domingo, 18 de mayo de 2014

FUTURO PERFECTO


Llevaba bastantes días sin publicar nada en estos papelotes y al ir, hace un rato, a ponerme a escribir algo nuevo, lo he dejado estar y he desestimado sacarlo a la luz. Tan entusiasta como siempre, he considerado que el asunto en ciernes podría contar con el suficiente fuste como para poder constituir el arranque de una novela nueva.

A estas alturas de mi vida he llegado a un punto en el que necesito -y hablo de necesidad, un significado tan rotundo, de manera totalmente asumida y con cabal conocimiento de causa- en el que necesito, repito, andar enredado en la redacción de un libro. Algo que me permite acceder a una estabilidad emocional que de otra manera me resultaría inalcanzable. Escribir ficción me faculta hacerme con “el control” de la realidad. Y espero, con esta inocente confidencia, no despertar suspicacias, ya que todo el mundo, lo diga o no lo diga, reconózcalo o no, desea hacerse con el control de su propia vida.

La vida real, actualmente, hoy por hoy, está formada por tamaño cúmulo de despropósitos, habitada por tal calibre de botarates, que he terminado por verla, y por presentirla, si no como un acérrimo enemigo, sí, por lo menos, como a ese tipo plasta que alguien te presenta por compromiso, en una fiesta, y del que luego no hay forma humana de desembarazarse. O como esa compañera de trabajo, rubia con mechas, que se sabe lastimosa, se proclama estilosa, y está empeñada a que la invites a cenar el sábado por la noche a un sitio repleto de glamour ¡menudo glamour! Y… ya se lo estarán imaginando, se trata de algo bastante natural, entiendo: yo necesito, a toda costa, poder desaparecer, abrirme, salir de escena… ¿Cómo lo hago? De una manera muy sencilla, escribiendo sobre una serie de cosas que no tengan que ver con nada de eso que me resulta ser tan desagradable.

Ya que vamos a perder el tiempo, hagámoslo reconstruyendo el mundo y si los gilipollas tienen que aparecer, que lo hagan por obra de mi pluma y no porque dios, o sus padres, o su lamentable ignorancia, o su avaricia, o su resentimiento, los hayan hecho de esa forma, insufrible, para escarnio y pesar de quienes tenemos que tratar con ellos. Escribiendo se ajustan cuentas. La novela como un ajuste de cuentas. Y sin embargo…

Sin embargo ¡aunque pueda resultar chocante después de todo lo que llevo dicho! a mí, cuando escribo una novela, todo eso no me importa demasiado. No. En mis historias no aparecen, apenas, gilipollas. La revancha supone siempre situarte a otro nivel. El del otro. La misma sinsustancia. Igual de deprimente. Y yo tengo mi propio nivel. Menos deprimente y con un poco más de sustancia. Confío. En ninguno de mis libros he descendido hasta abajo del todo ni, mucho menos, me he restregado por el fango. Si aludo, distraídamente, sin apenas ningún encono, al gabinete de atrocidades de la sociedad contemporánea, lo hago desde la otra orilla, siempre desde la otra orilla -sí, desde la de la ironía- consciente de que la gran filosofía, los mensajes más veraces, la solvencia intelectual, habrán de ser los que elucubren por su cuenta y riesgo las propias mentes de cada uno y que estas últimas únicamente podrán ser en verdad fructíferas por la propia mano del hortelano que las cultiva, por sus habilidades, su persistencia, su equilibrio… al margen de cualquier tipo de sofisma o mandamiento o consigna de interesados vendedores de abono o mercaderes de frutos.

Lo dicho, que, a partir de ya, doy comienzo a una nueva novela, “Futuro Perfecto”, provisto de unas cuantas ideas matriz que juzgo interesantes -de momento… no demasiadas- y unas ganas locas de desconectar y pasarlo bien. Las que, por lo general, le pongo al común de mis empresas. Ya me sucedió algo parecido con un post de “El Clavadista Solitario”, acerca de Sevilla, que, convenientemente corregido y… adaptado, pasó a formar parte de uno de los capítulos, el quinto en concreto, de “El Hombre Que Nunca Existió”.

Mas, en esta oportunidad, quizás por lo que de aventurero tiene el texto ya desde su mismo inicio, de original, o, también, por hallarse mejor avisado que antaño, su compilador, de la avidez del hombre -y aun más la de los cuentistas- por acopiar ideas ajenas haciéndolas pasar como originales y exclusivas, he preferido abstenerme de adelantar su sustancia por esta vía del blog -apresurada y fragmentaria- y guardarla, a buen recaudo, para su correcto encaje en una historia de postín ya debidamente acompañadas de otros acontecimientos que… además de ocuparse de bien justificarlas… las tomen en consideración para formar todos ellos juntos y bien avenidos, unas y otros, una trama y un discurso, extensos y compactos, de los que no resulte fácil poder olvidarse.

7 comentarios:

  1. Pues solo desearte que disfrutes mucho del proceso de escritura y que ojalá su resultado te reporte lo que ansías.
    Muy valiente Mr. Bluff.
    Saludos,

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  2. Pues suerte con tu novela y qué disfrutes (Deja hablar a sus personajes, que ellos tiren por donde sea, no impongas ideas o tésis; esas siempre son malas novelas. Ahora, eso sí, si no van a salir gilipollas vas a tener que situarla en una isla desierta, y Robinsón ya está escrita)

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  3. Hombre, Babe, con la que está cayendo, lo difícil es tener un hijo, luego plantar un árbol y lo de escribir un libro, como método de realización personal, es ahora un recurso mierdoso propio de cobardicas. The last one.

    Lansky, seguro que Robinson a veces pensaba de Viernes que era gilipollas y Viernes, de Robinson, tres cuartos de los mismo. Porque la vida es así. Lo del los personajes con voz propia, es algo que muy pocos escritores, incluidos los de prestigio, son capaces de conseguir. Muchas veces, recurren a estereotipos. Tal vez los pida el lector. Lo cierto es que, en la realidad, la mayoría de nosotros tendemos -creo- a asemejarnos a los personajes de Murakami y nuestros contornos conductuales (perdón por el palabro) e incluso emocionales, andan bastante desdibujados, superponiéndose e interrelacionándose los de unos y otros. Alguien categórico en el ambiente que yo acostumbro a reflejar en mis novelas, no resultaría creíble. Son novelas de duda, de escepticismo... europeas. Por otro lado ¿quién posee voz propia hoy en día?. ¿Cuatro, cinco...?

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    1. No entiendo tu respuesta Julián, soy rubia.

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  4. ¿Eiiin? ¿Acaso he dicho, he insinuado, yo, que seas morena?. Me dices que hay que ser muy valiente para escribir un libro y yo he tratado de razonar que esa casi me resulta la menos complicada del famoso trío de aspiraciones existenciales. ;-)

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    1. Ah, ahora sí. Discrepo pues, creo que escribir un libro es la tarea más complicada de todas y exige valentía porque uno se expone, en cierta manera, con cada frase, con cada pensamiento, con cada acento, y las palabras nunca se las lleva el viento. Plantar el árbol y tener un niño....puf eso es lo más fácil del mundo, incluso con la que está cayendo.

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    2. Tener un niño es fácil, y hasta placentero en grado sumo su "proceso de fabricación" (las trampas que nos tiende la biología uniendo placer sexual a reproducción, ¡cuánto mejor que estuvieran disociados! ¡ Menos mal que la farmacopea moderna tiene soluciones), lo que es difícil es criar a un niño. Y escribir un libro tonto/malo es fácil también, pero lo más sencillo es plantar un árbol, y verlo crecer un premio

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