viernes, 29 de agosto de 2014

UN TIPO CON SUERTE


Todo permanece exactamente igual en la oficina. A la mesa, al flexo, al ordenador... no parece preocuparles que el verano se acabe. No sé si les conforta verme. A mi tampoco debería afectarme en demasía lo del fin del verano ¡Ha sucedido ya antes tantas y tantas veces! ... y mis sentimientos han sido prácticamente iguales todas ellas.

Donde no llega el aire acondicionado, al calor es sofocante. Les pasa igual a mis ideas. Allí donde no alcanza a llegar la felicidad, la opresión es rotunda. Hay veces que noto como si me faltara el aliento.

La mesa se halla llena de papeles. Papeles con nombres y apellidos y demás historias absurdas en las que nunca he creído y nunca voy a llegar a creer. Todos mienten. En esto consiste esencialmente la vida. Por cada héroe, son más de diez mil villanos los que aparecen, cada día, dispuestos a cargárselo. Sólo para que el mundo siga adelante. Un mundo de héroes vendría a ser un mundo de dioses. Y los dioses no existen.

Miro a través del balcón. Un árbol acude al rescate. Las hojas comienzan a secarse un año más. Un plátano de Indias que, aunque parezca del todo ajeno a mis sentimientos, es capaz de alegrármelos y conseguir que no lo vea todo tan oscuro.

No sé si este, del trabajo, es un buen lugar para escribir, como hacía Fernando Pessoa, acerca de las cosas que siento. Pero las siento aquí, ahora, recién llegado de unas vacaciones que he pasado, en buena parte, medio dopado por la melancolía, y percibo el hecho tan simple de contarlas, de hacerles partícipes a todos ustedes de mi tibia tristeza, como una especie de sacramento. Una confesión. Desnudar el alma ante el dios pagano de internet. Y no esperar mucho más. Las recompensas en la vida, las mejores, las más valiosas, casi siempre nos llegan por medio susurros. ¿Lo veeen? Pese a todo he conseguido sonreír. Soy así: un tipo con suerte. 

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