martes, 29 de abril de 2014

TAXI. Parte III (Camino del Infierno)


CAMINO DEL INFIERNO

-"¿A mí?".

-"Usted es el pastor que conduce al rebaño; no le conviene perder de vista este detalle".

Con los trescientos euros convenientemente guardados en el bolsillo de delante de la camisa, Marcos cogió su móvil y trató de buscar con google algún lugar al que a sus dueños no les hubiera importado bautizar como el El Infierno. Lo único que consiguió localizar, con un nombre parecido a ese, fue un discopub en Arganda del Rey, de ambiente heavy, llamado "El Quinto Infierno". Había mucha pasta en juego y le convino proclamar:

-"¡Ya está. Ya he localizado ese sitio!".

-"¡Que bueno, amigo mío, que bueno!".

Marcos, echó una mirada por el espejo retrovisor al asiento de atrás. La tez del tipo aparecía, en esos momentos, tan congestionada, que, diriase, estaba a punto, casi, de volverse roja.

-"¿No podría usted conectar el acondicionador de aire, mi hijito?".

-"Lo siento. Ya le he explicado antes que no funciona" se desentendió Marcos del requerimiento del hombrecillo, con esa burda estratagema.

Este, ahora, comenzó a jadear y rebufar de manera constante, por culpa de la edad y el cansancio, y luego de volver a echar un vistazo por el retrovisor, a Marcos le pareció distinguir, en cierto momento en el que aquel retiró su sombrero para secarse el sudor de la frente, dos pequeñas protuberancias sobresalir entre sus cabellos. "No, no podía ser..." se dijo Marcos. "Aquello era demasiado chungo como para poder ser cierto..." continuó asegurándose. "¿Cómo iba a ser verdad que llevaba al mismo diablo montado en su taxi?".

El tiempo iba pasando, sin que hubiesen alcanzado su meta, y los jadeos del tipo iban volviéndose más y más persistentes. Más fuertes. El forastero le rogó a Marcos que se detuviesen lo antes posible junto al arcen. Este así lo hizo. Se hallaban al lado de un descampado, salpicado de restos de chatarra, junto al que los coches y los camiones... de la autovia... pasaban a velocidad de vértigo. De repente, el hombrecillo profirió un intenso quejido, muy bronco, y, a salvo de los intermitentes bramidos del tráfico, el taxi quedó en completo silencio.

2 comentarios:

  1. El infierno lo describe muy bien Lansky en su “Crónica de guerra” de ayer.
    Me sorprendió, me fascinó y me conmovió la película de Samuel Fuller cuya imagen ilustra este episodio de la aventura urbana del taxista Marcos.

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    1. Regla, no alabes otros blogs en blogs ajenos, (algo así como no desear la mujer del prójimo, de improbable cumplimiento si está buena) venga o no a cuento, pero gracias, Antonio

      Julián: un tema anecdótico: deberías regular el horario en el que aparecen los comentarios (y tus propios posts) es evidente que está descabalado, salvo que habites en la Antártida.

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