sábado, 31 de mayo de 2014

LA VIE EN BEIGE


Hay esperas de humo y silencios de dolor que al caer la noche despojan a la música de su virtud. Historias de hombres solos: monjes, torreros de faro, espías, corredores da maratón, acordeonistas, científicos extravagantes... preparados y alerta para que cuando en la vida cambian las reglas del juego, a mitad de la timba, la nueva situación no les coja por sorpresa.

Encontré una vez un trébol de cuatro hojas y no me dio suerte y una margarita me dijo que ella me quería y no acertó. Pero no, no creo que ni uno ni otra pretendieran mentirme, simplemente se equivocaron de hombre.

Desde antiguo se han ido comparando constelaciones y vesículas, se han dirigido rogatorias infinitas a los dioses suplicando la dádiva de una verdad generosa que nos vuelva benéficos, novios de la verdad. Y los lobos, carniceros eternos, huraños, presienten las tormentas del mañana y les aúllan a los rayos y los truenos, amilanados, rotos, cual indigentes criaturas -lo son- de la naturaleza.

Nadie tiene el secreto, nadie guarda la magia de adivinar futuros ni advenimientos. La vara de avellano del zahorí tiembla... cuando la mueve; como unos labios, como un rifle, como una marioneta... y los besos se disgregan en una sucesión de rostros, la bala se pierde entre jarales y encinas... los muñecos se derrumban un día tras otro en la oscuridad de un cajón...

No. No cabe, no es honesto, que sean unos cuantos pétalos los que provoquen el advenimiento del amor ni que la verdad emane de las egoístas costumbres de los hombres.

Solo nos vale entonces, si no queremos arriesgarnos a hacer el ridículo más estrepitoso: adaptarnos a las turbulencias de la vida mediante el sosiego de la melancolía; aminorar su ardor con precisos soplos de ironía; suavizar, su decurso, gracias al bálsamo del escepticismo. Y... apasionarnos de vez en cuando, únicamente de vez en cuando, y siendo bien conscientes de que esos deseos... tan sentidos, tan justos... que sólo son nuestros, forman también parte, y no pequeña, de la farsa. Mal que nos pese.

8 comentarios:

  1. La vida solo merece la pena vivirla apasionadamente, sino mejor estar muertos. La mediocridad cobarde no entiende de sentimientos.
    Un fuerte abrazo, Mr. Bluff.

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    1. El apasionamiento irreflexivo termina abocándote a la mediocridad. Puedo concebir el apasionamiento en el conocimiento. En los sentimientos me parece mucho más discutible ¿Has visto el video de Fersen que he colgado donde la Maggie...? Un abrazo, baby babe.

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    2. No hablo de apasionamiento loco, pero el apasionamiento es vital para aprender, sorprenderte y desbloquearte emocionalmente, en definitiva, para encontrar plenitud.
      No conocía a Fersen pero estoy aquí escuchándole y me gusta. Efectivamente la estética del video es misteriosamente similar al de la portada.
      La canción de Francoise Hardy preciosa. Abriendo mis miras hacia la música francesa.
      Un abrazo Mr.:)

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    3. Julián!!!!, desde el Reino Unido de esta Gran Bretaña (y su hija) te digo solemnemente que confundir la pasión con la locura es propio de los puñeteros curas (y perdón por el pareado). Y de paso, un respeto para Edith Piaf

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  2. Hombre! Cómo me alegro de oirte. En tu línea, siempre con el clero en la mente, como la Tamara Falcó. Al final, cuando madures y sientes por fin la cabeza, acabas profesando, y, si no, al tiempo... ;-)

    ¿Vives en el mismo Londres? ¿Todo bien? Yo he sido toda mi vida un pro británico casi enfermizo. En los últimos años me voy afrancesando. No obstante, te envidio, y me alegro de corazón que tengas oportunidad de sumergirte de verdad en esa otra cultura. El sentimiento de pellizco en el corazón de pertenencia a algo, donde verdaderamente lo he sentido es en el Reino Unido. Un fuerte abrazo. Y otro más para Paola.

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  3. Los británicos están como putas cabras, y eso siempre ayuda a instalarse y a no hacer ni caso a tanta extravagancia

    Un abrazo de vuelta para tí

    P.S.- De profesar, como dices, en la anglicana, que mola bastante, aunque como hoy le he presentado mis respetos a la estatua de Darwin en el Natural History Museum, no sé si me dejarían. Tu vete preparando al III República, monárquico sobrevenido

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  4. ¡Ja... ja...! Van a más a su aire que tú mismo, por eso te parece que están locos. Un secreto. Un escena de una de las novelas que tengo escritas se desarrolla en el museo de ciencias de Cromwell Road. En la sala de las maquetas de los velociraptors. Aprovecho pare rendirle un explícito homenaje a Chatwin. Ya me imaginaba que un pijazo liberal como tú, tenía que vivir por ese barrio de casitas, cercano al museo, que parece medio andaluz. En Sevilla, por Nervión, hay uno muy parecido. Mi zona favorita de Londres, no obstante, es la que queda entre King's Road y el río.

    Y... precisamente... el truco de los ingleses consiste en eso, en que están como una chota. Un chota suculentamente (UK homage) razonable.

    En lo de la "llamada", te aconsejo la católica, que es la le permite a uno escaquerase del rollo malayo (más britanicidad) de la familia. Aunque con el masonazo este, del Pancho, quien sabe... quien sabe... ;-)

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    1. Cronwell Road, sí, pero en tu novela no confundas El History Natural con el Museum of Science, que está casi juntos; los dinosaurios están en el primero

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