domingo, 4 de mayo de 2014

LO QUE SE DICE


-"No dejes la ropa encima de la cama... ".

Es verdad, hay veces, cuando llego a casa, en las que, cuando me quito la ropa, en lugar de colgarla doblada en sus perchas, como debería ser, la dejo tirada sobre la colcha.

-"Intentaré que la próxima vez no vuelva a suceder". No sé si ella me cree, pero cuando se lo digo, lo hago con pleno convencimiento. Soy el primero al que le consta que unos vaqueros y una camisa de cuadros no pintan nada encima de una cama. Y si los dejo ahí tirados cuando me cambio de ropa, me pongo la de "estar por casa" como acostumbra a decirse, es porque la vida es así. Está llena de hombres que cuando llegan a su casa dejan la ropa abandonada, sin doblar, casi de cualquier manera, encima de la cama. O, por lo menos, de una silla.

Y de mujeres que se enfadan por eso, también está llena la vida. Y de hombres que se disculpan y dicen que la próxima vez no volverá a pasar. Y de mujeres que no terminan de créerselo. La vida. ¡Ay, la vida!.

E igual pasa en las conversaciones. Dices algo. Que los que te están escuchando se crean o no, eso que les has dicho, es algo que no va a depender de ti. Pero son palabras, se las lleva el viento y el asunto carece de la menor importancia. En los blogs las palabras se escriben. Y quien las escribe se esmera en que se ajusten, más o menos, a sus intenciones. Vanos propósitos. Quienes las leen las van a interpretar como a ellos les parece bien. En general las van a utilizar contrastándolas con sus ideas. Aunque unas, tus palabras para la ocasión, y otras, las ideas que en esos instantes les preocupan a los que las leen, no tengan que ver nada entre ellas. Pero también esto da igual, o debería dar igual, las palabras de los blogs también quedan expuestas a merced del viento. Con esto... quiero decir... que las discusiones de los blogs, los intercambios de opiniones, suelen ser ésteriles y decepcionantes. Igual que cuando no se trata de un blog.

A mí me da igual realmente que me den la razón o no. Incluso empieza a dejar de importarme ya -catalogémoslo de aclimatación evolutiva- que se me atribuyan opiniones que no he escrito o, incluso, ideas que no he expresado. Si las primeras, porque, en el fondo, el mensaje opera, no en función de su emisor, y ni siquiera en función del medio, sino en función de cada uno de sus destinatarios. Si lo segundo, porque alguien que se cree con la potestad de poder adivinar los pensamientos, difícilmente va a poder aceptar la adulteración de aquellos, que, inevitablemente, conlleva el uso de la palabra. También la escrita. Especialmente la escrita.

Conformémonos por eso, con que lo que decimos, pueda... al cabo, servirles de motivo de reflexión a nuestros reprobadores. Y olvidémonos de enredarnos en explicaciones -a veces forzadas, a veces incluso contradictorias- por hacernos entender, por tratar de conseguir... seamos sinceros... que se nos de la razón en algo sobre lo que, la mayoría de las veces, nosotros mismos hemos mudado de opinión según nos ha ido pareciendo con el paso del tiempo.

Dejémoslo estar... entonces; convencidos, como deberíamos hallarnos, de cara a evitar futuros desencantos y nuevos desencuentros, de que los reproches van a continuar sucediéndose pongámonos como nos pongamos. Ya que, su formulación, no es, en modo alguno, asunto de nuestra propia incumbencia.

No. No hay vuelta de hoja: "el mal son los otros". Je, je, je... .

2 comentarios:

  1. "el mal son los otros“ es Epicteto, a mi me gusta más, me parece más expresivo, "el infierno son los demás" de Sartre. Por lo demás pareces el Mairena de Antonio Machado, tan ecuánime, tan discreto, aunque yo sí creo que las discusiones de los blogs sirven (a veces) para enriquecer el discurso, pero depende, claro, tanto de la calidad de los comentaristas, como de la del post inicial, yo he tenido muy buenas discusiones con gentes como Vanbrugh El Añorado, o Miroslav El Meticuloso, sin ir más lejos.

    ResponderEliminar
  2. Nadie es aséptico aunque lo intentemos, todo nos cala, para bien o para mal, se filtra en nosotros. Desde lo que nos dice la panadera hasta nuestra propia madre se integra sin pedirnos permiso y, por lo tanto, nos condena a almacenarlo, tratarlo y/u olvidarlo.

    ResponderEliminar