos.

El cierra el libro y baja el volumen del reproductor de cedés, se recuesta en la cama y apaga la luz de la mesilla. No tiene intención de dormirse, sólo quiere quedarse ahí: tumbado en la oscuridad oyendo la música.

Ultimamente parece haber conseguido relativizar los deseos y las preocupaciones casi no se atreven a asomar el pelo por su cabeza. Apenas se le ocurre nada inteligente o valioso cuya consecución no le resulte fácilmente asequible. Al cerrar los ojos no lamenta las oportunidades perdidas, no evoca los recuerdos de sus mejores logros y satisfacciones, tampoco se imagina -no quiere imaginárselos- los dones que le depararía una vida distinta fuera del gris. Con el paso de los años ha entendido que las actitudes de renuncia preconizadas por casi todas las religiones y ciertos filósofos no son sino el fruto natural del tiempo que pasa. Un modo de certeza. Una buena coartada para el escepticismo.

Y ya dispone de valor para tratar con el fracaso y la soledad, a solas, y de la prudencia, para no considerarlos en absoluto un par de maulas. Comprende ya a los pródigos. Los ama. Centrado en las voces y los modos de los que cree que pueden enriquecer su sensibilidad y su discernimiento procura debilitar, un día tras otro, su estupidez.

En medio de la noche sale a la terraza y no ve las estrellas. No ve ninguna estrella. No hay problema, nadie las ha raptado. El mundo tampoco se va a acabar mañana jueves. Sólo que las luces amarillas de la ciudad dormida provocan la desaparición de otros resplandores mucho más gratificantes. El cielo no termina de acostumbrarse a guiñarles el ojo a las farolas de las autopistas.

2 comentarios:

  1. https://www.youtube.com/results?search_query=sleep+alone+two+door+cinema+club
    :)

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  2. los reyes sin corona, son como los sementales sin pito

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