viernes, 19 de septiembre de 2014

EL NAME DROPPING ES UNA HORTERADA


Parece estar de moda en las entradas de los blogs literarios recurrir a un chorreo de nombres, transcribir un ramillete de citas, no sólo pretendiendo... con ello... el aval de las opiniones del ensayista sino también, e incluso en una mayor medida, como impune ejercicio, por parte de este, de sus escogidos conocimientos o, más concretamente, que esto es lo que de verdad mola, como desenfadado alarde de su familiaridad con la "haute culture" y discúlpeseme por lo facilón del chiste.

Pero, en realidad, eso no mola tanto, o, por lo menos, no mola tanto como debe imaginarse el compilador. Existe internet, existe la wikipedia, pululan las páginas webs con citas de todo tipo de personajes interesantes: escritores, sociólogos, filósofos... Por lo que apelar a hacer uso de doctas opiniones ajenas para revestir a tu artículo de un aparente brillo intelectual no deja de ser, en el fondo, sino una pequeña impostura y una pomposidad bastante ingenua.

Estás escribiendo de la venganza, pones en Google "citas sobre la venganza" y ahí tienes tropecientas mil distintas. Estás escribiendo sobre Foster Wallace, que a todas luces más resulta ser algo más chic, pones esta vez: "citas sobre Foster Wallace" y te salen algunas. Por lo menos quince. Todo está en Google.

Pero aunque no exitiese Google, todo, todo lo que puedas llegar a imaginarte, está ya dicho con anterioridad, de tal manera que todos tus pensamientos, y no me dejo en el cerebro ni uno solo, van a contar con un referente previo, y ajeno, con independencia de que tú hagas o dejes de hacer alusión al mismo.

De modo tal que afánate por contar bien, y con tus propias palabras, lo que te complazca en cada caso decir y esfuérzate tú, con tu dialéctica, por ser convincente -y de ser posible hasta divertido- a la hora de expresarlo. Las alusiones a sabios, eruditos y malditos, a sus sentencias, se hallan hoy en día al alcance de cualquiera y las más de las veces, al usarse impunemente, lo que hacen es embarullar el discurso, empastarlo; porque sí, reconócelo, atrapacitas, no son pocas las veces en las que no te ha importado meterlas con calzador.

Pero vaya, para que vean que soy un tipo sensible, normal y corriente, que, como tal, también se haya expuesto al influjo de las modas, y que no se cree mejor que nadie, o no demasiado, aquí les dejo un par de series de name droppings usadas con perfecta oportunidad. Esta, primero: Stuy; Suurbier, Hulshoff, Blankenburg, Krol; Neeskens, Haan, Mühren; Rep, Cruyff y Keizer. Y luego esta otra, de muy distinto tenor, a ver que tal: Stefania Sandrelli, Anouk Aimée, Jean Seberg, Candice Bergen, Ann Archer y Catherine Denueve.

A mí me parece que las dos lo parten. Sin anestesia. Directamente.

7 comentarios:

  1. La pedantería ha existido siempre . Al fin y al cabo, el alarde de erudición siempre lo es de erudición ajena ya que la cultura es un asunto acumulativo (es una actitud, no una aptitud), pero ahora con wikypedias está más al alcance de cualquiera. Antes el pedante tenía que currárselo más (buscar el libro, mirar el párrafo, recordar), ahora es un acto aún más banal y sencillo de búsqueda, como bien dices.

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  2. Lanksy, es cuando, antes, un tío hacía todo lo que tu cuentas: "buscar el libro, mirar el párrafo, recordar..." no se trataba de un pedante, su propia actitud lo redimía de asemejarse a tales especímenes, sino de un erudito.

    ¿Le has echado una escucha a la lista de autores de Neil Hannon, el tipo de la canción? Estando casi todos los grandes faltan Baroja y Eça, mis dos preferidos (¿te acuerdas que nos conocimos llamándolo yo, a Don Pío, el "puto amo"?). Hay que ver...!

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  3. Hola, Julián, cuánto tiempo.

    Tienes muchísima razón en lo que dices, claro. Pero reconoce también que de vez en cuándo, solo muy de vez en cuándo, uno se acuerda de haber leído alguna vez algo muy bien dicho que estaba muy relacionado con lo que uno mismo está tratando de decir. Y le apetece a uno sacarlo a colación, aunque solo sea para no sentirse del todo solo en lo que no está uno muy seguro de que no sea una tontería. Y entonces uno lo busca en Google, sí, que para eso está, para asegurarse de que efectivamente lo que uno recuerda vagamente que dijo... quien fuera lo dijo efectivamente ese quien fuera, y lo dijo más o menos como uno recuerda, y uno no va a escribir una cita mal hecha que en vez de acompañarle en su opinión y hacerla un poco más respetable lo que haga sea dejarle a uno a la altura del betún.

    De todas formas hay una variante de esta mala costumbre para uso de ególatras repetitivos y de la que, por eso mismo, uso yo con cierta frecuencia, que es la autocita. El mecanismo es igual, solo que lo que uno recuerda en este caso es haber dicho ya una cosa parecida a lo que está tratando de decir ahora, y que le quedó a uno muy redondito un día que estaba más inspirado. Te citas a ti mismo, pues, y así al menos nadie puede acusarte de pedante. Ya se les ocurrirá a tus lectores de qué otras cosas acusarte.

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    1. Tú, en cambio, estás igual.

      O inventarte tú la autoridad de refencia. Y es que todo esto sucede porque como dijo Emeterio Salgado Araujo, edil del área cultural de la hermosa localidad de Ollatímida, continúa habiendo gente que confunde los churros con las meninas.

      Para que te des cuenta. ;-)

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  4. Sabio prócer, D. Emeterio, tan culto como sagaz.

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  5. Para aportar mis conocimientos sobre la pedantería, diré que traté, muy levemente, a Suurbier y a Haan y algo más, pero también poco, a Cruyff. A las señoritas citadas no las traté ni en sueños. Bueno, en sueños sí.

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  6. La única explicación que se me ocurre, Jordi, acerca de tus "tratamientos", es que en un momento dado de tu vida te especializaste en tratar con señores con una letra duplicada en su primer apellido. Dando preferencia a los que poseían una duplicidad consonante sobre aquellos otros que la tenían vocal.

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