miércoles, 7 de mayo de 2014

LAS EMISARIAS


Esa morena que miras en el ascensor está muerta, es la sombra viva de una mujer muerta; forma parte de tí. En el pasado, no lo recuerdas, no puedes recordarlo, se te apareció con otros ropajes y otra sonrisa, te llamó Martín, cuando deseó pronunciar tu nombre, y te susurró: “hermano” junto a las caricias del relente, entre un mar de espigas desventrado por el hielo de la luna. Ella se baja del ascensor en otro piso, se va en silencio. Llevándose una vez más, consigo, un trozo de tu vida.

De nuevo en casa, tumbado en la cama, leyendo, pensando sobre tu vida, percibes, flotando en el cuarto como un fantasma, el rostro de una desconocida. Cierras el libro, cierras las cortinas, también cierras los ojos. Ahí la tienes, puedes volver a verla, ha vuelto para hacerte feliz. Aspiras fuerte, buscando su olor, hueles tus manos, quieres volver a oler el olor de ella, percibir a tu lado, sosegándote, la patina diáfana de su aliento de cristal y agua, sentir en tu piel las marcas húmedas de sus labios calientes. Como ya sucedió miles de años atrás.

Nunca vas a poder quedar saciado de sus besos. Siempre serán besos nuevos. Nunca... harto de sus caricias, que, en apenas unos instantes, pasaran de haber sido deseos a volver a ser deseos. Ella jamás va a acabar rendida a tus pies. No le corresponde. La vida la obliga a seguir enamorándose cada vez de un hombre distinto. Continuar enamorando cada vez a un hombre distinto.

Y este verano, mientras caminas en soledad una tarde cualquiera, por una calle cualquiera que no conduce a ningún sitio en concreto, quizás oigas -tras los tuyos- unos pasos amortiguados que chascan las hojas caídas de los árboles, tal vez sientas moverse por el aire, a tu alrededor, una franja de tibieza que te resulte vagamente familiar, es factible que esa noche unas campanadas, a lo lejos, proclamen de nuevo su presencia. Y tengas que añorarla.

Tal vez te de miedo, o tristeza, estar solo y entres a un pub buscando resguardarte de los recuerdos. Tratarás de evadirte de tu pasado, de tu futuro, entre cervezas, música y carcajadas. Procurarás entablar alguna conversación sin trascendencia con un desconocido. Y ... justo entonces... ¡la verás!. La volverás a ver. Distinguirás entre la clientela del local a una mujer rubia... con el pelo corto... tímida, frágil y elegante que, al sonreír -devorándote el alma como una mantis recién fecundada- volverá a sumergir tu mente, sin piedad, en los fondos, azules, de la melancolía.

2 comentarios:

  1. Las emisarias desprende melancolía y desamor...me gusta.
    Saludos Mr Bluff,

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  2. Jean Seberg, ay...¡quié fuera Belmondo en A Bout de Souffle

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