miércoles, 30 de abril de 2014

TAXI. Parte IV (El Angel Gabriel)


EL ANGEL GABRIEL

Un silencio acechante.

A Marcos las ideas se le agolparon en el cerebro desbocadas como yeguas en celo; tenía que hacerse lo antes posible con el maletín. Sacarlo del taxi, esconderlo en algún lugar entre la chatarra, y... luego de conducir al hospital a su cliente, quien era bien probable que ya estuviese muerto... regresar en un satiamén a recuperarlo y llevárselo a casa.

Con el maletín repleto de dinero en su poder, Marcos oteaba el horizonte tratando de dar con algún lugar en el que dejarlo, a buen recaudo, sin correr el riesgo de que alguien se pudiese hacer con él durante su ausencia, y lo que era más importante -calculó que no le llevaría más de una hora regresar a aquel sitio tras haberles empaquetado el fiambre a los del Gregorio Marañón- con la seguridad de que podría acordarse sin problemas del lugar exacto donde lo escondiese. Vio un grupo de tres árboles sueltos, probablemente unos acebuches, a unos ochenta metros, erial adelante, y calculó que, ese, podría constituir un sitio idóneo para ocultar provisionalmente el maletín.

No le dio tiempo a llegar a los árboles. Poco antes de hacerlo sintió el inconfundible ruido de un motor de gasoil venírsele encima. Oyó luego a una voz, ciertamente melancólica, gritar exasperada: "¡la concha de tu madre, ladrón!". Y no sintió ya nada más. Solo el estallido de todo su cuerpo en mil pedazos y la consoladora aleluya del silencio. 

Viendo el telediario esa mismo mediodía en un bar, mientras se tomaba el sol y sombra del postre, Esquivias se quedó nota, al extremo de tirar de móvil para mandarle un whatsapp a su parienta.

En las noticias acababa de salir una reportera contando que un taxi con matricula 4841DBZ, del que era titular Marcos García Simarro, acababa de atropellar a un hombre en extrañas circunstancias, en un descampado por la zona de Mejorada del Campo, y, al parecer, el conductor se había dado a la fuga tras haberle arrebatado un maletín a su víctima.

-"No te lo había dicho, yo. Marcos a veces se pasa de vueltas". Le había puesto Esquivias a Sonsoles en el mensaje, tan contento de que su colega, el hijoputa, tuviese que verse las caras con la pasma.

Entre tanto, el "Grabiel", el chaval que lo había visto todo mientras andaba rebuscando en una montonera de escombros para pillar cable, estaba, en su casa, con la yaya y las vecinas, más contento que unas pascuas porque la periodista... con la que había hablado por la mañana... le había dicho que esa misma noche lo iban a sacar en el telediario.

4 comentarios:

  1. Arcángel, no rebajes la graduación aprovechando que Vanbrugh está de baja, y este además es el que dictó las sutras de El Corán a Mahoma

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  2. Eso he pensado a veces ¿Que será de VanBrugh? Me lo imagino hipermosqueadísmo con la adolescencia (sobrada) de su chaval ¡Un tío grande, Vanbrugh!

    Mira, como curiosidad, tengo ahora mismo para leer nada más y nada menos, que... atiende: Ser Norteamericanos (G. Stein), cuya frase de inicio es de la más salvajes de toda la historia de la literatura, La Cautiva (M, Proust), Al Piano (Jean Echenoz), El Inocente (Gabrielle D'Anunzio) Bochan (Soski) y La Capital (Eça de Queiroz) (Relectura) ¿No es eso una verdadera babaridad? Si con todas esas fieras, acenchádome, no pensase que yo también me defiendo, no volvía a coger la pluma (es un decir) en la puta vida. Y no es plan. Que ma'burro. ;-)

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    1. Tu 'menú' de lecturas es para reventar, en efecto (con matices, como todo buen festín)

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  3. ¿Fin?, ¿habrá V parte? Hellboy anda suelto...

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