viernes, 4 de abril de 2014

VIAJE A ASTURIAS


No le habían dicho el nombre de la playa. Como la llamaban. Sólo sabía que debía andar por allí. Alguien le había hablado de un faro. El faro lo tenía delante, luego la playa tendría que hallarse cerca. Los cielos permanecían llenos de nubes. Encabronados. Eran nubes negras y picudas. Como si estuvieran forradas con espinos y cardos. La playa aquella, que andaba buscando, fue donde él aprendió a nadar de canijo. Su tío lo tomaba por la barriga, le decía que estuviera tranquilo y lo soltaba. El se ponía a bracear como un cachorro y, cuando estaba a punto de hundirse, su tío lo volvía a coger por la barriga y tiraba de él hacía lo alto. Se atragantaba casi siempre. Hoy, su tío estaba muerto. Había muerto la primavera pasada. A punto de jubilarse, a la muerte le apeteció llevárselo a su piscina para que les siguiera enseñando a nadar a los niños.            

Distinguió unas gaviotas en lo alto. No las había perdido aun... de vista... y ya habían aparecido otras.       

Gaviotas. Le trajeron a la mente una novela que había leído aquel mismo verano. Su protagonista se comportaba como un completo idiota. Aunque, en el fondo, no era más que unas cuantas ideas, penosas, torpes, dudosamente originales, a las que su dueño había decidido convertir en un hombre. Le cupo la duda de si él no estaría, también, forjando un idiota cada vez que se atormentaba dándole vueltas en la cabeza a lo sucedido. Justo. Si no estaría él, modelando, con sus pensamientos, otro rotundo gilipollas. ¿Quién, sino él, podría tolerar calarse hasta los huesos, bajo un aguacero, en busca de una playa que con toda probabilidad iba a resultar incapaz de reconocer?.  

Detuvo el coche junto a un chigre que había en los bajos de una posada. Entró dentro y preguntó por la playa. Algunos, los más viejos, sonrieron. En la televisión, una chica con el pelo teñido de verde, le explicaba a la presentadora por que odiaba a sus padres. Pidió que le sirvieran una sidra. Había una perdiz disecada, junto al aparato, y una foto de David Villa, junto a la perdiz, en la que el futbolista aparecía pasándole un brazo, por los hombros, a un hombre que se daba cierto aire al que en esos instantes atendía el mostrador. Justo el que había hecho caso omiso a su pregunta de hacía un par de minutos. Tuvo que insistirle.

“Esta vacía. No hay nadie. Con el tiempo que hace, no va a encontrarlos. Se lo garantizo". A él le intrigó aquel comentario. No sabía si aquel tipo estaba refiriéndose a alguien de por allí del que pensaba que podía ser amigo suyo o a los recuerdos perdidos que estaba esforzándose por recuperar aquella mañana. "No he quedado con nadie. Unicamente deseo verla". No le importó, a él, rendir explicaciones.

"Usted no es de por aquí ¿verdad?".

Se trataba de una chica rubia, con el pelo largo, que los estaba escuchando hablar.

Cuando la chica comprobó que él se había terminado la sidra, y no repetía ronda, le preguntó, esta vez, si podría acercarla hasta Gijón. "¿Vas para Gijón?".

Sin saber por qué, le contestó que sí. Los dos salieron afuera y se metieron, corriendo, en el coche. Ella, al entrar, forzó un gesto brusco con su cuello. Algunas gotas de agua fueron a parar a la piel, de la mano, con la que él andaba manejando, en esos instantes, la palanca de cambios.

Les costaba un mundo, a ambos, hacer uso de la palabra.

Pasado Candás, el cielo aclaró de repente y apareció a lo lejos, difuso y misterioso, como si su saliva fuera fruto de una gigantesca ampolla de vidrio, de color rosa, nada menos que el arco iris. 

7 comentarios:

  1. aprende a escribir, imbécil.

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  2. Mediocre y mendiga lo será tu puta madre.

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  3. Eso, para que os vayáis dando cuenta de la finura, la sutileza y la sensibilidad del personal con el que me codeo últimamente.

    ¡A ver quién es el listo que lo mejora! Ja, ja, ja... ;-)

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  4. No dejes de escribir Sr. Bluff. Hay anónimos a los que les meneas y les caen bellotas, siempre anónimos...

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  5. El anónimo troll básicamente es un frustrado, un pobre diablo lastimoso

    Un abrazo

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  6. Ya. Pero ¡fíjense que curioso! Todos ellos presentan este rasgo en común. La esquizofrenía de confundir a su propia mamá, con las mamás de los demás mortales.

    ¿Complejo de Edipo, tal vez?.

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    Respuestas
    1. "Las putas al poder, los hijos ya lo están" (mayo del 68, traducción libre): no, no es el caso, ellas no tienen la culpa de sus abortos.

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